domingo, 14 de agosto de 2011

Vocaciones Monasterio Santa Cruz

¡Espíritu Santo, ven!

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Para estar atentos a lo que el Espíritu de Dios suscita en los fieles y en la comunidad, es necesaria la oración individual y comunitaria. Por eso, en la Liturgia de Pentecostés, la Iglesia propone la Secuencia del Espíritu Santo, para reclamar el auxilio del Paráclito, y que este nos ayude a desprendernos de las ataduras de la carne y a vivir cada vez más conformes a lo que Dios quiere de nosotros.

Ven, Espíritu divino manda tu luz desde el cielo.

Padre amoroso del pobre, don en tus dones espléndido.

Luz que penetra las almas, fuente de mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo.

Tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego.

Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma. Divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro.

Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.

Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo.

Doma el espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.

Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito.

Salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.

AMÉN

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Pentecostés

La Iglesia celebra el primer Pentecostés con Juan Pablo II en los altares. ÉL fue uno de los primeros en hablar de una nueva evangelización, y resaltó la primacía del Espíritu Santo en la labor apostólica de la Iglesia. Son muy iluminadoras sus palabras sobre la acción del Paráclito en los fieles, él explicó los siete dones que el Espíritu suscita, cómo y cuándo quiere, en quien se muestra abierto a su influencia.

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Don de Sabiduría: «Iluminado por este don, el cristiano sabe ver interiormente las realidades del mundo: nadie mejor que él es capaz de apreciar los valores auténticos de la creación, mirándolos con los mismos ojos de Dios. Gracias a este don toda la vida del cristiano, con sus acontecimientos, sus aspiraciones, sus proyectos, sus realizaciones, llega a ser alcanzada por el soplo del Espíritu, que la impregna con la luz que viene de lo Alto, como lo han testificado tantas almas escogidas , también en nuestros tiempos».

Don de Entendimiento: «La luz del Espíritu, al tiempo que agudiza la inteligencia de las cosas divinas, hace más límpidas y penetrante la mirada sobre las cosas humanas. Así se ven mejor los numerosos signos de Dios que están escritos en la creación. Se descubre la dimensión no puramente terrena de los acontecimientos, de los que está tejida la historia. Y se puede lograr hasta descifrar proféticamente el presente y el futuro».

Don de consejo: «El Espíritu de Dios enriquece y perfecciona la virtud de la prudencia, y guía el alma desde dentro, iluminándola sobre lo que debe hacer, especialmente cuando se trata de opciones importantes (por ejemplo, de dar respuesta a la vocación), o de un camino que recorrer entre dificultades y obstáculos. El don de Consejo actúa como un soplo nuevo en la conciencia, sugiriéndole lo que es lícito, lo que corresponde, lo que conviene más al alma>>.

Don de Fortaleza: «Cuando al hombre le faltan la fuerzas para superarse a sí mismo, con miras a valores superiores, como la verdad, la justicia, la vocación, la fidelidad matrimonial, es necesario que este Don de lo Alto haga de cada uno de nosotros un hombre fuerte y, en el momento justo, nos diga en la intimidad: ¡Ánimo!».

Don de Ciencia: «El Espíritu gracias a este don, nos da a conocer el verdadero valor de las criaturas en su relación con el Creador. Así el hombre logra descubrir el sentido teológico de lo creado, viéndolas las cosas como manifestaciones verdaderas y reales, aunque limitadas, de la verdad, de la belleza, del amor infinito que es Dios, y, como consecuencia, se siente impulsado a traducir este descubrimiento en alabanza, cantos, oración, acción de gracias».

Don de Piedad: «Con este don, el Espíritu infunde en el creyente una nueva capacidad de amor hacia los hermanos, haciendo su corazón partícipe de la mansedumbre del Corazón de Cristo. El cristiano piadoso siempre sabe ver en los demás a hijos del mismo Padre, llamados a formar parte de la familia de Dios, que es la Iglesia. Por eso, se siente impulsado a tratarlos con la solicitud y la amabilidad propias de una genuina relación fraterna. Además, exige en el corazón aquellos focos de tensión y división como son la amargura, la cólera, o la impaciencia, y lo alimenta con sentimientos de comprensión, de tolerancia, de perdón».

Don de Temor a Dios: «Este es el sentimiento sincero y trémulo que el hombre experimenta frente a la tremenda majestad de Dios, especialmente cuando reflexiona sobre las propias infidelidades. El creyente se presenta y se pone ante Dios con el espíritu contrito y con el corazón humillado, sabiendo bien que debe atender a la propia salvación con temor y temblor. Sin embargo, esto no significa miedo irracional, sino sentido de responsabilidad y de fidelidad a su ley. No excluye la trepidación que nace de la conciencia de las culpas cometidas y de la perspectiva del castigo divino, pero la suaviza con la fe en la misericordia divina y con la certeza de la solicitud paterna de Dios que quier la salvación eterna de todos».

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Solemnidad de la Ascensión

Después de la Resurrección, Jesús resucitado se dejó ver por los apóstoles, por las mujeres, por los discípulos. No por todo el pueblo, sino por los que Él eligió para ser sus testigos.

En la fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos, Cristo resucitado, con su cuerpo glorioso, asciende al cielo para sentarse a la derecha del Padre, hasta que venga con majestad y gloria al final de la Historia para juzgar a vivos y muertos.

