Algunas Respuestas
30 preguntas sobre el amor
“CRISTO NOS ENSEÑA A AMAR”
30 preguntas para no equivocarse
en la aventura más importante de la vida
“El amor no es cosa que se aprenda, ¡y sin embargo no hay nada que sea más necesario enseñar! Siendo aún un joven sacerdote aprendí a amar el amor humano. Si se ama el amor humano nace también la viva necesidad de dedicar todas las fuerzas a la búsqueda de un «amor hermoso». Porque el amor es hermoso. Los jóvenes, en el fondo, buscan siempre la belleza del amor, quieren que su amor sea bello” (Juan Pablo II).
Para bajarlo en Word: 30 Preguntas sobre el amor
1. El amor, ¿vive en el mundo real o el de los sueños?
“Mantente despierto, la vida es breve” decía el anuncio de una marca de café. Nos recordaba así que muchas veces vivimos nuestra vida como si durmiésemos, como quien está soñando. Por muy vivos que sean los sueños nunca podrán sustituir la realidad. Por muy bellos o agradables que sean, son solo una construcción nuestra: no tiene un origen, y sobre todo, no tienen una meta, no tienen destino. Para vivir de verdad, para vivir en la realidad, es necesario estar despiertos, como dice el anuncio. Es necesario aceptar que vivimos en un mundo con personas reales que pueden enriquecernos o defraudarnos, porque no las creamos nosotros. Es decir, para despertar a la vida, es necesario despertar al amor. Solo se despierta quien ama. El amor evita que confundamos la vida con un sueño. Este es el mundo real, el de las personas que están a nuestro lado, con una existencia que es siempre más grande que nuestros deseos o que las ideas que nos hacemos de ellas. El amor hace surgir un horizonte que no se desvanece de golpe, como el de los sueños, sino que se ensancha siempre hacia la meta, hacia un destino lejano y maravilloso. La vida es breve… ¡despierta al amor!
2. ¿Por qué el amor nos atrae tanto?
“Hoy la tierra y los cielos me sonríen / hoy llega al fondo de mi alma el sol. / Hoy la he visto…, / la he visto y me ha mirado… / ¡Hoy creo en Dios!” Así decía un poeta español, queriendo describir sus sensaciones de enamorado. También a él, como a todos, el amor le cambiaba la vida, le llenaba de un entusiasmo inesperado e incontenible, hasta parecerle sobrenatural, incluso divino. Esta es la fuerza del amor: eleva al que ama más allá de sus expectativas, le abre nuevos horizontes e infinitas posibilidades. Es tan grande la alegría que da el amor, que quien lo experimenta corre un peligro: creer que ha llegado ya a la meta. El enamorado queda tan sorprendido de la luz que ha inundado su vida que no hace otra cosa que contemplarla. Al igual que le sucede a un caminante que, tras haber avanzado por senderos oscuros, se encuentra ante una llanura maravillosa e interminable y, en vez de atravesarla, se parase a contemplar la nueva visión. Cuando un enamorado se comporta así, su amor acaba por agotarse, pronto cansa o aburre. El amor nos fascina porque contiene una promesa de belleza, algo tan grande que deseamos poseerlo inmediatamente, en un instante. Pero esto no es posible. El amor nos invita a caminar a lo largo de su sendero, un sendero nuevo que podemos construir solo paso a paso. Si no aceptamos la invitación que nos hace el amor, si nos olvidamos que es una promesa de belleza y no una cosa ya hecha, rápidamente acabará por desilusionarnos. “La felicidad no se compra. Se construye” decía el eslogan de otra campaña publicitaria. Lo mismo pasa con el amor.
3. ¿El amor es siempre igual, siempre verdadero, o hay también amores falsos?
El amor contiene una promesa de felicidad: para vivirlo es preciso aceptar con confianza la promesa que nos hace. Quien confía solo en las propias seguridades porque no quiere cometer errores, ese no cree en el amor, jamás podrá amar. El amor es algo que no nos pertenece, que no depende de nosotros. Es necesario confiarse al amor, abrirse a él, dejarse conducir por él. No importa que hayamos tenido malas experiencias. El amor no es el sentimiento débil y fugaz que algunos nos describen. El amor es más bien la fuerza que nos acompaña desde el inicio de nuestra vida; que existía antes de que viniésemos al mundo, en el abrazo de nuestros padres; que ha sostenido nuestros primeros pasos. Y entonces decimos: Sí, es posible creer en el amor, porque el amor ha venido a mí primero. Dale crédito al amor: el amor ya te ha dado crédito a ti. De este modo la apertura al amor no es un salto en el vacío. Todo amor tiene siempre una meta. Si no la tiene, entonces gira en redondo y se pierde en instantes fugaces, incapaz de seguir un sendero que conduzca hacia el horizonte lejano. Cuando no tiene meta, el amor deja de ser amor. ¿Cuál es nuestra ruta y nuestra brújula para creer en el amor? ¿Cómo distinguir el amor verdadero del falso? Pregúntate si tu amor tiene meta o si das vueltas en círculo. Pregúntate si tu amor construye algo o si es un amor-burbuja, en que dos amantes se limitan a mirarse embelesados el uno al otro… Pregúntate si tu amor te hace crecer y madurar… si te promete y abre un camino. “Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1Jn 4,16), dice la Biblia. Conocer a Jesús y tener fe en Él, es creer en su amor, porque su amor te ha encontrado ya a ti. Es experimentar su fuerza y saber que, con este amor, se puede llegar al final.
4. ¿Existen distintos tipos de amores?
La música es una sola y, sin embargo, hay muchas formas distintas de tocarla. Del mismo modo, también hay formas distintas de amar. La música, por ejemplo, puede cantarse en coro. Nuestra voz se une con otras voces. Así es más fácil seguir la melodía y no perder el tono. Cuando cantamos en coro nos une un mismo ritmo, nos contagiamos la pasión por la misma música, nos atrae un mismo misterio. Pues bien, cantar en coro se parece a un tipo de amor, la amistad. Cada amor se distingue por los bienes que se comparten en él: a los amigos les une un ideal común, una visión común, una obra común. Por eso los amigos quieren lo mismo y rechazan lo mismo, hasta verse a sí mismos en el otro, igual que quienes cantan a coro están unidos en una misma pasión y en una melodía común. Hay otro tipo de música: un dúo de instrumentos que dialogan entre sí, cada uno poniendo una parte de la pieza, de forma que entre los dos se haga armónica y bella. Se parece esto al amor esponsal, entre hombre y mujer. Aquí también están los dos unidos por un mismo amor a la música, pero ahora cada uno desempeña un papel distinto, y los dos se complementan, se inspiran, sacan lo mejor del otro en su diferencia. Sin el otro no podrían tocar la partitura, que quedaría incompleta, llena de silencios, rota. ¿Qué bienes comparte este amor? Se trata de la unión en la intimidad, es más, de la formación de una intimidad común, que se abre a la transmisión de la vida. Por eso este amor es exclusivo de la pareja: abrirlo a un tercero es infidelidad.
Por último, podemos pensar en otro tipo de música, la de una orquesta. Un único director reparte a cada músico su papel y su entrada, convierte el sonido de todos en un único movimiento de ritmo y armonía. Esta música se parece a otro tipo de amor, el amor filial, que cada hombre y cada mujer recibe de sus padres y, en último término, de Dios Creador. Este es el amor primero, de donde bebe el amor de los amigos y los esposos, la fuente de todos los tipos de música.
5. El amor, ¿es algo que se encuentra, o hay que aprenderlo?
Cuando se encuentra el amor, nos parece que ya hemos alcanzado la felicidad plena. Todo nos parece hermosísimo, perfecto; corremos el riesgo de hacer como el caminante: pararnos a mirar el horizonte que se ha abierto ante nosotros. Sin embargo, como ya hemos dicho, no basta contemplar nuestro amor para vivirlo en su verdad; al igual que no basta amar la música para saber tocarla. Es necesario el tiempo, el estudio y mucha práctica para llegar a ser verdaderos músicos. Como la música, el amor es un arte que no se aprende ni cultiva en solitario, sino junto a la persona amada. Y hay que contar también con la ayuda de un maestro al que nos abrimos, dejando que sus palabras resuenen en nosotros y nos introduzcan en el arte de amar.
¿Quién es este amigo, experto en el arte de amar, que nos ofrece su amistad y su sabiduría? Lo dice así un escritor cristiano: “Muchos han tratado de entender el amor. Pero ninguno lo ha conseguido como los discípulos de Cristo. Porque tienen como Maestro a la misma Caridad”. Cristo es el Maestro del que tenemos necesidad para aprender a amar: Él nos ha amado primero y nos amará hasta el fin de nuestros días, sin reservarse nada. En su escuela cada uno aprenderá, no solo la fascinación de la música, sino el arte de tocarla, de componer nuevas melodías.
6. ¿El amor es algo espiritual o se vive y expresa gracias a nuestro cuerpo?
Nuestro cuerpo no es un objeto más. Se parece, es verdad, al resto de las cosas (tiene un peso, un tamaño, un color…). A veces otros lo tratan así: pasan a nuestro lado sin saludar o nos miran con ojos posesivos o nos tratan con violencia. Pero nos sentimos mal cuando esto ocurre. Y es que el cuerpo no está solo fuera de nosotros, no es solo lo que observo por fuera, sino también lo que siento por dentro, mi propia intimidad. Con el cuerpo hacemos cosas, pero en el cuerpo forjamos también nuestras inclinaciones, nuestros gustos y preferencias. El cuerpo no es solo una cosa que tengamos, sino algo que somos: las sensaciones que experimentamos, los deseos que nos mueven. De esta forma el cuerpo me habla. Es como si tuviese un lenguaje. ¡Y qué importante es saber descifrarlo! Quien no lo entiende no se entiende a sí mismo. El lenguaje del cuerpo me dice, en primer lugar: no eres un ser aislado. Por el cuerpo nuestra vida se manifiesta a otros, los acontecimientos nos afectan por dentro, participamos en el mundo que nos rodea. Gracias al cuerpo entendemos, también, que no nos hemos dado la vida a nosotros mismos. Nuestro cuerpo se formó, admirablemente, en el seno materno. Por eso el cuerpo te invita a mirar a tu origen: ¿de dónde vengo? Y el cuerpo responde con palabras de la Biblia: “tus manos me formaron en las entrañas maternas…” (Job 10,8; Jer 1,5). Es verdad que a veces no nos gusta nuestro cuerpo. ¿Y si fuera más alto, más fuerte, más atractivo? La respuesta suena: entonces no serías tú; y la gente que te ama de verdad te ama por lo que eres y como eres. Lo que importa no es tener un cuerpo perfecto, sino saber que tu cuerpo es bueno y aceptarlo como un regalo, incluyendo sus límites. Solo entonces aprenderás a entender el lenguaje del cuerpo, y sabrás también expresarte con él.
7. ¿Es verdad que nuestro cuerpo está hecho a imagen de Dios?
En nuestro cuerpo son evidentes las huellas de quien nos ha formado, los dedos del Creador que actuaron a través del amor de nuestros padres. Por eso, antes de nada, nuestro cuerpo nos “dice” que hemos sido hechos, que somos “hijos”. El cuerpo, además, nos “habla” de las personas que nos rodean y nos permite dialogar con ellas. La mano tendida es un signo de ayuda, la sonrisa es signo de aprobación, el abrazo un gesto de acogida. Y en el encuentro del hombre y la mujer, el cuerpo nos permite amarnos en totalidad, hasta hacernos una sola carne. El cuerpo, donde vivimos nuestra intimidad, nos abre a la intimidad con otras personas, permite compartir el mundo. Por eso el cuerpo nos invita a descubrir al otro y a acogerle en nosotros. En el encuentro del hombre y la mujer habla el cuerpo, a través de la sexualidad, el lenguaje del amor conyugal. Un lenguaje que, también en este caso, es difícil de aprender: hablarlo es todo un arte. Pero quien lo domina bien, evitando faltas de ortografía y usando las palabras correctas, puede comunicarlo todo, en la plenitud del amor.
Entendemos ahora por qué el cuerpo es tan importante para el hombre: es capaz de expresar el amor. Nos dice que venimos del amor y que vamos hacia el amor; nos dice que nuestra vida da fruto en el amor. En la primera epístola de Juan (1Jn 4,8) leemos que Dios es amor. Él no es un ser apartado de todo, solitario, encerrado en sí mismo. Sino el amor pleno y eterno entre el Padre y el Hijo, que se unen en el Espíritu Santo. Dios no vive en un monólogo, sino en un diálogo continuo de amor y vida. Y ese misterio de su vida interior lo ha querido comunicar a nosotros a través del cuerpo: en el cuerpo se puede inscribir la imagen de Dios, porque Dios es amor. Cuando recibimos nuestro cuerpo con gratitud, aceptándolo como un regalo; cuando expresamos con nuestro cuerpo el amor a los otros, acogiéndoles, ayudándoles. Entonces en el cuerpo Dios pone su sello, Dios se hace visible y se transparenta en el mundo. Y nos asemejamos a Él.
8. ¿El hombre y la mujer son en verdad diferentes, en qué consiste su distinción?
Ciertamente, el hombre y la mujer son diferentes. El cuerpo tiene su lenguaje, y este nos “habla” también de la diferencia sexual. Esta diferencia permite la unión más plena entre el hombre y la mujer: una unión fecunda, que puede dar la vida. La diferencia de la que hablamos, sin embargo, no se debe al desarrollo accidental realizado por la evolución biológica o a las diferentes culturas, con sus costumbres y modos de educar.
El hombre y la mujer no provienen del azar, sino del amor de sus padres, mediante el cual se manifiesta la fuerza creadora del amor de Dios. Si la diferencia sexual entre el hombre y la mujer fuera solo fruto de la casualidad o de los acontecimientos de la historia, también sería fortuito el amor que nos ha traído a la existencia, y la vida sería un viaje de la nada hacia la nada, como un sueño. La diferencia que existe entre un hombre y una mujer es más profunda que la que vemos entre las razas, las lenguas y las culturas. El hombre y la mujer son, no solo diferentes, sino también complementarios. Se necesitan el uno al otro para enriquecerse recíprocamente. Esto no quiere decir que hombre y mujer sean como las piezas de un puzzle. El hombre y la mujer no son una “media naranja” para el otro que, cuando se unen, quedan cerrados en sí, formando una burbuja. Su amor, por el contrario, se expande, da fruto más allá de ellos, construyen algo juntos y se abren a un misterio que siempre ofrece más. Y es que el amor entre hombre y mujer se basa sobre algo más grande que ellos dos. Ambos se unen en la dimensión de Dios, que les creó y escribió en sus cuerpos el lenguaje de la sexualidad; que les descubre el misterio de la persona amada y bendice su unión con el fruto de una nueva vida, de valor infinito. Sí, hombre y mujer, con la misma dignidad, son diferentes. La diferencia les obliga a salir de sí mismos, a aceptar al otro, a abrirse a un misterio más grande, el misterio mismo de Dios, hacia quien caminan juntos.