Cristo asciende a los cielos para estar más cerca de cada uno de nosotros. Ascender no es alejarse, es vivir en las entrañas del mundo: del sufrimiento, de las tragedias, de las profundas contradicciones que a veces vive el corazón humano. Cristo resucitado con su humanidad, con su corazón palpitante, vuelve a la derecha del Padre, pero ahora el Verbo lo hace con su humanidad; es decir, en la Trinidad para siempre se habla lenguaje humano, por el hombre Cristo Jesús, que asciende a los cielos como el único Mediador entre Dios y los hombres.

Siempre tenemos el peligro de creer que Dios está demasiado lejos para entendernos. A veces nuestra blasfemia más grande es creer que a Dios no le interesa mi vida, ni la de nadie. Pensamos que Dios está cómodamente en una bola de cristal y que no se acuerda para nada de nosotros, de nuestros conflictos, de nuestras crisis.

Jesús asciende a los cielos para estar más cerca y convertirse en el Amigo inseparable del corazón humano. Nos pide que vayamos por el mundo a proclamar la Buena Noticia. Él no tiene más que nuestros ojos para mirar, nuestros oídos para oír, nuestras manos para bendecir, nuestros pies para caminar. Cuenta con nosotros para llevar la Buena Noticia. Quiere que, con nuestra vida, proclamemos el Evangelio de la felicidad. Viviendo en medio de problemas tremendos, nunca nos deja en la estacada. Él siempre está a nuestro lado, dentro de nosotros, si le dejamos ser el Dios de nuestra vida.

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La Ascensión consuma el triunfo de Cristo en la Resurrección. Triunfo humilde, porque no ha venido a aplastar a nadie, sino a salvar, a redimir, a liberar de todo lo que no nos deja vivir en paz, y en su Paz, que es el fruto de la Pascua. Asciende porque me ama y porque va a prepararme un lugar, donde poder encontrar el Paraíso perdido. Asciende para que yo eleve mi vida con Él y descubra yo aquí, en la tierra, el gozo de su Amor resucitado y resucitador.

Ascender a los cielos nos habla de nuestra verdadera y definitiva patria. Nos lanza a vivir aquí, en la tierra, sembrando claridades. Nos empuja a ir por el mundo llevando la alegría del Evangelio: Buscad los bienes de arriba, no los de la tierra. No tenemos aquí en la tierra morada permanente. Nuestra patria es el cielo. La esperanza del cielo es la fuerza motora más importante para transformar el mundo presente, adelantando los cielos nuevos y la tierra nueva. Sólo con un horizonte tan amplio, la eternidad y el gozo del cielo con Jesús, podemos afrontar todas las dificultades de la vida, incluida la muerte. La Ascensión del Señor es una fiesta que nos llena de esperanza, porque nos indica cuál es la salida de este mundo que se acaba.

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Feria vocacional para participantes en la JMJ Madrid 2011

La Exposición Vocacional de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011 contará con cerca de 80 puestos que permitirán JMJ 1.jpga los participantes en el evento conocer de primera mano sobre los caminos vocacionales abiertos en la Iglesia. En un comunicado difundido en el sitio web oficial de la jornada, los organizadores señalan que en este evento, las familias religiosas, movimientos eclesiales, asociaciones de fieles y otras instituciones de la Iglesia en todo el mundo podrán presentarse a los cientos de miles de asistentes de la JMJ.
Esta feria vocacional se realiza en cada Jornada Mundial de la Juventud, buscando alentar a los jóvenes en la búsqueda de lo que Dios espera de cada persona. En Madrid, la exposición se realizará en el Parque del Retiro, donde habitualmente se realiza cada año la Feria del Libro. También el Papa Benedicto XVI subrayó el domingo V de Pascua que «también hoy, cuando la voz del Señor corre el riesgo de ser ahogada en medio de tantas voces, cada comunidad eclesial está llamada a promover y cuidar las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada».

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¿Cómo se compuso el Avemaría?

botticelli madonna with book.jpgLa antigua oración mariana del avemaría se compone de dos partes, entre ellas hay una diferencia de varios siglos. La primera y más antigua, que recoge el saludo del arcángel Gabriel a la Virgen, nace del evangelio de san Lucas, dándose por hecho que la Iglesia primitiva la recitó a modo de jaculatoria desde los primeros siglos de nuestra era.
Mas hay algunos detalles menos conocidos, el texto de san Lucas no cita el nombre de la Virgen en el momento de la salutación. Esta fue una idea de Severo, patriarca de Antioquía a principios del siglo VI (aunque luego destituido por hereje). En unos trozos de cerámica, procedentes de jarras, vasos o cuencos hallados entre las ruinas de Luxor (Egipto) se puede leer la frase «Dios te salve María». A estas breves palabras de arcángel, que se supone ya entonces recitaba buena parte del pueblo cristiano, se le añadieron otras no menos populares, a saber, las que pronunció la prima de la Virgen, santa Isabel, al recibir la visita de María: «Bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». San Juan Damasceno, fallecido en el 749, ya comentaba estas frases en sus homilías. Así mismo el papa Urbano IV, siglo XIII, añadió el nombre de Jesús al final de la primera parte de la oración.
La segunda parte se terminó de configurar después del siglo XV, aunque ya unos siglos antes se concluía con alguna petición , aunque no coincidía con la que hoy usamos habitualmente. Está documentada la frase: «ahora y en la hora de nuestra muerte» en el breviario de un cartujano que vivió en el año 1350. Dos siglos después, con ocasión de la reforma litúrgica del concilio de Trento, Pio V fijó la fórmula definitiva que usamos hoy en día.