9. El sexo, ¿es algo corpóreo o espiritual?
La Iglesia prefiere, más que de sexo, hablar de sexualidad, porque la sexualidad afecta a toda nuestra vida y no solo a una parte de ella, a un órgano o a un deseo particular. La sexualidad, por otra parte, tiene distintas dimensiones: genética (hombre y mujer tienen distinto ADN), gonádica (diferentes órganos sexuales), fisiológica (distinta forma del cuerpo), psicológica (tenemos distinto modo de ser, de reaccionar afectivamente) y, por último, espiritual (la sexualidad toca a nuestro mismo centro como personas, a la manera en que amamos y somos amados). No son dimensiones separadas, sino que todas se unen en mi cuerpo, que es la fuente de donde brotan nuestras vivencias. Ser hombre o ser mujer no es un simple dato que ponemos en nuestro pasaporte, sino una dimensión de nuestra identidad, un modo de responder a la pregunta fundamental: “¿quién soy yo?” Pensemos, por ejemplo, en lo importante que es haber recibido la vida de otros, haber sido engendrado del amor de nuestros padres. Y también en la capacidad que tenemos para dar vida a otras personas. Esto no es accesorio, sino central para nuestra vida, y está unido a la sexualidad. Por eso la sexualidad no es solo una atracción hacia la otra persona, sino también un elemento que nos ayuda a comprendernos a nosotros mismos, a partir del cual nos construimos a nosotros mismos y nuestras relaciones.
La importancia de la sexualidad nos es bien conocida por la fuerza con la que se manifiesta. Los otros deseos corporales como el hambre, la sed, o las ganas de poseer algo se extinguen cuando obtenemos el objeto que buscábamos. No sucede lo mismo cuando anda por medio la sexualidad. ¿Cómo es esto? Es que la sexualidad, como hemos dicho, es una ventana abierta a un misterio, que no se dirige a una cosa, sino a la comunión con una persona. Por la sexualidad percibo que no puedo vivir para mí mismo. En ella encuentro una llamada profunda al amor, y en el amor se juega el sentido de mi vida. Si alguno la utiliza solo para darse fácil satisfacción, no realiza una comunión personal y se convierte en presa de un narcisismo estéril.
10. ¿Cómo comportarse cuando se experimenta la atracción hacia alguien?
Al hombre le atrae el cuerpo femenino, y a la mujer el masculino. Despiertan en ellos impulsos y deseos. Para aprender a amar es necesario descifrar el lenguaje de esta atracción sexual hacia la otra persona, que tiene tres niveles. El primero es el de la atracción física que experimentamos hacia la persona del otro sexo. Esta tiene tanta fuerza porque apunta a algo más grande que nosotros, al misterio de la persona amada. Solo quien descubre esa belleza más profunda puede descifrar el verdadero sentido de los deseos. Quien se queda solo en el placer físico acaba en desilusión: como ocurre con la droga, la sexualidad cada vez le da menos placer y cada vez le hace más adicto a ella. Está luego el nivel psicológico de la sexualidad: nos atraen las cualidades masculinas o femeninas de la otra persona. Es el mundo de los afectos y sentimientos que me ligan al otro. Estos son tan bellos porque veo en ellos la posibilidad de construir un mundo común: la otra persona se hace presente en mí.
Ahora bien, los sentimientos van y vienen, como las olas del río. Muchas de esas olas se estrellan en la orilla y allí se acaba su fuerza. Pero el río tiene un movimiento más profundo, el de su corriente, que le conduce hacia el mar. El arte de amar es lograr que mis sentimientos se vuelvan también hondos, que impulsen la vida, que hagan madurar y crecer el amor mutuo. Para ello he de descubrir que, más allá del sentimiento, está el encuentro con la otra persona, que me aparece como alguien único, singular, distinto de todas las demás cosas. Es el nivel personal de la sexualidad, en que aprendo a “vivir para el otro” trenzando una vida común. El periodo de noviazgo sirve para comprobar si nuestra atracción y sentimiento han madurado hasta el fondo, si hemos llegado al nivel personal. ¿Nos movemos todavía según las vibraciones del río, que se estrellan en la orilla? ¿O hemos encontrado un amor estable, que abre un camino, el de la corriente que va hasta el océano, llenando de vida sus márgenes?
11. En mi cuerpo siento una llamada a amar: ¿cómo puedo responder a ella?
Nos cuenta la Biblia (1Sam 3,1-18) que el joven Samuel escuchó, en la noche, una llamada. Se despertó por tres veces y preguntó quién le había llamado, pero sin respuesta. ¿Era solo su imaginación? Algo parecido nos ocurre a nosotros. En nuestro cuerpo sentimos también como una llamada, y vamos preguntando quién será su origen y qué querrá decirnos. Como Samuel, nos dirigimos a quienes tenemos cerca: “¿me has llamado tú?”
El camino del amor, decía Juan Pablo II, es como subir por un torrente que viene de la montaña, hasta encontrar el manantial. Para entender adónde nos lleva el amor, hemos de descubrir de dónde viene. ¿Quién ha escrito en mi cuerpo estos deseos de amar? ¿Por qué me fascina tanto la belleza? Y, ¿cómo hacer que mi vida esté a la altura de esa llamada, que sea también una vida bella?
Como hemos visto, nuestro cuerpo nos revela ante todo que el manantial del amor es Dios, que nos ha creado a través del amor de nuestros padres. Es Él quien nos habla, es Él quien nos llama al amor. Para responderle basta aceptar con gratitud el don de la vida y ponernos a su disposición como hijos. Solo si somos hijos, si recibimos el don de Dios, descubrimos que el amor nos convoca a una entrega. Entonces entendemos el amor esponsal: Dios me ha dado a esta persona para que la ame; Dios ha confiado mi vida a esta persona que me ama y recibe. ¡Somos los dos un regalo del Padre! Y si nuestro amor bebe del manantial, que es el origen del amor, entonces los dos juntos rebosaremos vida, con amor paterno y materno, dando un fruto insospechado. Ser hijos, esposos, padres: es la mayor respuesta a la llamada del amor.
12. El pudor que experimento ante la sexualidad, ¿no es acaso una limitación que hay que superar?
El pudor es un sentimiento con doble significado. Tiene un lado negativo: con ella queremos esconder algo, evitar que salga a la luz. Pero hay también una vertiente positiva: si escondemos algo es porque tiene valor, porque comprendemos que es bello y precioso y no queremos que otros abusen de ello. Se ha comprobado que en todas las culturas, aun las más primitivas, existe el pudor en el comportamiento sexual. Es que se trata de una experiencia fundamental que revela el significado principal de nuestra vida y nuestras acciones. No solo sentimos pudor en relación a la sexualidad, sino también en todo lo que toca a nuestra intimidad. Nuestra intimidad es algo precioso y solo la revelamos a quien la recibe con aprecio en un marco de mutua comunicación. Por eso nos enfada que un amigo revele nuestros secretos sin nuestro permiso. Pues bien, la sexualidad es una dimensión de la intimidad humana que toca al centro de quiénes somos. Tiene que ver con la capacidad de amar, con la verdad del cuerpo, con el hacerse “una carne” en el amor entre hombre y mujer (Gén 2, 24). La revolución sexual de nuestros días ha denigrado el pudor, como si fuera propio de personas reprimidas. Pero el efecto real ha sido banalizar la intimidad humana. Vivir en plenitud la sexualidad no consiste en dejar atrás el pudor, sino en descubrir el rico significado que contiene y la intimidad que permite.
13. Si el sexo es un impulso natural, ¿por qué hay tantas normas que lo prohíben?
La sexualidad, las inclinaciones que conlleva, son cosas naturales. Pero no se pueden vivir de cualquier manera. Hace falta interpretar su lenguaje, descubrir su significado. No pueden ser fuerzas que tiren de nosotros en distintas direcciones, dividiendo nuestra vida. ¿Cómo integrarlas en un solo haz? De esto depende nuestra respuesta a la gran llamada, la gran “vocación al amor” que es la vida del hombre en la tierra. En la sexualidad está en juego nuestra capacidad de amar y por eso hacen falta indicaciones que nos ayuden a orientarnos: las normas morales no representan solo reglas y prohibiciones, sino que nos permiten reconocer errores en nuestras acciones, errores que nos hacen daño.
Es como el árbol que, cuando es pequeño, necesita que lo atemos a un palo recto, y protejamos con una valla sus raíces, para que pueda hacerse alto y dar mucho fruto. Lo importante en el árbol no es la verja que lo protege, ni el pequeño palo que lo endereza, sino el fruto y la sombra que llegará a dar. Lo mismo ocurre en nuestras acciones: lo más importante no son los límites sino, sobre todo, el camino hacia una perfección. Pero existen unos mínimos. Por debajo de ellos no se da el amor verdadero. La Iglesia no solo enseña las normas que prohíben los actos malos (actos, es bueno recordarlo, que en primer lugar hacen malo a aquél que los realiza), sino que se preocupa sobre todo por transmitir el significado pleno de la sexualidad. No nos dice solo un “no”. La Iglesia sobre todo nos invita a pronunciar un gran “sí”, a abrazar nuestros deseos más verdaderos. Y para hacerlo, nos recuerda que es necesario poseer una virtud: la castidad. Castidad no significa “no realizar actos sexuales”. La castidad consiste en unificar todas las aspiraciones y deseos del corazón para que puedan expresarse en plenitud, en comunión con la persona amada. La castidad significa integrar todos los significados de la sexualidad para que puedan ser vividos plenamente. La castidad significa amar de verdad.
14. ¿Por qué la masturbación es un pecado, si no hago mal a nadie?
El pecado no es solo lo que daña al otro. Pues puedo dañarme a mí mismo, incapacitarme para el amor verdadero, aunque no dañe directamente a otra persona. Esto es lo que ocurre en la masturbación, donde busco la excitación sexual para mí mismo. Con ello hago expresarse a mi sexualidad en contra de sus significados básicos: la unión con la otra persona y la fecundidad. Es como si mintiese con mi cuerpo. Este pecado lo suele provocar la tristeza de quien se siente solo y conduce a una tristeza todavía mayor: el vacío de un placer sin sentido.
La malicia de este acto se comprende mejor cuando descubrimos la luz contenida en la pureza. Esta consiste en unos ojos limpios, que permiten descubrir una luz especial, la luz del amor. Mi sexualidad se comprende entonces como una fuerza para entregarme a la otra persona y descubrirla en su dignidad. El cuerpo de la otra persona se respeta en su belleza, a la luz del amor. “Bienaventurados los limpios de corazón”, dice Jesús (Mt 5,8). Esta bienaventuranza promete nada menos que la visión de Dios, cuya clave es precisamente el amor. Los limpios de corazón son capaces de mirar el mundo con una mirada nueva, pues descubren la luz del amor, que viene de Dios. Por eso sus fuerzas de amar no están desperdigadas, sino unidas: el amor es un centro que ordena todas sus fuerzas para amar y les da armonía y belleza. Y pueden querer con toda el alma una sola cosa. La guarda de los sentidos, en especial la vista, es necesaria para vivir con alegría y fidelidad la vocación al amor.
15. ¿Cómo debe comportarse quien siente una inclinación sexual ante una persona del mismo sexo?
Si queremos comunicar algo no podemos usar las palabras en el orden que nos parezca. El lenguaje tiene sus propias leyes, su gramática, que no depende solo de mis sentimientos o mis inclinaciones. Pues bien, del mismo modo ocurre con el amor y su lenguaje. Por eso no es suficiente que sienta en mí una inclinación para que un acto sexual sea bueno. Hace falta que me exprese según el lenguaje del acto conyugal, que viva íntegramente sus significados objetivos y corpóreos. ¿Cuáles son estos significados? La unión de hombre y mujer en una diferencia sexual, que es capaz de crear comunión y hacerse fecunda porque está abierta a la vida. Ahora bien, son estos precisamente los significados de que carece un acto homosexual. Si uso el lenguaje de la sexualidad contra estos significados, no estoy comunicando la verdad del amor, vivo en una ficción.
Es importante distinguir: cuando digo que realizar un acto homosexual es malo no estoy diciendo que la persona con inclinación homosexual sea mala. Los actos son intrínsecamente malos: carecen de los significados básicos para realizar la comunión de personas por medio de la sexualidad. En cambio, la persona no es mala por sentir esa inclinación. Al decir que los actos homosexuales son malos tampoco estamos discriminando a nadie. En efecto, los significados de la sexualidad son objetivos y válidos para todos, igual que una lengua tiene la misma gramática para todos. Lo que se pide a la persona que experimenta inclinaciones homosexuales es lo que se pide a todos: vivir la castidad en el propio estado. Es verdad que esta persona puede sentir mayor dificultad subjetiva para esto, según la fuerza de esta inclinación desordenada. Por eso se requiere una ayuda próxima y comprensiva por parte de la comunidad eclesial.
16 ¿El amor es exclusivo, o podemos enamorarnos de dos personas al mismo tiempo?
Hay enamoramientos que parecen suceder de golpe, sin que nos demos cuenta. Por eso se habla de amor a primera vista. Al dios pagano Cupido, responsable de estos amores, se le representa como un niño con alas, armado con una flecha que traspasa los corazones de los amantes. Se sugiere así la idea equivocada de que el enamoramiento sucede sin que podamos hacer nada. Afortunadamente no es así: el amor no prescinde de nuestra libertad. Podemos sentir gusto en la presencia de otra persona y en el trato con ella. Pero esto no es directamente signo de un amor verdadero. Por eso se puede sentir hacia varias personas. La cosa cambia cuando nos implicamos personalmente en el amor para construir una intimidad común, viviendo el uno para el otro. Aquí se requiere apreciar que la otra persona es única, en su cuerpo y en su espíritu. Por eso se experimenta una progresiva exclusividad en ese amor. Ya no se puede tener de igual modo hacia dos o más personas.
Cuando creemos que estamos enamorados no podemos concentrarnos solo en la intensidad de nuestro sentimiento. Estos pueden cambiar con rapidez e incluso apagarse. Lo que determina un amor verdadero no es solo la fuerza del sentimiento, sino la intención de “vivir para el otro”. Por tanto, enamorarse no es algo que simplemente “me sucede” pasivamente. Es un proceso por el que la otra persona se va convirtiendo poco a poco en un fin de mi vida (y así, en una vocación). No es un mero instante que fascina, sino una llamada, cuya respuesta requiere la madurez interior y la fidelidad en el tiempo. El amor no depende de un momento de fascinación, sino de la respuesta voluntaria y libre que damos a una llamada. Al profundizar en el conocimiento de la otra persona se madura en la relación mutua y es posible construir una vida común, contenido propio de la promesa matrimonial.