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Discernimiento vocacional

Siete pasos para el discernimiento vocacional

Uno de los grandes retos que deberás enfrentar en tu vida es el de encon­trar tu lugar en la sociedad y en la Iglesia. Para ti, que buscas tu vocación, describiré siete pasos que te pueden ayu­dar a discernir el proyecto de Dios sobre ti.

Aunque me referiré directamente a las vocaciones consagradas (en la vi­da religiosa, en el sacerdocio, etc.), los pasos que enumeraré se pueden apli­car para el discernimiento de cualquier vocación, estado de vida o profesión.

1. Oración

Señor ¿Qué quieres que haga? Hch 22, 10

La vocación no es algo que tú inventas; es algo que encuentras. No es el plan que tú tienes para tu vida, sino el proyecto de amistad que Jesús te propone y te invita a realizar. No es principalmente una decisión que tú tomas sino una llamada a la que respondes.

Si quieres descubrir tu vocación, dialo­ga con Jesús. Sólo mediante la oración po­drás encontrar lo que Dios quiere de ti. En la oración, el Espíritu Santo afinará tu oído para que puedas escuchar.

En el diálogo de amistad con Jesús podrás oír su voz que te llama: ven y sígueme (Lc 18, 22); o bien, escucharás que te dice: vuelve a tu casa y cuen­ta todo lo que Dios ha hecho por ti (Lc 8, 39).

2. Percepción

Había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos y aun­que yo hacía esfuerzos por ahogarlo, no podía. Jr 20, 9

Para descubrir lo que Dios quiere de ti tienes que escuchar, mirar y experimentar. Para esto necesitas hacer si­lencio interior y exterior; el ruido te impide percibir.

Está atento a lo que se mueve en tu interior: tus de­seos, tus miedos, tus pensamientos, tus fantasías, tus in­quietudes, tus proyectos. Escucha tanto a los que aprueban tu inquietud como a los que la critican. Escu­cha tu corazón: ¿qué es lo que anhelas? Aprende a mi­rar a los hombres que te rodean: ¿qué te está diciendo Jesús a través de su pobreza, de su ignorancia, de su do­lor, de sus desesperanzas, de su necesidad de Dios…?

Ve tu historia: ¿Por cuál camino te ha llevado Dios? ¿Cuáles han sido los acontecimientos más importantes de tu vida?, ¿de qué manera Dios estuvo presente o ausente en ellos? ¿Qué personas concretas han sido significativas para ti?, ¿por qué? Contempla el futuro: ¿qué experimentas al pensar en la posibilidad de consagrar tu vida a Dios? Tienes sólo una vida, ¿a qué quieres dedicarla?

Ten cuidado en discernir si tu inquietud y la atracción que sientes son sig­nos de una verdadera vocación consagrada o son manifestaciones de que Dios quiere que intensifiques tu vida cristiana como seglar.

Al dar este paso podrás decir: Tal vez Dios me esté llamando… Siento la inquietud de consagrar mi vida a Dios.

3. Información

Observen cómo es el país y sus habitantes, si son fuertes o débiles, escasos o nume­rosos; cómo es la tierra, buena o mala; cómo son las ciudades que habitan, de tiendas o amuralladas; cómo es la tierra fértil o estéril; con vegetación o sin ella. Nm 13, 18-20

Los caminos para realizar la vocación consagrada son múltiples. No basta con querer entregar tu vida a Dios y desear dedicarte al servicio de tus herma­nos. Es necesario saber dónde quiere Dios que tú lo sirvas.

Para descubrir tu lugar en la Iglesia es conveniente que conozcas las diver­sas vocaciones. Investiga cuál es la espiritualidad que viven los sacerdotes dio­cesanos o las diferentes congregaciones religiosas; y siente cuál de ellas te atrae. Ve cómo viven: no es lo mismo una congregación contemplativa que una de vida apostólica. Infórmate sobre cuál es su misión y por qué medios preten­den realizarla: enseñanza, hospitales, dirección espiritual, promoción vocacio­nal, misiones, predicación de ejercicios, medios de comunicación, etc. Conoce quiénes son los principales destinatarios de su apostolado: jóvenes, pobres, sa­cerdotes, enfermos, niños, seminarios, ancianos, etc.

Aunque ordinariamente cuando se experimenta la inquietud vocacional se siente también el atractivo por una vocación específica, vale la pena que dedi­ques algunas horas a informarte más a fondo sobre esa vocación y sobre otras. Y si al final te decidieras por la que en el principio te inclinabas, el tiempo em­pleado en informarte no habrá sido desperdiciado.

Al dar este paso podrás decir: Me atrae la espiritualidad, el estilo de vida y el apostolado de esta congregación. Posiblemente Dios me está llamando a ingresar al noviciado o al seminario.

4. Reflexión

Si uno de ustedes quiere construir una torre ¿no se sienta primero a calcular los gastos, y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pu­diendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: Este comenzó a edificar y no pudo terminar. Lc 14, 28-30

La vocación es una empresa demasiado grande, ¡y es para toda la vida! Por eso no te puedes lanzar sin antes haber reflexionado seriamente sobre ti y so­bre la vida que pretendes abrazar.

Descubre cuáles son tus capacidades y limitaciones. Piensa si podrás vivir las exigencias que implica la vocación -contando desde luego con la gracia de Dios-. ¿En qué signos concretos te basas para pensar que Dios te llama? ¿Qué razones en favor y en contra tienes para emprender ese camino? ¿Qué es lo que te atrae y qué lo que no te gusta de ese estado de vida?