17. Si el sexo es algo bueno, ¿por qué en la Iglesia hay gente que no se casa y consagra su virginidad a Dios?
Al hacerse hombre, Cristo inauguró un nuevo modo de vivir el camino de amor hacia el Padre, un nuevo modo de expresarse con el lenguaje del cuerpo, de vivir con plenitud también la sexualidad. Lo hizo así porque, para hacer eterno el amor, había que trasformarlo, hacerlo semejante a Dios mismo. Con este nuevo lenguaje Jesús pudo amar a los hombres totalmente, entregándose por todos, con nombre y apellido, con una entrega esponsal, única. Y dijo: “Tomad, esto es mi cuerpo” (Mc 14,22).
Las personas que se consagran y viven virginalmente en la Iglesia, siguen este modo de vivir de Jesús. Pueden vivir así porque participan de Cristo y reciben su llamada singular. Recuerdan a todas las parejas pasadas que su amor viene de Dios y que tiene que caminar siempre hacia Dios. Nos enseñan a ver la meta del amor, más allá de la muerte, en el abrazo del Padre misericordioso. Vivir virginalmente no es una renuncia del cuerpo. Al contrario, este amor se vive también en el cuerpo, y se vive como hombre y mujer. Es más, la persona consagrada nos enseña a ver la gran dignidad del cuerpo: es capaz de entregarse totalmente a Dios, de hacerle transparente en el mundo, de hacer vivo su amor divino. Entendemos así que el amor de Dios no es abstracto, sino real y concreto, que toca nuestro corazón de carne y lo llena, que nos hace capaces de vivir totalmente entregados a Él.
18. ¿No es excesivo un amor para siempre?
Parece imposible que dos personas que no son eternas prometan un amor eterno. Y, sin embargo, no hay un enamorado que, cuando se declara a su enamorada, no diga que el suyo será un amor “para siempre”. El sentimiento puede cambiar, la atracción física disminuir; pero el amor, recordemos, llega más hondo que las atracciones y sentimientos. Es como la corriente profunda que empuja el agua del torrente hacia el mar, el último destino de la persona. Solo cuando miran a este destino, los enamorados sienten vibrar la promesa de algo más grande, y se hace posible amar para siempre. Es que en ese destino, que está inscrito en la persona, se percibe algo eterno.
Para amar para siempre debemos entonces reconocer lo que hay de eterno en la otra persona: su nombre, su historia, su destino. Sin la ayuda de Dios y de su amor, que se manifiesta también mediante la relación con la familia, los amigos y la misma Iglesia, es imposible tener fe en esta promesa de eternidad. Alguien preguntará: ¿no dejamos de ser libres cuando decimos para siempre? ¿no es mejor vivir sin compromisos? Pero sucede justo al revés. Para decir “para siempre” hay que tener el futuro en las manos. El que no puede prometer, ese vive solo en el presente estrecho, no tiene espacio para moverse, el futuro no es suyo… no es libre. No puede proyectar el mañana ni soñar en dar fruto. Solo tiene un camino quien no cambia de horizonte. La promesa de eternidad que vive en el amor, requiere ser mantenida paso a paso. El “para siempre” que lleva dentro de sí se juega en el “día a día”, construído con la paciencia y el perdón.
19. Si estamos sinceramente enamorados, ¿por qué no entregarnos sexualmente antes del matrimonio?
La sexualidad es una dimensión propia del amor entre el hombre y la mujer, pero no todas sus expresiones son justas: todo depende de la verdad del amor que expresan. Todo depende de la verdad del amor que expresen. Comprendemos fácilmente que no basta con “gustarse” para realizar un acto sexual con otra persona. Es que la verdad de tal acto no es “gustarse juntos” sino formar una vida en común. Por eso la verdadera unión sexual con el otro exige una comunión de personas: es la entrega real y definitiva de “vivir para el otro”. Por eso, antes del matrimonio, las manifestaciones afectivas y sexuales deben respetar la verdad de un don recíproco, que no se ha dado todavía en plenitud. Si realizo el acto conyugal sin haber dicho a la otra persona un “sí para siempre”, entonces estoy mintiendo con mi cuerpo. Mi sexualidad expresa algo (te amo para siempre) que no quiero de verdad decir a la otra persona. La experiencia enseña que las relaciones prematrimoniales no hacen más estables a los matrimonios, sino al revés. La razón es que enturbian gravemente el sentido de entrega propio de la sexualidad humana.
20. ¿No impone el matrimonio demasiadas normas y responsabilidades, todas a la vez?
Para amar, hay que abandonar el individualismo. Si esto no ocurre, entonces el matrimonio es solo una convivencia satisfactoria, en que importan sobre todo los deseos subjetivos de quienes conviven: mis gustos, mis ideas de la vida, mis proyectos. Pero entonces, cuando llega una desilusión, o la frustración ante dificultades, se descubre lo frágil que es el vínculo. Pero el matrimonio es mucho más que dos personas que se unen para conseguir cada uno su propia felicidad. El matrimonio es una comunión de dos personas. Su grandeza es que cada esposo vive “para otro”, y por eso puede realizar un plan que supera los deseos de los dos amantes. Hay algo más grande, un “nosotros” común, una historia juntos: ambos dicen “sí” al bien de la comunión entre ellos. Y ahora la medida de la unión ya no son los deseos subjetivos de cada uno. Lo que les une es la grandeza de una promesa que han visto en la otra persona y les supera a los dos: perciben en su amor una promesa de Dios hacia ellos. Por eso, el contenido del matrimonio no queda al capricho de los esposos, sino que obedece a un plan de Dios al que consienten el día de su boda. Y ahora no solo se prometen el amor que sienten: dicen “sí quiero” a lo que Dios les promete, con toda su grandeza y sus exigencias. Por eso la “comunión de personas” nunca se acaba en la simple situación de estar juntos, sino que requiere la promesa de una “íntima comunidad de vida y amor” (Gaudium et spes, n. 48).
21. Si el amor entre el hombre y la mujer es algo natural, ¿por qué hace falta casarse por la Iglesia con un sacramento?
El primer milagro de Jesús tiene lugar en las bodas de Caná (Jn 2, 1-11). Dos esposos estaban celebrando su matrimonio cuando se acabó el vino. Entonces Jesús quiso hacerles un regalo, el regalo de su amor, de su gozo. Para ello les pidió algo humilde (el agua) y la convirtió en algo mejor, en aquello de lo que tenían necesidad (el vino). Aquello que ocurrió en Caná es lo que sucede cuando celebramos un sacramento como el matrimonio. Jesús, para hacer el regalo de su vino, pide a los esposos que le presenten el agua de su amor humano, la entrega que se hacen el uno al otro, el “Sí” que se intercambian. Jesús toma este amor tal como es para hacerse presente en él, para hacerlo signo del amor que le une con su Iglesia. El don que reciben los esposos es su bendición, su fuerza, su amor divino, el único capaz de sostener el amor que les une. Por eso es muy importante que nos casemos en la Iglesia de Cristo: porque solo si llevamos ante Él nuestro débil amor, podemos amar a la otra persona como Él nos ha amado.
22. ¿Por qué dos esposos que se dan cuenta de que se han equivocado no pueden divorciarse?
Cuando nos equivocamos, cosa que sucede a menudo en la vida, es necesario corregirse: en el trabajo, en el familia, en la sociedad. Sin embargo, con el amor, las cosas son distintas. Si dos personas se aman y deciden casarse, su elección no puede tener fecha de caducidad. Nadie dice “te amo hasta el 30 de Junio” o “te amo los viernes por la tarde.” El amor se alimenta de una fidelidad que requiere permanencia por encima de las pruebas.
Es imposible hablar del amor entre esposos sin asumir su continuidad en medio de las dificultades, “en la prosperidad y la adversidad, en la salud y en la enfermedad”. La entrega conyugal es incondicional. Esta entrega no puede cuestionarse, sino que encuentra en las pruebas la posibilidad de manifestar su verdad. Cuando lleguen los problemas tenemos que pensar: no nos hemos equivocado al amar, ni cuando elegimos entregarnos, sino que hemos de seguir amando de un modo que responda a estos acontecimientos concretos de la vida, que nos vienen sin elegirlos nosotros. Las dificultades de la convivencia, en especial cuando se sufre la infidelidad del otro cónyuge, son motivo de grandes sufrimientos que hacen difícil o incluso imposible continuar viviendo juntos. Es aquí donde el cristiano sabe que experimenta una fidelidad mayor que sí mismo: es la fidelidad de Cristo a la Iglesia. Cristo es fiel aunque el hombre sea infiel. Por eso el cristiano, aun abandonado injustamente, encuentra sentido en su fidelidad plena al compromiso adquirido, que excluye cualquier tipo de unión posterior mientras viva el otro cónyuge. La gracia del sacramento le permitirá descubrir este sentido y convertirlo en fuente de vida y de perdón. Un amor que perdona es un amor que permanece y descubre la fuente del amor eterno de Dios (1Co 13,8).
23. ¿Es posible considerar modelos de familia diversos del “tradicional”?
A veces los problemas en la familia son tan grandes que parecen insuperables: la música del amor parece que se ha apagado, o nos cuesta perdonar las ofensas recibidas… En estos momentos debemos recordar que lo que nos une como familia es algo más grande que nosotros mismos y nuestros problemas. Aquello que une a los esposos, su bien común, es más importante que el bien de cada uno tomado individualmente. En vista de tal bien merece la pena seguir adelante. En todo caso, la solución nunca es echar todo el pasado por la borda y empezar de cero: la vida del hombre no se puede “reinventar” cada vez que las condiciones son desfavorables.
Los problemas que afectan a la intimidad de las personas no se resuelven con soluciones técnicas a lo que es en verdad una cuestión personal, que pone en juego la felicidad y libertad humanas. En concreto, hay que rechazar la imagen de una “familia a la carta” como solución a los problemas familiares. La construcción de una familia es la formación de una comunión de personas que cuenta con un plan trascendente, más allá de las simples decisiones humanas. Esto hace estables e incondicionales las relaciones familiares, que son soporte imprescindible para la madurez personal y base de la sociedad. No se puede pretender igualar la realidad de una familia fundada en el auténtico matrimonio con otro tipo de uniones que dependen solo del deseo subjetivo de las personas.
Considerar distintos “modelos familiares” es ignorar la relación entre los deseos humanos y la plenitud de vida que ofrecen. En estos modelos familiares “alternativos” el deseo de las personas no comparte todos los bienes de la unión matrimonial y no garantiza ninguna estabilidad, lo cual daña tanto a los que constituyen este núcleo familiar “alternativo”, como a la sociedad. El don de la estabilidad, la educación inicial de los hijos y la acogida de las personas que ofrece la familia son bienes que deben ser apreciados por el Estado y reconocidos como el fundamento de las políticas familiares, por la aportación inmensa que las familias ofrecen a la sociedad. Solo la familia con su estabilidad garantiza de hecho un verdadero progreso social.
24. Si el amor humano es en sí algo tan bueno, ¿por qué no basta un matrimonio civil?
Sabemos que el amor humano es muy frágil, su lenguaje nos es oscuro y el camino al que nos conduce es difícil de seguir. Por eso es importante que el hombre y la mujer pongan delante de Cristo su promesa: solo de este modo, como en Caná, Él recibirá el don de los esposos y lo hará crecer, trasformándolo en algo mejor, más fuerte. En el matrimonio religioso el hombre y la mujer piden a Jesús participar de la fuerza de su amor, el mismo amor que le ha permitido sacrificarse hasta la muerte. Este es el regalo que marido y mujer reciben de Cristo el día de su boda: la misma caridad de Jesús, ese amor que le hizo entregarse hasta la muerte. Ese amor es el Espíritu Santo (Rom 5,5), que se derrama sobre hombre y mujer en el matrimonio. Ahora se pueden amar con caridad conyugal, su amor se transforma en el vino del amor de Cristo. En el sacramento los esposos se aman como Cristo les ama. Desde Cristo descubren que son acogidos, amados, perdonados. Además, a través de Cristo su amor se hace fecundo en vida eterna: ya no entregan a sus hijos solo la vida de la tierra, sino también una vida hacia el cielo. Se hacen instrumentos por los que Dios transmite su paternidad divina.
25. ¿Existe un momento justo para tener hijos y un momento en el que conviene cerrarse a la posibilidad de la procreación?
Nadie desea una vida infecunda. Encerrarse en los propios intereses y conveniencias es el mejor modo de arruinar la propia vida. Pero no es fácil vivir la fecundidad, que requiere gran madurez interior: estar dispuesto a una nueva entrega más allá de lo que uno controla o domina. Por eso la fecundidad es una dimensión del amor que no depende de las meras decisiones humanas o de un criterio nuestro subjetivo y no puede ser guiada solo por nuestros deseos. Contraer matrimonio supone entonces estar dispuestos, en condiciones normales de salud y de edad, a recibir hijos de Dios. La disposición inicial a tener hijos se vive dentro de unas circunstancias concretas, en que los cónyuges son responsables del bien común de toda la familia. La posibilidad de recibir un hijo de Dios se ha de vivir según esta responsabilidad. Es aquí donde los cónyuges pueden juzgar si conviene o no una nueva concepción. Es un juicio que corresponde solo a los esposos ante Dios, teniendo en cuenta los motivos graves asociados a la grandeza de recibir una nueva vida. Este juicio práctico, aunque a veces pueda ser negativo, no es una cerrazón a la vida, ya que no quita la disposición a aceptar el juicio de Dios, Señor de la vida. Solo Él puede decidir en última instancia acerca de la existencia de un nuevo ser. Por eso la paternidad responsable puede juzgar que no es conveniente un nuevo embarazo, pero no puede decidir que no quiere de ningún modo que un hijo venga al mundo. Esto sí sería una decisión anticonceptiva, cerrada a la vida.
26. ¿Por qué debemos estar abiertos a la procreación?
La procreación es uno de los significados propios del amor conyugal que no puede ser nunca negado. Pues los esposos, en cada acto, se comunican totalmente, tal y como son, incluyendo también el don de la fecundidad. Cuando no quiero donar esto a mi cónyuge no me estoy entregando del todo.
“La posibilidad de procrear una nueva vida humana está incluida en la donación integral de los esposos. [...] De este modo no solo se asemeja al amor de Dios, sino que participa de él, que quiere comunicarse llamando a la vida a personas humanas. Excluir esta dimensión comunicativa mediante una acción que trate de impedir la procreación significa negar la verdad íntima del amor esponsal, con la que se comunica el don divino” (Benedicto XVI).