Dios te pide que te comprometas responsablemente en el discernimiento de su voluntad. Quiere que utilices tu inteligencia para buscar tu vocación. Con la luz del Espíritu Santo podrás descubrir lo que Dios quiere de ti.

No pienses que llegarás a tener certeza absoluta de lo que Dios quiere de ti: algo así como tener un contrato firmado por El, en el que te revelara su volun­tad. Lo que encontrarás serán signos que indican cuál podría ser el proyecto de amistad que tiene para ti.

Al descifrar esos signos podrás tener certeza moral de su llamado. Yo tengo certeza absoluta de que no puede haber un círculo cuadrado, y tengo certeza moral de que la silla en la que estoy sentado no se va a romper. La certeza moral es la que necesitas para actuar

Al dar este paso podrás decir: Creo que Jesús me llama. Creo que, con la ayuda del Espíritu Santo, podré responder.

5. Decisión

Te seguiré vayas adonde vayas Lc 9, 57

Habiendo descubierto lo que Dios quiere de ti, decídete a seguirlo.

Tomar tal decisión es difícil. Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán montañas: ¡Ay Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho (Jr 1, 6). Sin embargo, a pesar de tus limitaciones -o mejor con todas ellas-, responde como Isaías:

Aquí estoy, Señor, envíame (Ls 6, 8).

Decir el sí con el cual comprometes toda tu vida es una gracia. Pídele al Espíritu Santo que te dé esa capacidad de respuesta. No afrontar la decisión equivale a desperdi­ciar tu vida.

Para iniciar el camino de la vocación no esperes tener certeza absoluta de que Dios te llama (el contrato firmado); te basta la certeza moral. La decisión es un paso en la fe; en un acto de confianza en tu amigo Jesús.

Al decidirte a seguir radicalmente a Jesús es normal que tengas dudas de si podrás con las exigencias y si llegarás al final. Pero de lo que no puedes dudar es de lo que tú quieres.

Al dar este paso podrás decir: Quiero consagrar mi vida a Dios en el servi­cio de mis hermanos. Quiero ingresar en esta congregación religiosa. Quiero ser sacerdote.

6. Acción

Jesús los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. Mt 4, 21-22

Una vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo; lánzate sin miedo.

Pon todos los medios que estén a tu alcance para realizar lo que has decidido. No cedas a la tentación de diferir tu ingreso a una casa de formación: Te seguiré, Señor; pero déjame pri­mero…. (Lc 9, 61). Con tu decisión has comprometido todos los momentos posteriores; en el futuro busca cómo ser fiel. La única manera de realizar el proyecto de Dios es la fidelidad de cada día. Vive todo momento en coherencia con lo que has de­cidido; dirige cada paso hacia la meta.

¿Y cuando venga la dificultad? ¡Perseverar! El camino que emprenderás es difícil; más de lo que ahora crees. Prepárate pa­ra la lucha; deberás enfrentar problemas y superar obstáculos. Jesús te dice: El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue cada día con su cruz y me siga (Lc 9, 23).

El sendero es arduo, pero María te acompaña y el Espíritu Santo te forta­lece para que puedas recorrerlo. Además, no se trata de cargar hoy la cruz de toda la vida, sino sólo la de hoy; y así cada día. Al dar este paso podrás de­cir, como Pedro: Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido (Mc 10, 28).

7. Dirección Espiritual

Levántate y vete, a Damasco, allí se te dirá todo lo que está establecido que hagas. Hch 22,10

La dirección espiritual no es, en realidad, un paso más en el proceso de dis­cernimiento vocacional; es un recurso que puedes aprovechar en cada uno de los pasos anteriores.

El director espiritual te motivará a orar y a percibir los signos de la volun­tad de Dios; te indicará dónde obtener la información y te ayudará a reflexio­nar En el momento de la decisión se alejará de ti para que tú, frente a Jesús, li­bremente respondas a su llamada. Te ayudará a que te prepares conveniente­mente para ingresar en una casa de formación. Su oración y sacrificio por ti te alcanzarán del Espíritu Santo, la luz para descubrir tu vocación y la fuerza pa­ra seguirla.

Si bien es cierto que la vocación es una llamada de Dios que nadie puede es­cuchar por ti ni responder a ella en tu lugar, también es cierto que necesitas de alguien que te acompañe en tu discernimiento vocacional.

Es fácil hacerse ilusiones: podrías creer que es un llamado de Dios lo que tal vez sea sólo un deseo tuyo, o bien podrías pensar que no tienes vocación cuan­do en realidad Dios te está llamando. Dialoga con tu director espiritual para clarificar la autenticidad de tu vocación.

Jesucristo, después de habérsele aparecido a Pablo en el camino de Damas­co, le dijo que fuera con Ananías y que éste le indicaría cuál era la voluntad de Dios. Aunque Cristo hubiera podido decirle a Pablo lo que quería de él, quiso valerse de Ananías para hacerle descubrir su vocación (cf Hch 22, 10-15).

En el discernimiento del proyecto de Dios sobre ti no puedes prescindir de la mediación de la Iglesia.

Descubrir tu vocación no es fácil, pero tampoco es imposible Si con since­ridad te pones a buscar la voluntad de Dios y realizas los pasos que aquí te su­giero, creo que podrás encontrarla.

De muchas maneras Dios te está revelando la manera como quiere que co­labores en la instauración de su reino. El es el más interesado en que tú descu­bras y realices tu vocación. Por eso haz oración, dialoga con tu director espiri­tual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.