Este significado procreativo se fundamenta en el lenguaje del cuerpo y no es una mera intención de los cónyuges, sino la expresión de su amor, que se manifiesta mediante el acto conyugal. Por eso un acto sexual entre los esposos al que intencionadamente se priva del significado procreativo, no se puede considerar conyugal, y es por tanto inmoral. Del mismo modo que tampoco es verdadero acto conyugal uno que se impone a la otra persona contra su voluntad, pues se suprime ahora el otro significado del acto: la unión de amor entre los esposos. La realidad del cuerpo impide la reducción de la fecundidad a una mera intención genérica o global en la existencia. Esta se hace presente en toda donación corpórea. Por eso no basta estar abiertos a la vida en general, y luego realizar actos anticonceptivos; igual que no basta tener una actitud general de aprecio por la verdad, si luego en ocasiones decimos una mentira.
Esta dimensión de la fecundidad no se manifiesta solo en la procreación, sino también en la educación de los hijos. La persona humana no se produce, sino que se engendra, y la educación es la expresión continuada de la generación humana. La paternidad responsable significa custodiar y educar a los hijos hasta que alcancen la madurez suficiente para encontrar su propia vocación al amor.
27. ¿Por qué no acudir a los distintos anticonceptivos? Las técnicas de planificación natural de la fertilidad, ¿no son acaso unos anticonceptivos permitidos?
Las técnicas anticonceptivas privan deliberadamente al acto conyugal de su dimensión procreativa. Los esposos que los usan han decidido renunciar a su fecundidad, a través de un acto intrínsecamente malo, contrario a la verdad de su amor conyugal. Pero supongamos otro caso distinto: dos esposos prevén que un acto sexual será fecundo y juzgan responsablemente que no es conveniente concebir un hijo. Por eso consideran inconveniente el acto y no lo realizan. Ahora no se trata de un acto anticonceptivo, porque los esposos no actúan contra ninguno de los significados de su amor conyugal. Por el contrario, estamos ante un ejercicio de responsabilidad dentro de una disposición real de apertura a la vida. He aquí, la diferencia fundamental entre las técnicas anticonceptivas y los métodos naturales: los unos manipulan el significado del acto conyugal, los otros favorecen la acción responsable de los esposos. La diferencia es de contenido y no ligada al hecho de que unos son artificiales y otros naturales. Los unos son inmorales, los otros pueden ser aceptados.
28. El aborto, ¿no puede ser considerado en algunos casos límite, un mal menor?
Un acto es moralmente malo porque daña a la persona que lo comente. Más allá de sus consecuencias o de la intención subjetiva, el aborto es el homicidio de un inocente y el que lo realiza se convierte en un homicida. Por eso la gran víctima del aborto es la mujer que elige hacerlo. Es ella la que necesita más ayuda para sanar la herida terrible del mal cometido. El aborto no es nunca un mal menor. Llegar a comprender las razones de quien quiere abortar no impide desenmascarar los falsos argumentos con los que se intenta justificar el mal. Los cristianos deben ayudar a cada persona, a través de un ejercicio de verdad, a reconocer su culpa y a recibir la misericordia de Dios. La Iglesia no solo lucha por defender el derecho del más débil, del no nacido; sino también por ayudar a las madres que tienen dificultad para llevar adelante a sus hijos; y por “sanar” a las que han abortado, ayudándolas en el difícil camino de arrepentimiento y reconciliación.
29. Si no se tienen hijos y se desean mucho, ¿por qué no recurrir a las técnicas de reproducción asistida?
El deseo de paternidad de cada pareja de esposos es siempre lícito, justo y bello. Un hijo, sin embargo, es algo más que un deseo, es algo demasiado precioso para que pueda depender solo de una decisión personal. Al hijo no podemos desearle como se desea un objeto, que se consigue a base de esfuerzo o dinero. La única forma de recibir un hijo es acogerle en toda su dignidad personal. Las técnicas de reproducción asistida siguen una lógica productiva: eliminan cualquier producto (hijo) defectuoso, congelan los embriones, investigan sobre ellos y destruyen aquellos que no se consideran convenientes. Esto es, obran de modo contrario a la dignidad personal.
Solo se puede recibir a un hijo como un don de Dios. Así lo recuerda Eva, la primera mujer, la primera madre de la historia: “He concebido un hijo con la ayuda de Dios” (Gén 4,1). Por eso no puede decirse que los cónyuges “tengan derecho” sobre una persona, sino que se han de disponer a recibirla con el agradecimiento de un don. Lo contrario se opondría a la dignidad del hijo. La Iglesia conoce bien el sufrimiento de los esposos que no pueden tener hijos. Les ayuda informándoles de los medios lícitos para tenerlos y liberándoles del deseo de procrear “a toda costa”, invitándoles más bien a descubrir su fecundidad dentro del plan de Dios. La Iglesia les hace ver la fecundidad dentro del plan de Dios, que también se puede vivir por la adopción, la acogida o la entrega generosa en el cuidado de la infancia.
30. Si el amor es cosa de dos, ¿por qué, para casarnos, es necesario una celebración pública?
Nuestra vida se apoya siempre en otros, los necesita, como necesitamos oxígeno para respirar. Necesita sobre todo a Dios, que sostiene el amor, lo hace durar y le permite crecer. Por esto tenemos necesidad de una celebración pública: porque en el rito religioso se manifiesta la petición de ayuda a aquellos que nos ayudarán a construir el amor. Es la ayuda de nuestras familias, de nuestros amigos, de la sociedad. Es la ayuda de Dios, que nos promete su presencia.
El amor de los esposos tiene una dimensión social. Solos no pueden amarse. El amor que sienten lo han aprendido en una familia, y con su familia construyen la sociedad. Por eso su amor no es algo privado, que solo les concierna a ellos. Al entrar en la Iglesia, el amor de los esposos pide ayuda, reconoce necesitar apoyos: los de otras familias, los de la sociedad, de la comunidad creyente, de Dios. La Iglesia, en la liturgia, dice a los esposos algo importante: “no estáis solos. Yo os ofrezco un lugar en el que construir vuestro hogar. Yo os abro a una gran familia para que os apoyéis en ella para fundar la vuestra. Solo así podréis vivir plenamente vuestro destino de amor y acoger los dones que Dios os dará.”
Y, a la vez, en esa liturgia, los esposos se preguntan: ¿qué podemos hacer nosotros por la Iglesia? La construiremos en lo pequeño, en el día a día, con el testimonio de nuestro amor y trabajo. Haremos de nuestra vida una liturgia, de nuestro hogar un templo donde oramos y enseñamos a nuestros hijos a orar, de nuestro trabajo una alabanza al Señor, fuente de todo bien. Seremos una pequeña iglesia, una iglesia doméstica.
Preparado por el Instituto Pontificio Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia
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¿Puede un protestante ser padrino de confirmación?
Vivo en una ciudad donde hay una convivencia religiosa muy sana entre católicos y protestantes. Mi pregunta es la siguiente: ¿se puede ser padrino de confirmación para un niño católico siendo protestante? Me preguntaron y la verdad que no supe que decir. Hay algunos casos donde el sacerdote permitió esta situación, pero a mí no me queda tan claro.
Le agradezco su tiempo, saludos y bendiciones.
Me parece muy buena y positiva la convivencia entre católicos y protestantes.
Pero en cuestiones de fe hay un largo trecho para recorrer hacia la unidad.
Compartir sacramentos no favorecería el ecumenismo, sino que lo entorpecería, ya que no sería sincero: la comunión en los sacramentos, sin comunión en la fe que el sacramento expresa, sería un gesto vacío, mentiroso, no sólo carente de valor sino realmente negativo. Al padrino le corresponde procurar que el confirmando se comporte como verdadero testigo de Cristo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al sacramento ( cfr. Canon 892 del Código de Derecho Canónico).
Creo que con esta breve explicación, te he contestado. Ser padrino supone un compromiso de acompañar al ahijado en el camino de su fe: mal podría acompañarlo quien no la comparte plenamente. El padrinazgo no es una cuestión social (una especie de premio a amigos o familiares, una distinción o muestra de afecto), sino una institución religiosa unida a los sacramentos. Entre otras condiciones, el Código de Derecho Canónico en el canon 874, exige que el padrino sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el santísimo sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir. Por tanto, un protestante no puede ser padrino en la confirmación de un católico.
Esto no quita puedan compartir amistad, deporte, política, excursiones y un largo etc., ya que no se trata de una cuestión personal, sino de respetar el sentido de las cosas y ser congruentes con la propia fe.
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Meterse en la Escritura de la mano de San Josemaría
Hoy me atrevo a postear la homilía que prediqué el sábado 25 de junio en la Parroquia de San Juan Bosco (San Isidro) en la festividad de San Josemaría.
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En los últimos meses el Santo Padre en dos ocasiones, se ha referido a San Josemaría como uno de los grandes santos que son punto de referencia en la historia de la Iglesia. De ellas nos serviremos, para esta celebración de su fiesta.
En el pasado mes de marzo, en un discurso a la penitenciaría apostólica sobre la confesión, se refería a grandes confesores de la historia, invitando a “la fiel y generosa disponibilidad de los sacerdotes para escuchar de las confesiones, con el ejemplo de los grandes Santos de la historia, desde San Juan María Vianney hasta san Juan Bosco, desde san Josemaría Escrivá a san Pío de Pietralcina, desde san José Cafasso a san Leopoldo Mandić, nos indica a todos nosotros cómo el confesionario puede ser un “lugar” real de santificación”. Como uds. no son sacerdotes, no me detendré a proponérselo como ejemplo de confesor… aunque sí de apostolado del sacramento de la alegría, como lo llamaba San Josemaría.
La otra —y en esta sí que nos detendremos— es en la Ex. Ap. Verbum Domini, cuando –hablando de la recta interpretación de la SE- señala la importancia de considerar la vida de los santos, ya que son quienes han vivido la Palabra divina en plenitud. Y, para ejemplificar esto, constataba que –de hecho-, y son sus palabras, “las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia, han surgido en relación con la Sagrada Escritura”. Entonces el Santo Padre –seguramente sin pretender hacer un elenco exhaustivo de cuáles son a su juicio esas espiritualidades que marcaron la historia de la Iglesia, señala 16 grandes santos de toda la historia -los puntos de referencia fundamentales, santos de la talla de San Benito, San Francisco de Asís, Santo Domingo, San Ignacio de Loyola, el cura de Ars-; entre ellos, cinco del siglo XX, con su respectivo papel: San Josemaría –y su predicación de la llamada universal a la santidad—, el Padre Pío –y su ser instrumento de la misericordia divina- y la Beata Teresa de Calcuta -misionera de la caridad de Dios para con los últimos, junto a dos mártires (el siglo XX fue el siglo con más mártires de la historia).
En un contexto menos solemne, encontramos una nueva llamada a seguir sus consejos en lo referente a la búsqueda de Jesús en el Evangelio, en la Audiencia del miércoles Santo, dirigiéndose a los participantes del UNIV, allí presentes, citando el punto 2 de Camino.
No cito estas recientes referencias magisteriales con intención estadística, sino para —además de agradecer a Dios—recoger estas llamadas del Magisterio, y concretarlas para nosotros, de manera que esta celebración de San Josemaría nos ayude personalmente en nuestro camino de santidad.
A la luz de las palabras del Santo Padre, consideremos el papel que la Palabra de Dios tuvo en la vida de San Josemaría y el que debería tener en la nuestra. Veamos algunos puntos de su amor y vivencia de la Sagrada Escritura, con la intención de seguir sus huellas.
Imitar, copiar, sin peligro de ser acusados de plagio. Imitar y copiar, no sirve si se reduce a lo exterior —la formalidad de repetir algo hecho por otro—; pero que es muy valioso, si se copia con adhesión interior, encarnando, haciendo propio, viviendo lo que se copia según la propia interioridad. Porque entonces es vivencia personal y no copia.
Así viviremos en nuestra vida, personalmente, lo que aprendemos de la suya. Así nos enriquecemos con modos y vivencias de los santos.
Cuando leí en la Ex. Ap. Verbum Domini que no era una casualidad que las grandes espiritualidades que han marcado la historia de la Iglesia hayan surgido de una explícita referencia a la Escritura, y la referencia explícita a San Josemaría, de repente vino a mi cabeza una expresión muy de Scott Hahn: ¡bingo! Es decir, claro, obvio, aunque hasta ese momento no lo hubiera visto así de claro. Y pasaron por mi mente luces que recibió de Dios nuestro Padre, cada una con textos de la Escritura. Santificación del trabajo y el ut operaretur del Génesis; la filiación divina y el Abba Pater de la oración en el huerto; locuciones que perfilaron el espíritu del Opus Dei: et ego si exaltatus fuero a terra omnia traham ad meipsum (cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí), inter medium montium, pertransibunt aquae (a través de los montes las aguas pasarán), y un larga lista de locuciones divinas. En efecto, Dios le hablaba con la Sagrada Escritura, mostrándole esos pasajes con luces nuevas.
Todo el espíritu del Opus Dei –como toda la vida cristiana- procede de la Escritura. A modo de resumen, nuestro Fundador, decía que era “viejo como el Evangelio y como el Evangelio nuevo”. Viejo, auténtico, original, salido de los divinos labios y de la vida de Cristo hace dos mil años. Nuevo: actual, vivo, vivificante, porque Cristo está vivo, renovando todas las cosas.
La fuerza vital que realizó la santidad de San Josemaría y llenó de eficacia su apostolado, fue la gracia. Gracia divina, que le llegó por los cauces ordinarios: el pan y la palabra. Los sacramentos –sobre todo la Eucaristía— y la Palabra de Dios. Lo suyo fue una respuesta generosa, pero la santidad la da Dios, no la conseguimos los hombres.
Amaba profundamente la Palabra de Dios, porque amaba a Dios. En su relación con la Biblia, no era un teórico, ni pretendía pasar por erudito de la exégesis. Su vivencia y predicación de la misma, lo coloca en línea directa con los Padre de la Iglesia, como bien ha subrayado conocidos teólogos.
Su vida interior, su oración se alimentaron y vivieron de la Palabra divina.
Encontró su alimento en la lectura y meditación del Evangelio (no más tiempo del que estipuló en el Opus Dei para todos sus hijos). En la liturgia: la Liturgia de la Palabra de la Misa y el rezo de la Liturgia de las Horas eran fuente para su vida interior. Las luces divinas encendían su alma, lo sostenían, iluminaban, surgían básicamente de allí; y las recogía cuidadosamente en fichitas, para que no se les perdieran y poder transmitirlas.
Su predicación, está llena de la Sagrada Escritura, acudía a ella como fuente de vida. Confiaba en su fuerza transformadora, por eso era la base de su predicación. Con gran capacidad de síntesis, encontraba en dos o tres palabras, que resumían, llenas de luz, horizontes de vida cristiana: con un sencillo erat subditus illis (les estaba sujeto), mostraba la esencia de la obediencia, con un omnia in bonum (así resumía Rom 8,28) nos llevaba a confiar en la Providencia de nuestro Padre Dios.