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Mensaje del Papa en el día del Buen Pastor y de oración mundial por las vocaciones

Queridos hermanos y hermanas!
El día 48 del Día Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el 15 de mayo de 2011, el IV domingo de Pascua, nos invita a reflexionar sobre el tema: Propuesta de Vocaciones Local “Iglesia.” Hace setenta años, Venerable Pío XII creó el Pontificia Obra de las Vocaciones Sacerdotales. organismos similares, dirigidos por sacerdotes y miembros de los fieles laicos, se establecieron posteriormente por los Obispos en las diócesis muchos como una respuesta a la llamada del Buen Pastor que, “cuando vio las multitudes, tuvo compasión de ellos, porque andaban como ovejas que no tienen pastor “, y continuó diciendo:” La mies es mucha pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies! ” (Mt. 9:36-38).
El trabajo de cuidado fomentar y apoyar las vocaciones encuentra una fuente radiante de inspiración en esos lugares en el Evangelio donde Jesús llama a sus discípulos a seguirlo y los trenes con amor y cuidado. Debemos prestar mucha atención a la forma en que Jesús llamó a sus colaboradores más cercanos a proclamar el Reino de Dios (cf. Lc 10:9). En primer lugar, está claro que lo primero que hizo fue rezar por ellos: antes de llamar a ellos, Jesús pasó la noche solo en la oración, la escucha de la voluntad del Padre (cf. Lc 6:12), en un espíritu de desprendimiento interior de las preocupaciones mundanas. Es una conversación íntima de Jesús con el Padre que da lugar a la llamada de sus discípulos. Las vocaciones al sacerdocio ministerial ya la vida consagrada son, ante todo, fruto del contacto constante con el Dios vivo y de la oración insistente alzó con el “Señor de la mies”, ya sea en las comunidades parroquiales, en las familias cristianas o en grupos dedicados específicamente a la oración por las vocaciones.
Al comienzo de su vida pública, el Señor llamó a unos pescadores en la costa del Mar de Galilea: “Síganme y los haré pescadores de hombres” (Mt 4:19). Él reveló su misión mesiánica que les las muchas “señales” que mostró su amor por la humanidad y el don de la misericordia del Padre. A través de sus palabras y su forma de vida que les preparó para llevar a cabo su obra de salvación. Por último, a sabiendas “de que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre” (Jn 13,1), lo que les confíe el memorial de su muerte y resurrección, y antes de ascender al cielo, los envió a la totalidad mundo con el comando: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt. 28:19).
Es un reto y que eleva invitación que Jesús se dirige a aquellos a quienes él dice: “Sígueme!”. Les invita a ser sus amigos, a escuchar con atención a su palabra y vivir con él. Él enseña a completar el compromiso con Dios y con la extensión de su reino, de conformidad con la ley del Evangelio: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). Se les invita a dejar atrás su propia agenda y sus estrechas nociones de autorrealización con el fin de sumergirse en otra voluntad, la voluntad de Dios, y se guíen por ella. Él les da una experiencia de fraternidad, que nació de que la apertura total a Dios (cf. Mt 12:49-50), que se convierte en el sello distintivo de la comunidad de Jesús: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos a los otros “(Jn 13,35).
No es menos difícil de seguir a Cristo hoy. Significa aprender a mantener la mirada fija en Jesús, creciendo a su lado, escuchando su palabra y su encuentro con él en los sacramentos, sino que significa aprender a conformar nuestra voluntad con la suya. Esto requiere una verdadera escuela de formación para todos aquellos que se preparan para el sacerdocio ministerial o de la vida consagrada, bajo la dirección de las autoridades eclesiales competentes. El Señor no deja de llamar a la gente en todas las etapas de la vida a participar de su misión y servir a la Iglesia en el ministerio ordenado y en la vida consagrada. La Iglesia es “llamados a salvaguardar este regalo, a la estima y el amor que ella. Ella es responsable del nacimiento y desarrollo de las vocaciones sacerdotales “(Juan Pablo II, después de la exhortación apostólica Pastores Dabo Vobis , 41). Especialmente en estos tiempos, cuando la voz del Señor parece ser ahogado por “otras voces” y su invitación a seguirle por el don de la propia vida puede parecer muy difícil, toda comunidad cristiana, cada miembro de la Iglesia, las necesidades consciente de sentir la responsabilidad de promover las vocaciones. Es importante alentar y apoyar a aquellos que muestran signos claros de una llamada a la consagración sacerdotal y la vida religiosa, y para que el dobladillo a sentir el calor de toda la comunidad para que puedan responder “sí” a Dios ya la Iglesia. Les animo, con las mismas palabras que dirigí a los que ya han optado por entrar en el seminario: “Has hecho una buena cosa. Porque la gente siempre tiene necesidad de Dios, incluso en una época marcada por el dominio técnico de la globalización mundial y: siempre van a necesitar el Dios que se ha revelado en Jesucristo, el Dios que nos reúne en la Iglesia universal con el fin de aprender con él ya través de él un verdadero sentido de la vida y con el fin de mantener y aplicar las normas de la verdadera humanidad “( Carta a los seminaristas , 18 de octubre de 2010).
Es esencial que cada Iglesia local se vuelven más sensibles y atentos al cuidado pastoral de las vocaciones, ayudar a los niños y jóvenes, en particular, en todos los niveles de la familia, la parroquia y las asociaciones – como lo hizo Jesús con sus discípulos – para convertirse en una verdadera y afectuosa amistad con el Señor, cultivado a través de la oración personal y litúrgica, para crecer en la familiaridad con las Sagradas Escrituras y por lo tanto a escuchar con atención y provecho a la Palabra de Dios, a entender que entrar en la voluntad de Dios no aplastar o destruir a una persona, sino que conduce al descubrimiento de la verdad más profunda acerca de nosotros mismos y, finalmente, ser generoso y fraternal en las relaciones con los demás, puesto que es sólo en la apertura al amor de Dios que se descubre la verdadera alegría y la satisfacción de nuestras aspiraciones. “Las vocaciones Proponer en la Iglesia Local” significa tener el valor, a través de una preocupación atenta y propicio para las vocaciones, al punto de esta manera difícil de seguir a Cristo que, debido a que es tan rica en significado, es capaz de involucrar a la totalidad de la vida .
Dirijo de modo particular a vosotros, queridos obispos hermano. Para garantizar la continuidad y crecimiento de su misión salvífica de Cristo, debe “fomentar las vocaciones sacerdotales y religiosas tanto como sea posible, y debe tener un interés especial por las vocaciones misioneras” ( Christus Dominus , 15). El Señor te necesita para cooperar con él para asegurar que su pedido llegue a los corazones de aquellos a quienes él ha elegido. Elija con cuidado los que trabajan en la Oficina Diocesana de Vocaciones, que medio valioso para la promoción y organización de la pastoral de las vocaciones y la oración que lo sustenta y garantiza su eficacia. También quiero recordarles, queridos hermanos en el episcopado, de la preocupación de la Iglesia universal para una distribución equitativa de los sacerdotes en el mundo. Su apertura a las necesidades de las diócesis experimentando una escasez de vocaciones se convertirá en una bendición de Dios para sus comunidades y una señal a los fieles de un servicio sacerdotal que generosamente en cuenta las necesidades de toda la Iglesia.
El Concilio Vaticano II nos recuerda explícitamente que “el deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad cristiana, que debe ejercerla, sobre todo por una vida plenamente cristiana” ( Optatam totius , 2). Deseo, pues, decir una palabra especial de reconocimiento y aliento a aquellos que trabajan en estrecha colaboración de diversas maneras con los sacerdotes en sus parroquias. En particular, me dirijo a los que puede ofrecer una contribución específica a la pastoral de las vocaciones: a los sacerdotes, familias, catequistas y líderes de grupos parroquiales. Invito a los sacerdotes a dar testimonio de su comunión con su obispo y sus sacerdotes, y así proporcionar un suelo fértil para la semilla de la vocación sacerdotal. Las familias pueden ser “animado por el espíritu de la fe y el amor y el sentido del deber” ( Optatam totius , 2) que es capaz de ayudar a los niños para dar la bienvenida generosamente a la llamada al sacerdocio ya la vida religiosa. catequistas de mayo y líderes de grupos católicos y movimientos eclesiales, convencidos de su misión educativa, tratan de “guiar a los jóvenes confiados a ellos para que estos se reconocen y acogen libremente la vocación divina” ( ibíd .).
Queridos hermanos y hermanas, su compromiso con la promoción y cuidado de las vocaciones se vuelve más significativa y eficaz pastoral cuando se lleva a cabo en la unidad de la Iglesia y en el servicio de la comunión. Por esta razón, cada momento en la vida de la comunidad de la Iglesia – la catequesis, encuentros de formación, la oración litúrgica, peregrinaciones – puede ser una valiosa oportunidad para despertar en el Pueblo de Dios, y, en particular en los niños y los jóvenes, un sentido de pertenencia a la Iglesia y de la responsabilidad de responder a la llamada al sacerdocio ya la vida religiosa por una decisión libre e informada.
La capacidad de fomentar las vocaciones es una característica de la vitalidad de una Iglesia local. Con la confianza y perseverancia vamos a invocar la ayuda de la Virgen María, que por el ejemplo de su propia aceptación del plan salvífico de Dios y su poderosa intercesión, todas las comunidades será cada vez más abierto a decir “sí” al Señor que está en constante llamando a nuevos obreros a su mies. Con este deseo, os imparto a todos la Bendición Apostólica.
Desde el Vaticano, 15 de noviembre 2010
Benedictus PP. XVI