Confiaba plenamente en la eficacia sobrenatural de la Palabra divina.
En la Audiencia General del último miércoles Santo, Benedicto XVI, citaba a los participantes del congreso UNIV el punto 2 de Camino, deseando que su cumpliese en sus vidas: “Ojalá fuera tal tu compostura y tu conversación que todos pudieran decir al verte o al oírte hablar: éste lee la vida de Jesucristo”.
Para esto, quisiera detenerme en consejo concreto que nos daba para acercarnos al Evangelio. Nos advertía que no nos acercásemos a la Sagrada Escritura como a un libro cualquiera; y nos recomendaba entrar, con todo nuestro ser y vida, en su trama viva.
Resumía su método —por llamarlo de alguna manera, ya que no era amigo de encasillar a las almas en métodos— de aproximación a la Escritura en cuatro palabras: Como un personaje más. Así era como nos invitaba a que nos metiéramos en el Evangelio como un personaje más.
Meterse, un expresión bien gráfica. Entrar, entonces ver, escuchar, sentir, en primera persona; pero no como un intruso, un espía que se asoma desde fuera para ver qué pasa –como quien espiara por el agujero de una cerradura-. Nos invitaba a introducirnos con pleno derecho a vivir ese suceso, como un personaje presente y activo en la escena.
En Amigos de Dios nos aconseja: “mezclaos con frecuencia entre los personajes del Nuevo Testamento. Saboread aquellas escenas conmovedoras en las que el Maestro actúa con gestos divinos y humanos, o relata con giros divinos y humanos la historia sublime del perdón, la de su Amor ininterrumpido por sus hijos. Esos trasuntos del Cielo se renuevan también ahora, en la perennidad actual del Evangelio: se palpa, se nota, cabe afirmar que se toca con las manos la protección divina” (Amigos de Dios, n. 216).
Es sus libros, nos lleva de la mano a hacerlo. En El Santo Rosario, lo hace de un modo muy didáctico y práctico: tu eres en aquella casa, lo que quieras ser: un amigo, un criado un vecino…
No es cuestión de imaginación: sino una puerta de acceso al mundo divino. En el ámbito temporal con la imaginación podemos vivir muchas cosas, pero no dejan de ser fantasías. Cuando se aplica, en la fe, a vivir en el Evangelio, se trata en cambio de algo real: se vive con Cristo su vida. Lo que vivo, eso que sucede en la quietud de mi alma entre Jesús y yo, no es algo que sólo imagino. Es el punto de encuentro existencial con Dios.
Entonces, el Evangelio cobra vida, un personaje real se añade a la escena: yo mismo. Como soy, con toda mi carga existencial —que es distinta cada día—, viviendo la escena como si la hubiera vivido entonces; pero no la vivo entonces –un suceso pasado-, sino que la vivo ahora. Me meto allí con toda mi vida, y así no sólo entro en la vida de Jesús, sino que al mismo tiempo lo meto en la mía. Soy un personaje más en el Evangelio, Jesús es un personaje más en mi vida.
Esto es posible, porque la Palabra de Dios es viva: es eterna. Es Dios mismo: el Verbo. Entro en la eternidad de Dios, donde vivo ese suceso de la vida de Cristo, y el eterno presente de Dios, se hace hoy, aquí y ahora, en la temporalidad de mi oración. Conecto con su vida a través de su Palabra –que es divina-, vivificante, actualizada por la acción del Espíritu Santo, del que soy Templo.
Tenemos una escuela en sus escritos, por ejemplo en las homilías recogidas en Es Cristo que pasa y Amigos de Dios.
Ese vivir inmersos en la Palabra de Dios, nos hará necesariamente apostólicos: éste lee la vida de Cristo. La vida interior requiere intimidad, pero no es intimista: no se cierra entre nosotros y Dios, sino que se abre a todas las almas. Receptores de la Palabra de Dios, transmisores de la misma. En nuestras vidas deben encontrar el Cristo del que vivimos.
Seamos buenos hijos e hijas, alumnos y herederos de su escuela de oración. Vivamos la Palabra divina y vivamos de ella. Alimentemos así nuestras almas, iluminemos nuestra vida. Encontraremos la fuerza y la vida divina. Así responderemos con generosidad y fidelidad al querer de Dios y seremos los apóstoles que Dios quiere que seamos. Quienes estén cerca, podrán decir éste o ésta lee la vida de Cristo, y se sentirán atraídos por la vida del Señor. Entonces, la autenticidad y la madurez de nuestro encuentro con Cristo se manifestará en nuestro apostolado.
La Virgen. En Ella, el Verbo se hizo carne. San Juan se refiere con estas palabras a la Encarnación. Pero pienso que también podemos aplicarlas, en un sentido más general a toda la Palabra divina, que se hizo vida en la vida de María. Y la hizo Madre de todos, porque a todos alcanzó esa vida que nació de Ella.
Que nuestra Madre, nos acompañe, en este empeño de vivir de la Palabra de Dios, como nos enseñó San Josemaría.
P. Eduardo Volpacchio
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Este tren pasa sólo una vez en la vida!
Te recomiendo ver la Web oficial de la JMJ 2011 en Youtube
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¿Desconocía Jesús el fin del mundo?
No entiendo este pasaje que dice:
“Pero de aquel día o de aquella hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.”
Según la doctrina de la Santísima trinidad, hay 3 Personas distintas y un solo Dios, una sola naturaleza divina, que es una y que por lo tanto, lo que conoce el Padre, lo conoce el Hijo y el Espíritu Santo. ¿No es así? ¿porque entonces, dice que no conoce la hora?
¡Gracias!
Jesús es una sola persona: es la segunda Persona de la Trinidad, que asumió la naturaleza humana, sin dejar de ser Dios.
Cuando decimos persona, nos referimos a Quién es, mientras que la naturaleza hace referencia a Qué es. El sujeto que actúa es Jesús, la Persona divina, que —una vez encarnada— es Dios y es Hombre. En Él, hay dos naturalezas: la humana y la divina: sin mezcla, sin cambio, sin confusión, sin separación.
La persona actúa según su naturaleza: es decir, Jesús actúa como Dios y como hombre.
En Él hay un conocimiento divino y un conocimiento humano (al que llega a través de los sentidos, de la inteligencia, y por la visión beatífica de la que goza).
Siendo que la que conoce es la persona —más allá de la fuente de su conocimiento—, podemos decir que Jesús no ignora nada que Dios sepa. Es decir, en Jesús no cabe la ignorancia ni el error.
Cuando dice no conocer cuando será el fin del mundo, se refiere a que no lo conoce en cuanto hombre; y sobre todo por que no lo conoce para revelarlo.
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Añado lo que enseña el Catecismo de la Iglesia al respecto:
El alma y el conocimiento humano de Cristo
471 Apolinar de Laodicea afirmaba que en Cristo el Verbo había sustituído al alma o al espíritu. Contra este error la Iglesia confesó que el Hijo eterno asumió también un alma racional humana (cf. DS 149).
472 Este alma humana que el Hijo de Dios asumió está dotada de un verdadero conocimiento humano. Como tal, éste no podía ser de por sí ilimitado: se desenvolvía en las condiciones históricas de su existencia en el espacio y en el tiempo. Por eso el Hijo de Dios, al hacerse hombre, quiso progresar “en sabiduría, en estatura y en gracia” (Lc 2, 52) e igualmente adquirir aquello que en la condición humana se adquiere de manera experimental (cf. Mc 6, 38; 8, 27; Jn 11, 34; etc.). Eso … correspondía a la realidad de su anonadamiento voluntario en “la condición de esclavo” (Flp 2, 7).
473 Pero, al mismo tiempo, este conocimiento verdaderamente humano del Hijo de Dios expresaba la vida divina de su persona (cf. S. Gregorio Magno, ep 10,39: DS 475). “La naturaleza humana del Hijo de Dios, no por ella m isma sino por su unión con el Verbo, conocía y manifestaba en ella todo lo que conviene a Dios” (S. Máximo el Confesor, qu. dub. 66 ). Esto sucede ante todo en lo que se refiere al conocimiento íntimo e inmediato que el Hijo de Dios hecho hombre tiene de su Padre (cf. Mc 14, 36; Mt 11, 27; Jn 1, 18; 8, 55; etc.). El Hijo, en su conocimiento humano, demostraba también la penetración divina que tenía de los pensamientos secretos del corazón de los hombres (cf Mc 2, 8; Jn 2, 25; 6, 61; etc.).
474 Debido a su unión con la Sabiduría divina en la persona del Verbo encarnado, el conocimiento humano de Cristo gozaba en plenitud de la ciencia de los designios eternos que había venido a revelar (cf. Mc 8,31; 9,31; 10, 33-34; 14,18-20. 26-30). Lo que reconoce ignorar en este campo (cf. Mc 13,32), declara en otro lugar no tener misión de revelarlo (cf. Hch 1, 7).
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JMJ Young Answers
http://www.arguments.es/proyectos/jmj
Se trata de una serie de videos en el que un grupo de universitario analiza los temas más controvertidos en la opinión pública acerca de la Iglesia Católica, para dar una respuesta personal en menos de dos minutos: aborto, divorcio, eutanasia, relaciones prematrimoniales, homosexualidad, celibato, abusos, sacerdocio femenino, las riquezas de la Iglesia…
Es el fruto del trabajo realizado por estudiantes universitarios con motivo de la JMJ 2011.
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Benedicto XVI sobre la dirección espiritual
Reviste gran importancia, en el contexto actual, el estudio que profundiza la espiritualidad cristiana a partir de sus presupuestos antropológicos. La preparación específica que proporciona esto, es especialmente importante porque hace idóneos y habilita la enseñanza de esta disciplina, pero constituye una gracia todavía más grande por el bagaje sapiencial que lleva consigo para el delicado deber de la dirección espiritual. Como siempre ha hecho, todavía hoy la Iglesia continúa recomendando la práctica de la dirección espiritual, no sólo a los que deseen seguir al Señor de cerca, sino para todo cristiano que quiera vivir con responsabilidad el propio Bautismo, es decir la vida nueva en Cristo. Todos, de hecho, y en modo particular los que han acogido la llamada divina para seguirlo más de cerca, necesitan ser acompañados por una guía segura en la doctrina y experta en las cosas de Dios; esta puede ayudar a defenderse de subjetivismos fáciles, poniendo a disposición sus conocimientos y experiencias en el seguimiento a Jesús. Se trata de instaurar la misma relación personal que el Señor tenía con sus discípulos, el especial lazo con el que Él les condujo, tras de sí, para abrazar la voluntad del Padre (cfr Lc 22,42), para abrazar, esto es, la cruz. También vosotros, queridos amigos, en la medida en la que seáis llamados a este deber insustituible, haced un tesoro de todo lo que habéis aprendido durante estos años de estudio, para acompañar a todos los que la providencia os confíe, ayudándoles en el discernimiento de los espíritus y en la capacidad de secundar los impulsos del Espíritu Santo, con el objetivo de conducirlos a la plenitud de la gracia “hasta alcanzar -como dice san Pablo- la medida de la plenitud de Cristo”(Ef 4,13).
Del discurso a la Facultad Pontificia Teresianum de Roma (19-5-11).
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¿Qué son los días de retiro espiritual?
| Los Cursos de retiro espirituales -en sus distintas modalidades- han sido utilizados durante siglos por los cristianos para mejorar su vida espiritual y resultan ahora particularmente necesarios por estar inmersos en una cultura caracterizada por la autosuficiencia y el olvido de Dios. En este artículo se realiza una rápida explicación de lo que son y para qué sirven, con el fin de que muchas más personas de las que hasta ahora lo hacen, puedan beneficiarse de este espléndido medio, tan práctico y oportuno hoy en día. |
¿De qué se trata?
Hacer unos Ejercicios Espirituales, un Curso de retiro, es una manera eficacísima de acercarse a Dios, una oportunidad estupenda para tratarle con paz, con mayor intensidad. Conocerle y conocernos con la luz que El nos da, de modo que ese conocimiento influya en nuestra vida, mejorándola, amando más a Dios y al prójimo. Muchas veces será el inicio de una sincera conversión.
Hay momentos en la vida en que es necesario pararse; épocas en las que hay un nuevo despertar, en las que surgen -con la fuerza de la primera vez-, pasiones e iniciativas, afanes nobles que necesitan un cauce; periodos en que las necesidades espirituales se agudizan, y se mira la vida cara a Dios, y uno se plantea las grandes cuestiones de todos los tiempos: ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuál es nuestro origen? ¿Cuál es nuestro fin? ¿De dónde viene y a dónde va todo lo que existe?
Muchas veces vamos por la vida como a galope. Más que ir nosotros, nos traen y nos llevan las cosas, las situaciones, las circunstancias. ¡Siempre con prisas! ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Para quién trabajo de esta manera?… ¡Que se detenga el mundo un par de días! ¡Necesito pensar! Pues bien, en cierto sentido un Curso de retiro hace realidad ese “milagro”.
En muchas ocasiones nos limitamos a actuar como dice San Josemaría Escrivá en el nº 837 de Camino: “¡Galopar, galopar!…¡Hacer, hacer!… Fiebre, locura de moverse… Maravillosos edificios materiales…
Espiritualmente: tablas de cajón, percalinas, cartones repintados… ¡galopar!, ¡hacer! —Y mucha gente corriendo: ir y venir.
Es que trabajan con vistas al momento de ahora: “están” siempre “en presente”. —Tú… has de ver las cosas con ojos de eternidad, “teniendo en presente” el final y el pasado… Quietud. —Paz. —Vida intensa dentro de ti. Sin galopar, sin la locura de cambiar de sitio, desde el lugar que en la vida te corresponde, como una poderosa máquina de electricidad espiritual, ¡a cuántos darás luz y energía!…, sin perder tu vigor y tu luz.”
La paz de unos días de retiro sirve para pensar con calma en lo importante, y poner un poco de orden en las ideas. Familia, trabajo, vida cristiana, amistades… ¿Está cada cosa en su sitio? ¿Tengo que redimensionar algún aspecto de mi vida?
Soledad, sosiego, silencio, serenidad. Vida interior
Buscar la soledad es una constante en la historia de la espiritualidad, porque en la soledad acontece con más facilidad el encuentro del alma con Dios.
“Siempre empiezo a rezar en silencio, porque es en el silencio del corazón donde habla Dios. Dios es amigo del silencio: necesitamos escuchar a Dios, porque lo que importa no es lo que nosotros le decimos, sino lo que El nos dice y nos transmite” (Beata Madre Teresa de Calcuta. Camino de sencillez).
Para oír la voz de Dios se necesita un ambiente apropiado. Un clima de silencio, de recogimiento interior, que facilite el diálogo personal con El. Hablarle y escucharle. Eso es la oración. Y en ese ambiente, podemos preguntarnos sobre el sentido de nuestra vida, y preguntárselo a Dios, que es quien nos la ha dado.