Beatificación de Juan Pablo II

jpii1.pngEl 1 de Mayo será Beatificado Juan Pablo II, un polaco universal, que además amaba profundamente a España.

En su visita del año 2003 afirmó que: «el lugar evoca la vocación de los católicos españoles a ser constructores de Europa y solidarios con el resto del mundo. España evangelizada, España evangelizadora, ese es el camino. No descuidéis nunca esa misión que hizo noble a vuestro país en el pasado y es el reto intrépido para el futuro».

El día previo a la beatificación, el sábado 30, se celebrará la Vigilia que tendrá lugar a las 20.30h en el Circo Máximo de Roma. El cardenal Agostino Vallini, Vicario del Santo Padre para la diócesis de Roma, presidirá el acto. Además intervendrán el cardenal de Varsovia, Stanislaw Dziwisz, que fue su secretario durante cuarenta años, y el médico y periodista Joaquín Navarro-Valls, que fue su portavoz durante veintidós años. Benedicto XVIse unirá espiritualmente a la vigilia a través de un video transmitido por las pantallas que se distribuirán por toda la ciudad.

La misa de beatificación, el 1 de mayo a las 09:00 horas, será celebrada por el Papa Benedicto XVI y todos los cardenales.

Comenzará con el descubrimiento del gran tapiz con el rostro de Juan Pablo II en la fachada principal de la basílica. Se colocarán 14 pantallas gigantes tanto en la plaza como en los aledaños para seguir la ceremonia.