Retirarnos algunos días a un lugar solitario, para descubrir los valores del espíritu y ejercitarlos más en nuestra vida. Para ahondar hasta llegar a las raíces de lo que somos, de la grandeza y dignidad de ser y sabernos hijos de Dios. Para meditar sobre nuestro destino eterno.
“Distraerte. —¡Necesitas distraerte!…, abriendo mucho tus ojos para que entren bien las imágenes de las cosas, o cerrándolos casi, por exigencias de tu miopía…
¡Ciérralos del todo!: ten vida interior, y verás, con color y relieve insospechados, las maravillas de un mundo mejor, de un mundo nuevo: y tratarás a Dios…, y conocerás tu miseria…, y te endiosarás… con un endiosamiento que, al acercarte a tu Padre, te hará más hermano de tus hermanos los hombres.” (San Josemaría Escrivá, Camino, nº 283).
Pegas y excusas
Sin cesar aparecerán razonadas pegas y excusas para dilatar, o no hacer un Curso de retiro: “sería estupendo, lo reconozco, pero…” “no es que no quiera hacerlo, es que…” Siempre habrá algo urgente que nos impida encontrar tiempo para lo importante. Y unos días de retiro –procura que sean cada año- son muy importantes para tu vida. Las mayores dificultades son la pereza, no querer rectificar y evitar enfrentarse consigo mismo.
Piensa..¿No sientes que a tu vida -tan llena de ciertas cosas- le falta sentido? Querrías cambiar y, ¿no sabes cómo? Haz un Curso de retiro.
Meditaciones y charlas
El Curso de retiro consta de distintos actos de piedad, -charlas, meditaciones, etc.- y de muchos momentos de silencio dedicados al examen personal y a la oración.
En las meditaciones y charlas se suelen recordar las verdades fundamentales de la fe y de la moral cristiana, -de acuerdo con lo que el Magisterio de la Iglesia ha declarado doctrina segura-, para que nos lo apliquemos y mejoremos personalmente. Se procura que descubramos a Dios que se nos da a conocer en medio del trabajo, en la vida familiar o social, por la calle… que nos invita a participar de su felicidad, y que pide nuestra correspondencia.
En el Curso de retiro no se plantean temas discutibles. Por eso no vamos para opinar o a hacer debates; vamos a aprovechar el tiempo, a aprender y a adquirir la doctrina cierta, en la que se fundamenta la vida espiritual y de la que se desprenden los criterios prácticos de conducta.
Es posible que, en alguna ocasión necesitemos tratar con mayor detenimiento algún aspecto de las meditaciones o charlas, o que tengamos alguna duda que nos interese aclarar. Entonces, para no distraer la atención de los demás, con sencillez, podemos acudir en privado al sacerdote o a alguna de las personas encargadas de atender el Curso de retiro.
Santa Misa y Sacramento de la Reconciliación
En el Curso de retiro se celebra diariamente la Santa Misa, y tenemos la oportunidad de recibir al Señor. La Santa Misa es lo más importante en la vida de un cristiano; es “el centro y la raíz de la vida interior”. Porque es el mismo Sacrificio de la Cruz. Cuando se celebra una Misa, se hace presente lo que sucedió en el Calvario, aunque de una manera incruenta –sin derramamiento de sangre- y misteriosa.
Para vivir esta aventura estupenda de tanta intimidad con el Señor –lo tocamos, lo comemos, nos “endiosamos” al recibirle-, hay que estar en gracia, haber conseguido antes el perdón de nuestros pecados. Este es otro de los grandes dones que el Señor nos hace en el Curso de retiro.
Con la Confesión bien hecha, Cristo perdona los pecados. Cuanto mejor se confiesa uno, más gracia recibe y más se aproxima a El. Y acercarnos a Dios es encontrar la alegría y la paz. Por eso es muy importante aprovechar el sosiego y el recogimiento interior de esos días, para preparar y hacer una buena Confesión.
Visita al Santísimo y exposición con el Santísimo
En el retiro, se hace la Visita al Santísimo. Consiste en devolverle con todo cariño, esa visita que El antes hizo a nuestra alma, cuando le recibimos en la Comunión. Es un detalle de delicadeza humana y sobrenatural.
La ceremonia de la exposición con el Santísimo es sencilla y solemne, y mueve mucho a la piedad. Además de la estación a Jesús Sacramentado, se cantan diversos himnos, p.ej. Pange lingua (¡Canta, oh lengua!), Tantum ergo (Veneremos, pues) y Laudate (Alabad al Señor), cánticos antiquísimos y llenos de significado. Se termina con unos actos de desagravio a Dios y a sus santos.
Lectura espiritual, Vía Crucis y trato con María
Aprovecha el Curso de retiro para conocer mejor a Jesucristo, y así poder tratarle y quererle más. ¿Cómo? Ayudándote, en los ratos libres, de algún libro sobre su vida; o haciendo lectura meditada de los Evangelios, o del Catecismo de la Iglesia Católica.
Durante el Curso de retiro hará mucho bien a tu alma, dedicar todos los días algún rato a hacer el Via Crucis. Recorrer la vía dolorosa hacia el Calvario junto a Jesús, nos da la oportunidad de contemplar los dolores físicos y morales del Señor y, verlos como lo que realmente son, fruto de nuestros pecados, de los tuyos y de los míos. San Pablo lo explica con claridad cuando dice que cada vez que el cristiano peca, renueva la Pasión de Cristo. Por esta razón, la devoción del Vía Crucis nos ayuda a arrepentirnos de nuestros pecados, a pedirle perdón y a desear no volver a actualizar sus sufrimientos.
Busca modos personales para tratar a la Virgen. Es propio de buenos hijos querer mucho a su Madre, y demostrárselo con detalles de cariño. Algunos son tradición antiquísima de la Iglesia: como el rezo del Angelus y la Salve. Entre las oraciones y devociones que son más gratas a la Virgen, el rezo del Santo Rosario es, quizá, la más popular.
Hacer examen. Sinceridad. Propósitos de cambio
En el retiro te ayudará asistir a las meditaciones, charlas, lectura, etc., pero no basta con participar en estos actos, sino que lo fundamental y prioritario estará en examinar la conducta y la conciencia: repasar nuestra vida reciente y pasada, con relación a Dios y al prójimo.
El encuentro con Dios en esos días, consiste esencialmente en una sincera y profunda apertura del alma, que muestra la situación de la propia vida, la fe y la confianza en Jesucristo, el arrepentimiento de las culpas, la rectificación de la vida y las necesidades que agobian o pesan. Porque no es suficiente no desear ofender a Dios, sino que tenemos que llegar a quererle como se quieren los amigos de verdad. Si faltase la sinceridad, desaparecería la posibilidad misma de la intimidad con Jesús, que no puede hacer nada con la doblez, con quien se oculta, con aquella persona que no quiere abrirle de par en par su interioridad.
“Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida.” (S. Agustín, Las Confesiones).
Véncete, y trata de aprovechar bien los días de retiro, y vendrán los frutos: propósitos de cambio -grandes o pequeños- en algún aspecto de tu vida. Y con la gracia de Dios -y también, si queremos, con la ayuda del sacerdote- cambiar lo que haya que cambiar; mejorar lo que haya que mejorar. Después vendrá la vida ordinaria, en la que tendremos que poner por obra, luchando, lo que con la gracia de Dios hemos visto durante esos días.
Autor: Javier Martínez.
Este artículo está tomado de la Capellanía de la Universidad de Navarra
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Qué es la Cuaresma
Cuaresma: 40 días, 40 ideas del Papa
40 frases de los mensajes Benedicto XVI sobre la Cuaresma
(Tomado de www.opusdei.org)
1. Que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación [la confesión] y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. (2009)
2. El ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. (2009)
3. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que “ve en lo secreto y te recompensará” (2009)
4. Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de “no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal”, con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.(2009)
5. Ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una “terapia” para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. (2009)
6. Esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio.(2009)
7. La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. (2009)
8. Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios. (2009)
9. El ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos (…).Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. (2009)
10. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. (2009)
11. “Quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica” (San Pedro Crisólogo). (2009)
12. Que la Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en “tabernáculo viviente de Dios”. (2009)
13. La Cuaresma nos ofrece una ocasión providencial para profundizar en el sentido y el valor de ser cristianos, y nos estimula a descubrir de nuevo la misericordia de Dios para que también nosotros lleguemos a ser más misericordiosos con nuestros hermanos. (2008)
14. La limosna representa una manera concreta de ayudar a los necesitados y, al mismo tiempo, un ejercicio ascético para liberarse del apego a los bienes terrenales. (2008)
15. ¡Cuán fuerte es la seducción de las riquezas materiales y cuán tajante tiene que ser nuestra decisión de no idolatrarlas! (2008)
16. No somos propietarios de los bienes que poseemos, sino administradores: por tanto, no debemos considerarlos una propiedad exclusiva, sino medios a través de los cuales el Señor nos llama, a cada uno de nosotros, a ser un instrumento de su providencia hacia el prójimo.(2008)
17. Socorrer a los necesitados es un deber de justicia aun antes que un acto de caridad. (2008)
18. No hay que alardear de las propias buenas acciones, para no correr el riesgo de quedarse sin la recompensa en los cielos (2008)
19. La limosna evangélica no es simple filantropía: es más bien una expresión concreta de la caridad, la virtud teologal que exige la conversión interior al amor de Dios y de los hermanos, a imitación de Jesucristo, que muriendo en la cruz se entregó a sí mismo por nosotros. (2008)
20. Quien sabe que “Dios ve en lo secreto” y en lo secreto recompensará, no busca un reconocimiento humano por las obras de misericordia que realiza. (2008)
21. Cuando actuamos con amor expresamos la verdad de nuestro ser: en efecto, no hemos sido creados para nosotros mismos, sino para Dios y para los hermanos (2008)
22. Cada vez que por amor de Dios compartimos nuestros bienes con el prójimo necesitado experimentamos que la plenitud de vida viene del amor y lo recuperamos todo como bendición en forma de paz, de satisfacción interior y de alegría. El Padre celestial recompensa nuestras limosnas con su alegría. (2008)
23. La limosna, acercándonos a los demás, nos acerca a Dios y puede convertirse en un instrumento de auténtica conversión y reconciliación con él y con los hermanos. (2008)
24. Podemos aprender [de Cristo] a hacer de nuestra vida un don total; imitándolo estaremos dispuestos a dar, no tanto algo de lo que poseemos, sino a darnos a nosotros mismos. (2008)
25. Que María, Madre y Esclava fiel del Señor, ayude a los creyentes a proseguir la “batalla espiritual” de la Cuaresma armados con la oración, el ayuno y la práctica de la limosna (2008)
26. La Cuaresma es un tiempo propicio para aprender a permanecer con María y Juan, el discípulo predilecto, junto a Aquel que en la cruz consuma el sacrificio de su vida por toda la humanidad (2007)
27. En el misterio de la cruz se revela plenamente el poder irrefrenable de la misericordia del Padre celeste. (2007)
28. Miremos a Cristo traspasado en la cruz. Él es la revelación más impresionante del amor de Dios (…). En la cruz Dios mismo mendiga el amor de su criatura: tiene sed del amor de cada uno de nosotros. (2007)
29. El Todopoderoso espera el «sí» de sus criaturas como un joven esposo el de su esposa. (2007)
30. Sólo el amor en el que se unen el don gratuito de uno mismo y el deseo apasionado de reciprocidad infunde un gozo tan intenso que convierte en leves incluso los sacrificios más duros. (2007)
31. La respuesta que el Señor desea ardientemente de nosotros es ante todo que aceptemos su amor y nos dejemos atraer por él. (2007)
32. Vivamos, pues, la Cuaresma como un tiempo «eucarístico», en el que, aceptando el amor de Jesús, aprendamos a difundirlo a nuestro alrededor con cada gesto y cada palabra. (2007)
33. El apóstol Tomás reconoció a Jesús como «Señor y Dios» cuando metió la mano en la herida de su costado. No es de extrañar que, entre los santos, muchos hayan encontrado en el Corazón de Jesús la expresión más conmovedora de este misterio de amor.
34. Cristo «me atrae hacia sí» para unirse a mí, a fin de que aprenda a amar a los hermanos con su mismo amor. (2007)
35. De ningún modo es posible dar respuesta a las necesidades materiales y sociales de los hombres sin colmar, sobre todo, las profundas necesidades de su corazón. (2006)
36. Quien no da a Dios, da demasiado poco. (2006)
37. Es preciso ayudar a descubrir a Dios en el rostro misericordioso de Cristo (2006)
38. Mientras el tentador nos mueve a desesperarnos o a confiar de manera ilusoria en nuestras propias fuerzas, Dios nos guarda y nos sostiene.(2006)
39. La Cuaresma es el tiempo privilegiado de la peregrinación interior hacia Aquél que es la fuente de la misericordia. Es una peregrinación en la que Él mismo nos acompaña a través del desierto de nuestra pobreza(2006).
40. Aunque parezca que domine el odio, el Señor no permite que falte nunca el testimonio luminoso de su amor. A María, «fuente viva de esperanza», le encomiendo nuestro camino cuaresmal, para que nos lleve a su Hijo.
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¿Para qué sirven los mandamientos?
(Para bajar el artículo en Word: Sentido de las exigencias morales y los Mandamientos)
Sentido de las exigencias morales y los Mandamientos
Para descubrir la cara positiva de los Mandamientos
Hace unos tres mil seiscientos años Moisés bajó del monté Sinaí con dos tablas que tenían escritos diez preceptos morales. Desde entonces los Diez Mandamientos han sido considerados como resumen fundamental de la ley moral.
En este artículo intentamos explicar todo lo brevemente que podamos, para qué sirven y qué sentido tienen estas reglas de la conducta humana.
Dos consideraciones previas
Vamos a considerar un aspecto de la moral cristiana. Por más importante que sea llevar una vida moralmente recta, quisiera prevenir a los lectores del riesgo de reducir el cristianismo a su dimensión moral: ser cristiano no consiste primariamente en seguir unas exigencias morales.
Ser cristiano es una gracia, que eleva al hombre por encima de sus capacidades naturales: lo hace hijo de Dios, partícipe de la naturaleza divina. Esta transformación lleva consigo una vida nueva, que consiste en el seguimiento de Cristo, tendiente a la identificación con El.
Precisamente por esto, la vida cristiana supone unos standards de moralidad altos: es exigente y no podría dejar de serlo sin renunciar a sí mismo. La vida divina en nosotros nos llama a la perfección: “sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48).
En un segundo momento quisiera advertir que la vida moral no se identifica con el cumplimiento de un reglamento.
Si concibiéramos la vida cristiana como un reglamento a cumplir, concluiríamos que lo importante es evitar el pecado —faltar a la norma—, y así caeríamos en un reduccionismo, que nos haría perder lo más valioso del cristianismo, lo que da sentido a todo lo demás. Nos sucedería lo que a un automovilista que estuviera tan pendiente de no cometer infracciones, que perdiera de vista la maravilla del auto que conduce y sobretodo adonde se dirige.
Lo importante es saber a donde voy, y dirigirme hacia allá lo mejor que pueda. En el caso de la vida cristiana, la santidad, la identificación con Cristo, que divinizará nuestra vida. Esto llegará a su plenitud en la vida eterna, y nos hará absoluta y definitivamente felices.
Seres falibles, que necesitan luchar
La maravilla de la vida cristiana, se da en seres falibles. Experimentamos que el pecado original dejó en nosotros un desorden —la concupiscencia— con una inclinación al mal, que hace que nuestro ascenso a la perfección no sea sencillo ni esté exento de dificultades, defectos y caídas.
Esto hace que la lucha en que consiste la vida cristiana, tenga dos dimensiones: una positiva de crecimiento en virtud y en el amor, de santificación de la vida; y otra negativa, de lucha para no cometer pecados y de purificación de los pecados cometidos. Y ambas igualmente importantes.
Nuestra mira no se reduce a evitar el pecado, sino que se orienta a crecer en la fe, en la esperanza y el amor; crecimiento que supone evitar lo que lo contraría. Crecimiento que obviamente requiere la eliminación de lo malo que hay en nosotros (aquí es donde aparece el papel central de la confesión en el “proceso” de santificación de las almas).
Para lograr la mejora personal, se hace necesario “descubrir” las exigencias positivas de la moral cristiana, que podemos encontrar escondidas detrás del breve enunciado de cada mandamiento, que en el fondo “regula” un ámbito de la vida de la persona.
¿Qué son los Mandamientos?
Los Mandamientos son reglas de moral. Como una regla escolar mide los centímetros de un papel, los mandamientos nos sirven para “medir” el bien y el mal de las acciones humanas. En diez sentencias, resumen el bien y el mal que el hombre puede realizar. Un resumen realmente admirable por su concreción, que judíos y cristianos consideramos como revelados por Dios.
Las “reglas” no son arbitrarias…
¿Qué significa que algo sea bueno o malo? ¿Qué relación tiene con la prohibición divina?
El motivo por el que algo está mal no es que Dios lo haya prohibido para probar nuestra obediencia.
Dios tiene un proyecto coherente. Crea al hombre con una naturaleza concreta, de manera que para alcanzar su plenitud y perfección tiene que obrar de una determinada manera, según esa naturaleza que tiene.
Si el hombre come veneno se muere, pero no porque Dios lo haya dispuesto así caprichosamente, como si la muerte fuera un castigo por desobedecer a su orden de no comer veneno. Se muere porque Dios creó al hombre de tal manera que hay algunos alimentos buenos para su organismo y otros malos: que le hacen daño. Esto depende de leyes químicas y biológicas de la digestión y nutrición que Dios puso en su organismo. Decimos puso en el sentido que es como funciona: está inscripto en su misma naturaleza corporal, tal como ha sido creado por Dios.
Lo mismo sucede con las leyes morales, que son las que lo conducen a la plenitud de la perfección y por tanto a la felicidad.
Los mandamientos y la protección de la persona
Si la vida cristiana es algo positivo, que se resume en el amor, ¿por qué la mayor parte de los mandamientos que tienen relación con el prójimo tienen un enunciado negativo, señalando lo que no debemos hacer?
Porque Dios quiso proteger los bienes más importantes con preceptos negativos: unos mandamientos que no admiten excepciones, precisamente porque protegen derechos y valores fundamentales de la persona.
¿Qué bienes protegen?
- La vida: “no matarás”… Dios les dice a los demás que no pueden matarme, ni ofenderme, ni hacerme daño… porque valgo mucho. No es un capricho que otros no me puedan matar… Es para defender la grandeza de la vida humana.
- El sexo, la familia, el amor: “no cometerás adulterio”, “no desearás la mujer de tu prójimo”. Dios quiere proteger el amor, los hijos, evitar que la persona sea usada, defender la armonía y la estabilidad de la familia…
- La convivencia y los bienes personales: “no robarás”, “no codiciarás los bienes ajenos”. Fundamental para la seguridad, la armonía entre las personas, tranquilidad, defender la propiedad privada y establecer la justicia entre los hombres.
- La confianza, la verdad: “no levantar falsos testimonio ni mentir”. Es básico para la comunicación entre los hombres, para que pueda existir confianza, para que podamos convivir.
Es decir, que cada “no” de los mandamientos, es en realidad un gran “sí” a la vida, el amor, la verdad, etc.
El sentido positivo de los preceptos negativos
Como vemos los preceptos negativos en realidad son realmente positivos, en cuanto protegen los bienes fundamentales de la persona y la sociedad.
Qué la mayor parte de los preceptos morales tenga un enunciado negativo no supone una moral negativa o represiva (que sólo sabe prohibir, de cosas que no se pueden hacer).
Los preceptos son universales, válidos para todos. A la hora de establecer preceptos no es posible determinar modos obligatorios concretos de realizar el bien, ni obligaciones que afecten a todos. Así por ejemplo, quien careciera de todo no estaría en condiciones de dar limosna. Y es imposible determinar cuánta limosna debe dar cada uno, ya que la cantidad depende de muchos factores personales. Debido a la enorme variedad de situaciones humanas, las posibilidades reales de realizar el bien no pueden concretarse para todos, de manera universal.
Hay cosas buenas que –a pesar de mi buena voluntad- en ocasiones no puedo hacer, y esto sin culpa propia. También podría darse que otros me impidieran realizar acciones positivas, sin culpa propia (porque me quitaran la libertad).
En cambio siempre es posible establecer unos mínimos: lo que es incompatible con el amor, acciones que siempre son malas y que el hombre no debe hacer…
Podríamos decir que la moral, señala un camino a la plenitud personal, que es un camino de perfección. Para hacerlo, por un lado marca una línea de mínimo, debajo de la cual no es posible el amor (acciones que se señalan como malas). Y por otro, indica un horizonte de plenitud al cual dirigirse, cuyas exigencias positivas dependerán de las posibilidades concretas, aptitudes, talentos, situaciones, etc. de la persona. Lo hace a través de las virtudes y descubriendo las exigencias positivas de los mandamientos que tienen un enunciado negativo.
Formación moral
Como seres inteligentes que somos, necesitamos entender el por qué de la licitud o ilicitud moral de un comportamiento, para poder adherirnos de corazón al bien y rechazar desde lo más íntimo de nosotros el mal. Es entonces cuando somos íntegramente buenos.
Necesitamos también aclararnos las dudas: una de las formas más corrientes de formación, es a través de preguntas a personas más formadas. Si ante cada duda, buscamos respuesta, cada vez serán más las respuestas y menos las dudas que tengamos.
Por otro lado, Dios nos ha encomendado la evangelización del ambiente en que vivimos y nos movemos: es la parcela que nos ha encargado trabajar para que se viva allí un ambiente cristiano. De ahí, que tengamos que ser capaces de explicar a los demás qué vivimos y por qué lo vivimos así. Es lo que San Pedro llamaba “dar razón de nuestra esperanza” (1 Pe 3,15).
Por eso no nos contentamos con saber qué está bien y que está mal, sino que procuramos saber por qué algo es bueno o es malo. Adquirimos esta formación asistiendo a clases y charlas; leyendo, estudiando; y también preguntando en la dirección espiritual. El cumplimiento de este deber –la necesidad de formación- nos hará capaces de crecer moralmente y contribuir al crecimiento moral de los demás.
Enunciado de los Diez Mandamientos
Amor a Dios
1. Amar a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomar el nombre de Dios en vano.
3. Santificar las fiestas.
Amor al prójimo
4. Honrar padre y madre.
5. No matar.
6. No cometer actos impuros.
7. No robar.
8. No dar falso testimonio, ni mentir.
9. No consentir pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciar los bienes ajenos
¿Serías capaz de repetirlos todos?
Es muy importante “saber” de memoria los Mandamientos:
- porque quien no es capaz de decirlos de memoria, en fondo no los sabe…
- porque quien los sabe puede, a partir de ellos, estructurar tanto las exigencias morales positivas (lo que tenemos que hacer) como las negativas (lo que hemos de evitar).
- porque quien los sabe puede hacer más fácilmente examen de conciencia (tiene una guía para pensar)
Los mandamientos en versión positiva
Resulta muy interesante dar vuelta los mandamientos, escribiéndolos en positivo, así se entiende mejor lo que cada uno pide. Una traducción en positivo podría ser así:
1. Amar a Dios sobre todas las cosas
2. Respetar a Dios y todo lo relacionado con El
3. Rendir a Dios el culto debido
4. Honrar padre y madre
5. Respetar la vida y la salud de todos
6. Amar con un amor limpio y generoso
7. Vivir la justicia y la generosidad en las relaciones con los demás
8. Amar y vivir la verdad
9. Conservar puros la mirada, los pensamientos y los deseos
10. Vivir desprendido de los bienes de la tierra
Contenido de los 10 Mandamientos
Hemos dicho que los Mandamientos son una síntesis de toda la moral natural. Una buena labor es analizar qué se incluye en cada uno de ellos.
Sin pretender agotar el tema (cosa imposible, ya que toda la moral se podría estructurar en base a los mandamientos), en la versión en Word que podés bajar al comienzo de este artículo, encontrarás a modo de ejemplo, las principales implicaciones morales de cada mandamiento.
Eduardo Volpacchio
Escrito en 1 | Etiquetas: Mandamientos, Moral
Mi novio comulga sin confesarse, ¿cómo le explico que hace mal?
Me preocupa que mi novio comulgue a pesar de estar en pecado mortal.
Él se justifica diciendo que a él le enseñaron diferente.
Le expliqué que antes tiene que confesarse, pero no logro convencerlo.
Quisiera preguntarle:
¿Qué es un sacrilegio? ¿Qué le pasa a la Eucaristía en cuerpo de un alma en pecado mortal? ¿Qué le pasa a un alma cuando comete un sacrilegio?
¿Cómo puedo convencerlo de que se confiese, de que únicamente con el Sacerdote recibes la absolución y nosotros no podemos perdonarnos a nosotros mismos?
Muchos dicen que no quieren decirle sus pecados a un sacerdote y que ellos piden perdón por su cuenta.
Primero te diría que reces por él -yo lo hago mientras te respondo-, ya que la gracia le vendrá de Dios y no de nuestras explicaciones (con las que Dios también cuenta para ayudarlo a vivir mejor, y que la oración convierte en parte de la gracia que le concede).
Quien se recibe la Comunión en pecado, la recibe indignamente. De esta manera comete un pecado mortal llamado “sacrilegio”: el uso de indigno de algo sagrado.
Recibiendo así la Eucaristía no sólo no se recibe ninguna gracia (es decir, no se gana nada), sino que se comente un pecado grave. De manera que es muchísimo mejor no comulgar que hacerlo en pecado (como no es obligación hacerlo, quien no comulga no comete ningún pecado). Si tu novio no quiere confesarse, que no comulgue. Si quiere comulgar que haga una comunión espiritual: una manera de recibirlo al Señor espiritualmente, sin cometer ningún pecado.
Tendrías que ayudar a tu novio a entender tres cuestiones que están en la base de su error práctico de comulgar sin confesarse estando en pecado:
1) La fe no depende de sacerdotes o catequistas.
No importa quien nos dijo una cosa u otra: la cuestión no depende de que si el P. Fulanito le dio permiso para comulgar sin confesarse o le dijo que no hacía falta hacerlo; o que si a vos el P. Menganito te dijo lo contrario. La cuestión es qué dice la Iglesia, ya que el P. Fulanito o Menganito pueden ser más o menos fieles a su enseñanza, y lo importante es ser fieles a la Iglesia, no al un sacerdote particular que puede equivocarse o incluso ser rebelde a las enseñanzas magisteriales.
La materia de los sacramentos no la establecemos nosotros, sino que fueron instituidos por Jesucristo. La Iglesia para garantizar la licitud y el respeto de los mismos, además de recoger lo que estableció Jesús, puso una serie de ritos y condiciones. Y nos interesa mucho ser fieles.
Te aconsejaría no entrar en discusiones eternas sobre quien tiene razón, porque en el fondo será tu palabra contra la suya. El mejor camino no es el de mostrarle que vos tenés razón y él está equivocado (aquí la soberbia juega en contra de la verdad).
Lo mejor es sencillamente decir: ¿qué nos diría el Papa si le preguntáramos? Eso es lo que nos interesa. Y la respuesta la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica.
2) Sobre la confesión y la comunión.
La Comunión es un sacramento de vivos; es decir, es necesario estar en gracia de Dios para recibirlo lícitamente. En caso contrario se comente un pecado. Es realmente triste ofender a Dios precisamente cuando se desea unirse a El. No es nada razonable: si quiero recibirlo, buscaré cómo quiere que lo reciba. No tiene sentido cometer un pecado comulgando.
Te paso el link de un artículo que explica cuándo y por qué es necesario confesarse para comulgar: ¿comulgar sin confesarse?
3) En la base de todo el problema está que le cuesta confesarse.
Y por eso no acaba de entender el sacramento de la confesión, medio ordinario para el perdón de los pecados. Un sacramento maravilloso, que como todos los sacramentos requiere un ministro que nos lo administre (la única excepción es el matrimonio: los contrayentes son los ministros, el sacerdote es un testigo cualificado de la entrega mutua expresada en el consentimiento que realiza el matrimonio).
Encontrarás una explicación detallada en el siguiente artículo: por qué tenemos que confesarnos con un sacerdote
Escrito en 1 | Etiquetas: Catecismo de la Iglesia, Comunión, Confesión, Doctrina
Los números de 2010
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¿De dónde vienen?
Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran algunasrespuestas.com, search.conduit.com, mail.live.com, google.com.ar y es.wordpress.com.
Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por argumentos en contra del matrimonio homosexual, amar y sentir a dios, eduardo volpacchio, volpacchio y como hacer la señal de la cruz.
Lugares de interés en 2010
Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.
Respuestas rápidas octubre, 2009
La Iglesia ofrece argumentos contra el “matrimonio homosexual” mayo, 2010
Fe, razón y religión enero, 2007
Vida espiritual octubre, 2008
Página principal agosto, 2007
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¿Qué significa “Feliz Navidad”?
¿Te has preguntado qué es lo que decimos, cuando decimos “Feliz Navidad”?
Te resultará entusiasmante redescubrir todo lo qué decimos al pronunciar esta frase, que repetiremos muchísimas veces estos días.