Después tanto Benedicto XVI como el resto de cardenales irán en procesión desde la plaza hasta el interior de la Basílica de San Pedro donde se postrarán ante el féretro de J. Pablo II.

Una hora después de la misa, todo aquel que lo desee podrá venerar los restos de Karol Wojtyla desde el mismo domingo 1 de mayo, una vez que termine la ceremonia de beatificación.jpii2.png

Los restos quedarán expuestos hasta que se agote el flujo de fieles que deseen acudir ante el altar de la Confesión. También preparado especialmente por la Oficina de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, después de presidir los actos de beatificación en el altar mayor, será expuesto a la devoción de los fieles, un precioso relicario conteniendo sangre de Juan Pablo II.

Posteriormente después de la beatificación y de forma privada, el féretro con los restos del Pontífice serán trasladados a la Capilla de San Sebastián ubicada en la parte derecha de la Basílica de San Pedro, al lado de la escultura de Miguel Ángel de la Piedad, para que pueda ser venerado por los fieles.

Los peregrinos que no tengan hotel pueden iniciar después «una noche blanca» a lo largo de un itinerario especial desde el Circo Máximo hasta la plaza de San Pedro en el que habrá ocho iglesias abiertas durante toda la noche para facilitar la oración y el descanso.

El 2 de mayo a las 10:30 horas en la Plaza de San Pedro se celebrará una misa de acción de gracias presidida por el cardenal Secretario de Estado, Tarsizio Bertone.

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Vigilia Pascual

LA RESURRECCIÓN DE JESÚS Y LA NUESTRa

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Con eso de que la resurrección del pobre Lázaro se narra casi a las puertas de la Pasión y en realidad fue el detonante para que los sumos sacerdotes y fariseos decretasen la muerte no solo a Jesús sino hasta de Lázaro, pues yo creo que eso hace que en nuestra cabeza la resurrección de Lázaro esté superpuesta a la resurrección de Señor, o si queréis que tomemos la resurrección de Lázaro como un ensayo de lo que iba a ser la resurrección de Jesús.

Y no hay nada más falso, porque al pobre Lázaro, cuando ya estaba montado en primera para irse al cielo, le hicieron bajar de nuevo al andén de la vida temporal, para a los pocos años tener que comprar de nuevo el billete y marcharse definitivamente de este mundo.

La resurrección de Jesús es algo totalmente distinto, Jesús no regresa atrás a la vida que había llevado por campos y aldeas, Jesús desde el túnel de la muerte salta al espacio de lo eterno, infinito de la gloria del Padre, la que de siempre había tenido junto a El, nunca jamás tendrá que pasar por Él la muerte y Lázaro sí.

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San Pablo une estrechamente la resurrección del Señor a la nuestra porque en Él todos hemos resucitado, y es que la muerte ha perdido su fuerza sobre el hombre, de ser la esclava de la humanidad se ha convertido en lanzadera de cohetes espaciales, que gracias a la muerte van a tener energía suficiente para volar para siempre por los espacios eternos de Dios

La muerte, de ser destrucción del hombre, se convierte en estación para acoplar las ruedas del AVE del hombre a vías ya para siempre eternas y definitivas.

Como la muerte del grano de trigo le prepara para florecer y desarrollarse en muchos más granos de trigo, así la corrupción de nuestros cuerpos no va a ser más que el abonar nuestro campo para una floración definitiva.

Todos unos más otros menos, vamos sintiendo en nuestros cuerpos desperfectos, goteras que tratamos de reparar y cunado acabamos de reparar una aparece otra o es una cañería que se rompe o es un canalón que se cae.

Pues todo eso no es más el anuncio de la proximidad de Nuestra resurrección, es e paso por el último paso a nivel es el traqueteo del tren al pasar agujas.

Y con cuanto gusto nos bajamos del tren después de un cansado viaje, y los ojos cargados e sueño, para pisar al fin la estación de término donde nuestros seres queridos nos esperaban.

Jesús es el que ha hecho esto posible, destruyendo el documento ya sellado y firmado de nuestra sentencia de muerte que nos dice San Pablo. Como El por su obediencia al Padre hasta la muerte y muerte de Cruz ganó el “nombre-sobre-todo-nombre” y una vida de eterna gloria a la diestra del Padre, así lo ha conseguido para nosotros.

La Casa del Padre, en que hay una habitación para cada uno, al fin ha abierto sus puertas de par en par para que los hijos vayamos llegando, y qué bueno tiene que ser llegar, arrodillarse ante el buen Padre y sentir sobre los hombros sus manos que comunican cariño personal, toso ese cariño acumulado durante los largos años de espera hasta mi llegada, años más azarosos para el buen Padre, conocedor de mi peligroso viaje que para mí inconsciente de lo que podía poner en peligro. Pero al fin en la casa paterna y en los brazos del Padre.

Texto de J. Mª Maruri, SJ

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Una reflexión sobre el proceso a Jesús de Nazaret

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En la segunda parte de “Jesús de Nazaret”, el Papa no solo ofrece una reflexión teológica y exegética de primer orden, sino que también invita a la reflexión sobre otros aspectos cruciales. Uno de ellos, es el análisis del proceso de Jesús ante Pilatos. Detengámonos en él.

La civilización occidental no puede entenderse sin el calidoscopio en el que se descomponen sus grandes procesos. Así por ejemplo, en el primer cuarto del siglo XX, Occidente despierta de la pesadilla totalitaria a través de los Juicios de Nüremberg, que recordaron la existencia de exigencias morales y éticas superiores a cualquier Derecho positivo. Mucho tiempo antes (s. II a. de C.), el choque verbal entre Cicerón y Catilina, recuerda la importancia del respeto a la ética en los asuntos públicos y los presupuestos del poder legítimo. El juicio de Sócrates en Atenas (s .IV a. de C.), en fin, nos sitúa abruptamente ante el valor de la crítica de la razón frente a los usos sociales.

De todos ellos, el proceso de Jesús ante Pilatos ocupa el lugar central. ¿Quiénes fueron los acusadores? ¿Cuál fue el verdadero motor del proceso? ¿Qué lugar ocupa la verdad en el gran tema de lo justo legal?

TRES RESPUESTAS CLAVES

La respuesta a la primera pregunta por Benedicto XVI ha merecido el agradecimiento del pueblo judío. El fiscal no fue Israel como un todo, sino los círculos sacerdotales distinguidos y un pequeño y fanático grupo de seguidores de Barrabás. La segunda cuestión en Benedicto XVI apunta como una flecha a un hecho que ha cambiado el mundo: la separación entre la dimensión religiosa y la política, una separación que, para el Papa, pertenece realmente “a la esencia” del nuevo camino cristiano. El tercer tema requiera algo más de atención ahora.

Ante el requerimiento de Pilatos: «¿Qué es la verdad?», Benedicto XVI recuerda que no ha sido el procurador romano «el único que ha dejado al margen esta cuestión como insoluble y, para sus propósitos, impracticable. También hoy se considera molesta, tanto en la contienda política como en la discusión sobre la formación del derecho».

Ciertamente, para el Derecho la pregunta por la verdad es fundamental. Tal vez por esto, y precisamente desde instancias democráticas, viene afirmándose que los derechos fundamentales, entre ellos el derecho a un juicio “justo”, deberían ser rescatados de las presiones de las minorías y de las imposiciones de las mayorías políticas. Al representar un núcleo de valores esenciales, deben quedar al margen de esquemas políticos de uno y otro signo. Como ha dicho Spaemann, «la comunidad jurídica no es una especie de ‘closed shop’, cuyas condiciones de admisión y de exclusión quedan fijadas por la mayoría de los miembros». Por ejemplo, no hay derecho alguno de una mayoría, por muy grande que sea, a decidir sobre el derecho de una minoría a su existencia.

Hace años, cuando Benedicto XVI era solamente el cardenal Ratzinger, observaba que «las decisiones mayoritarias no pierden su condición verdaderamente humana y responsable cuando presuponen un sustrato básico de humanidad y lo respetan como verdadero bien y condición de todos los demás bienes».

Las observaciones primero del cardenal Ratzinger y ahora de Benedicto XVI chocan frontalmente con la visión jurídica que, prescindiendo de la verdad, basa el derecho en el poder, en la fuerza de los votos. Esta línea de pensamiento (me refiero al positivismo jurídico, fruto del relativismo ante la verdad objetiva) hoy intenta ocupar todos los intersticios legales, incluido el juicio histórico de Jesús ante Pilatos.

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RELATIVISMO Y POSITIVISMO LEGAL

Tal vez haya sido el jurista austríaco Hans Kelsen el que lo ha planteado de forma más radical. Cuando desde su visión normativista se sitúa ante la pregunta del procurador romano frente a la verdad, no duda en tomar partido por la postura que, a la postre, adoptará Pilatos. Estas son sus palabras : «Y puesto que Pilatos, un relativista escéptico, no sabía qué era la verdad, la verdad absoluta en que este hombre creía, consecuentemente, procedió de modo democrático sometiendo la decisión del caso a votación popular» (H. Kelsen, “¿Qué es la Justicia?, Barcelona, 1992).

Ciertamente no deja de provocar un cierto “escalofrío jurídico” esta renuncia a la verdad, para entregar la justicia en manos de una mayoría, tantas veces manipulable (como se deduce también del relato evangélico). El relativismo -de entonces y de ahora- termina, en el fondo, por renunciar a saber qué es lo justo, aferrándose a una maraña de subterfugios procedimentales, que difícilmente pueden ocultar la presión del poderoso sobre el débil.

El Papa se refería de forma explícita a estas cuestiones de profundo calado, con motivo de su discurso a la Comisión Teológica internacional de 5 de octubre de 2007. Decía entonces Benedicto XVI: «En muchos pensadores parece dominar hoy una concepción positivista del derecho. Según ellos, la humanidad, o la sociedad, o de hecho la mayoría de los ciudadanos, se convierte en la fuente última de la ley civil. (…) En la raíz de esta tendencia se encuentra el relativismo ético, en el que algunos ven incluso una de las condiciones principales de la democracia, porque el relativismo garantizaría la tolerancia y el respeto recíproco de las personas. Pero, si fuera así, la mayoría que existe en un momento determinado se convertiría en la última fuente del derecho. La historia demuestra con gran claridad que las mayorías pueden equivocarse. (…) Cuando están en juego las exigencias fundamentales de la dignidad de la persona humana, de su vida, de la institución familiar, de la equidad del ordenamiento social, es decir, los derechos fundamentales del hombre, ninguna ley hecha por los hombres puede trastocar la norma escrita por el Creador en el corazón del hombre».

Me he permitido una cita algo extensa, precisamente porque explica nítidamente el desenlace jurídico de la crucial cuestión también teológica que el Papa Ratzinger plantea cuando analiza el proceso de Jesús.

Por Rafael Palomino Catedrático de Derecho Eclesiástico en la Universidad Complutense, y Vocal del Consejo Asesor de OSCE para la Libertad de Religión y de Creencias.

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