Sabemos que se trata de un saludo, expresión de un deseo: quiero que seas feliz de verdad. Porque no deseamos felicidades a la Navidad, sino a la persona que felicitamos.
Y recordamos el motivo que realiza la felicidad que le deseamos: deseo que experimentes la felicidad de encontrar a Jesús.
Este feliz nacimiento, es también un anuncio: mirá Quien nace, cómo te llena la vida; qué grande esta vida nueva que este nacimiento trae para todos.
Y si queremos, todos nacemos con El; si lo buscamos, lo encontramos, y, con El, encontramos el sentido de la vida, la esperanza, el amor; lo encontramos todo.
Sí ¡feliz Navidad para todos!
No se lo pierdan, salgan a su encuentro, vayan a Belén.
Es también un llamado a celebrar, a ser felices. Nunca hemos tenido tanto motivo para alegrarnos y celebrar.
Ahora es el momento, ahora podemos ser felices, en Jesús, Dios está entre nosotros, vamos a aprovecharlo.
Y una invitación: Abramos el corazón de par en par para que Jesús entre en nuestras almas y nuestras vidas. Hagámosle lugar, démosle el mejor lugar; con alegría, felices de tenerlo con nosotros, celebrando que venga a cambiar nuestra vida, y dejando que la cambie todo lo que quiera.
Y una recepción: Bienvenido Jesús, gracias por hacerte uno de nosotros, por venir a instalarte en nuestra vida.
Y es realizar una tarea: sembrar esta alegría en los demás, llenar la tierra con esta felicidad que nos llena, y que tiene nombre, porque es Alguien.
Así ya no queda lugar para la tristeza. Sólo pueden estar tristes, los que no sepan cuánto y cómo Dios los ama; lo cerca que está de sus vidas.
Junto a Jesús todo cambia, aunque por fuera todo siga igual; ya no es lo que era, ahora Dios está con nosotros y con El todas las cosas son distintas.
Por eso, ¡Muy feliz Navidad! Para todos.
Vamos a llenarnos de gozo cada vez que deseemos a alguien ¡Feliz Navidad!, y el saludo será un boomerang, que comenzará por llenarnos de felicidad a nosotros, y a partir de allí, llenará de alegría el mundo entero.
P. Eduardo Volpacchio
Buenos Aires, 21 de diciembre de 2010
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¿Qué enseña la moral católica sobre el preservativo?
En primer lugar, tenemos que decir que la Iglesia no tiene ningún interés, ni nada que decir acerca un pedazo de goma.
En tanto y en cuanto ese pedazo de goma, sea un instrumento que afecte la vida sexual, sí tendrá algo que decir, en cuanto que afecte la moralidad de los actos (los haga anticonceptivos o difunda la promiscuidad).
La pregunta correcta sería ¿cuándo afecta la moralidad?
Evidentemente el uso de preservativo en una relación heterosexual tiene una función anticonceptiva. En síntesis, la Iglesia declarará la inmoralidad del preservativo, de la misma manera que de cualquier otro anticonceptivo. Esto hace que para entender la enseñanza de la Iglesia sobre los preservativos, haya que entender previamente qué dice exactamente de la anticoncepción.
¿Qué enseña la Iglesia sobre la moral sexual?
En el ámbito de moralidad de la sexualidad, los principios son muy pocos. Básicamente todo se resume a decir que la sexualidad debe ser vivida en un contexto de entrega amorosa total. El acto sexual tiene un significado antropológico concreto: ser signo de la unión de vida de los esposos.
Este principio tiene dos consecuencias inmediatas: todo uso de la sexualidad fuera del matrimonio resultará inmoral (le faltará la entrega amorosa); y, dentro de éste, deberá estar abierta a la vida (es decir, no se deberá alterar artificialmente la potencial fertilidad del mismo). Es lo que enseña el n. 14 de la Enc. Humanae vitae.
Si el acto sexual se realiza fuera del matrimonio es un pecado (adulterio, en caso de personas casadas; fornicación, en el de las solteras). Y si se realiza haciéndolo artificialmente infecundo, también (anticoncepción).
¿Qué problemas presenta el preservativo?
Que cuando se usa en un acto sexual tiene una función anticonceptiva.
Entre homosexuales ¿tiene alguna relevancia moral el uso de preservativos? Absolutamente ninguna, ya que es obvio afirmar que no convierte el acto sexual en cerrado a la vida… El acto homosexual es ilícito moralmente de por sí. El uso o no de preservativo no cambia absolutamente nada desde el punto de vista moral. Pero esto no significa que la Iglesia se dedique a fomentar que los homosexuales activos usen preservativos en su vida sexual. Tampoco se opone: sencillamente, les enseña que el comportamiento homosexual es contrario a la dignidad de la persona y por tanto, les hace daño como personas. Son libres de desobedecer a la Iglesia y hacerlo; pero, si lo hacen, no necesitarán el consejo de la Iglesia sobre cómo realizarlo…
En el caso del sexo extramatrimonial, la malicia de la acción está dada por el acto en sí mismo considerado (una unión sexual vaciada de su contenido). La Iglesia es pro-vida, pero pro-vida porque quiere que el acto sexual tenga toda su potencialidad expresiva estando abierta a la vida. Sería absurdo pensar que la Iglesia deseara que de cada acto sexual, naciera una vida. Quien conozca con precisión la doctrina católica, nunca podría pensar que la Iglesia exigiera a los adúlteros que en su infidelidad cuidaran mucho la apertura a la vida de sus adulterios… La cualidad moral del adulterio no cambia mucho por la apertura o no a la vida. La Iglesia desea y fomenta la fidelidad matrimonial y desaconseja con todas sus fuerzas el adulterio. Y no está entre sus tareas enseñar cómo ser mejor o peor adúltero.
¿Por qué se rechaza la anticoncepción?
Se entenderá mejor, si consideramos el porqué del rechazo de la moral católica a la anticoncepción. No es una cuestión de reglas, es una cuestión antropológica.
El acto sexual —como todo acto humano— tiene un significado. En este caso, el significado es tan profundo que, si se lo priva del mismo, se lo desvirtualiza de tal manera que se lo corrompe.
Este significado tiene una doble dimensión: es unitivo y procreativo. La malicia de la anticoncepción reside en rechazar el significado de entrega total, que el acto tiene. Ahora bien, una unión sexual en caso de prostitución, o de adulterio, o de fornicación, no son unitivas: la unión de cuerpos no significa y ni realiza la unión de almas y de vidas, ya que esto es inexistente. Es lo que los hace un acto mentiroso: expresan algo que no existe. Sólo en el matrimonio —cuando marido y mujer se han entregado mutuamente, realizando la unión de sus vidas—, la unión sexual es la expresión corporal de esa unión.
Es decir, que a la Iglesia no le preocupa demasiado cómo se realice el pecado de adulterio o de fornicación, sino que quiere que se los evite por el daño moral que hacen.
¿Y la prostitución?
El acto sexual de una prostituta y quien le paga por sus servicios, no es un acto conyugal: no realiza una entrega amorosa y fecunda. Es una transacción comercial en la que se vende la propia intimidad y dignidad por unos pesos. De modo el significado de la acción no es unitivo y ni procreativo, sino de negocio carnal. Un trozo de goma no dignifica la acción, a lo sumo protegerá a los participantes de los virus con que hayan podido haberse contagiado en anteriores relaciones promiscuas. Y esto no redime la acción. No sin una cuota de ironía Benedicto XVI comenta que podría llegar a ser un primer paso moralizador, al comprender que con el sexo no se puede hacer cualquier cosa.
Las acciones que libremente se asumen tienen un precio antropológico —y no hablemos a nivel de gracia, cuyo costo se llama pecado— mucho más caro que los virus que cada uno pueda aportar al otro en la relación. La sexualidad —vehículo para expresar corporalmente el amor— queda dañado, ya que pierde la capacidad de expresar amor; y esa pérdida —la ruptura de la conexión entre amor y sexo— no es evitable con un preservativo.
¿Entonces, por qué la Iglesia se opone a la distribución masiva de preservativos?
Porque con ella se fomentan la promiscuidad y los comportamientos inmorales. Y eso no es bueno. Hace mal a las personas y a la sociedad. Y en cuanto al SIDA, si bien disminuye mucho las posibilidades de contagio, puede dar una falsa sensación de inmunidad, que fomente la promiscuidad de manera que, a la larga, haga más riesgoso el contagio que pretende evitar. Por eso, con gran sentido común y sin negar el grado de eficiencia que pueda tener, sostiene que el preservativo no es la solución a las enfermedades de transmisión sexual. La solución verdadera es un poco más compleja.
Ahora bien, hay que distinguir entre la entrega y propaganda masiva, y campañas de salud pública dirigidas a públicos restringidos, de riesgo real: recomendarle a una prostituta que use preservativos, no afecta en nada su conducta moral; y es un tema de salud pública procurar que no difunda enfermedades. Pero, la Iglesia nunca fomentará la prostitución, ni siquiera con la buena intención de hacerla más saludable y mejorar sus condiciones de vida.
Así como dijimos que un acto homosexual no cambia de moralidad por el uso de preservativos, la Iglesia tampoco recomendará a los homosexuales que los usen: sencillamente tratará de ayudarlos a vivir su sexualidad según la moral cristiana.
¿La doctrina de la Iglesia es causa de aumento del SIDA?
Acusar a la Iglesia de fomentar el SIDA por su rechazo a los preservativos en el matrimonio y la difusión masiva de los mismos, es una burla: ¿quién puede pensar que alguien que rechaza vivir la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad —haciendo un acto directamente contrario a la misma—, cuidará algo que nadie le pide? ¿Puede alguien ser tan ignorante como para pensar que en sus pecados la Iglesia le pide que esté abierto a la vida? ¿Actuará contra el sexto mandamiento, pero se cuidará de obedecer un inexistente mandamiento de no usar preservativo? ¿Será infiel al matrimonio, pero se cuidará de que esos actos estén bien abiertos a la vida? Parece bastante tonto pensarlo.
Conclusión
De manera, que la Iglesia no demoniza el preservativo, ni lo difunde. Sólo cumple con su misión de enseñar a vivir de un modo auténticamente humano la sexualidad.
Y el Papa no ha cambiado la posición de la moral católica sobre el tema, ni ha bendecido el preservativo, sólo se ha referido a un caso concreto haciendo un comentario prudencial.
Eduardo María Volpacchio
ANEXO: Las palabras del Papa sobre el preservativo en el libro “Luz del mundo”
Fragmento del libro-entrevista Luz del mundo en el que Benedicto XVI aborda la cuestión del uso del preservativo (páginas 130 a 132).
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Con su viaje a África en marzo de 2009 la política del Vaticano en relación con el sida quedó una vez más en el mira de los medios. El veinticinco por ciento de los enfermos de sida del mundo entero son tratados actualmente en instituciones católicas. En algunos países, como por ejemplo en Lesoto, son mucho más del cuarenta por ciento. Usted declaró en África que la doctrina tradicional de la Iglesia ha demostrado ser un camino seguro para detener la expansión del VIH. Los críticos, también de las filas de la Iglesia, oponen a eso que es una locura prohibir a una población amenazada por el sida la utilización de preservativos.
“El viaje a África fue totalmente desplazado en el ámbito de las publicaciones por una sola frase. Me habían preguntado por qué la Iglesia católica asume una posición irrealista e ineficaz en la cuestión del sida. En vista de ello me sentí realmente desafiado, pues la Iglesia hace más que todos los demás. Y sigo sosteniéndolo. Porque ella es la única institución que se encuentra de forma muy cercana y concreta junto a las personas, previniendo, educando, ayudando, aconsejando, acompañando. Porque trata a tantos enfermos de sida, especialmente a niños enfermos de sida, como nadie fuera de ella.
He podido visitar uno de esos servicios y conversar con los enfermos. Ésa fue la auténtica respuesta: la Iglesia hace más que los demás porque no habla sólo desde la tribuna periodística, sino que ayuda a las hermanas, a los hermanos que se encuentran en el lugar. En esa ocasión [vuelo a África en marzo de 2009] no tomé posición en general respecto del problema del preservativo, sino que, solamente, dije -y eso se convirtió después en un gran escándalo-: el problema no puede solucionarse con la distribución de preservativos. Deben darse muchas cosas más. Es preciso estar cerca de los hombres, conducirlos, ayudarles, y eso tanto antes como después de contraer la enfermedad.
Y la realidad es que, siempre que alguien lo requiere, se tienen preservativos a disposición. Pero eso solo no resuelve la cuestión. Deben darse más cosas. Entretanto se ha desarrollado, justamente en el ´ambito secular, la llamada teoría ABC, que significa: “Abstinence-Be faithful-Condom!” [Abstinencia-Fidelidad-Preservativo], en la que no se entiende el preservativo solamente como punto de escape cuando los otros dos puntos no resultan efectivos. Es decir, la mera fijación en el preservativo significa una banalización de la sexualidad, y tal banalización es precisamente el origen peligroso de que tantas personas no encuentren ya en la sexualidad la expresión del amor, sino sólo una suerte de droga que se administran a sí mismas. Por eso, la lucha contra la banalización de la sexualidad forma parte de la lucha por que la sexualidad sea valorada positivamente y pueda desplegar su acción positiva en la totalidad de la condición humana.
Podrá haber casos fundados de carácter aislado, por ejemplo, cuando un prostituido utiliza un preservativo, pudiendo ser esto un primer acto de moralizacion, un primer tramo de responsabilidad a fin de desarrollar de nuevo una consciencia de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere. Pero ésta no es la auténtica modalidad para abordar el mal de la infección con el VIH. Tal modalidad ha de consistir realmente en la humanización de la sexualidad.
¿Significa esto que la Iglesia católica no está por principio en contra de la utilización de preservativos?
Es obvio que ella no los ve como una solución real y moral. No obstante, en uno u otro caso pueden ser, en la intención de reducir el peligro de contagio, un primer paso en el camino hacia una sexualidad vivida de forma diferente, hacia una sexualidad más humana.
[©Libreria Editrice Vaticana – editorial Herder]
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¿Ayuno después de comulgar?
Soy profesora y doy clases de religión a niñas de 9 y 10 años. Leí con mucho interés su columna sobre el ayuno antes de comulgar.
He oído de otras profesoras, que es necesario hacer un tiempo de ayuno (10 minutos) después de comulgar. Me preocupa porque mis alumnas tienen una liturgia de comunión, antes de su recreo y apenas salen de la capilla comen su colación o van a almorzar. ¿Es correcto hacer esto o convendría cambiar la hora de comunión para que las niñas reciban el cuerpo de Cristo con el mayor respeto posible?
Como bien apuntás, hay un precepto de ayunar una hora antes de comulgar, pero no lo hay para después.
Ahora bien, lo importante es con la reverencia con la Eucaristía, y el aprovechamiento que hagamos de la Comunión: sacarle el jugo al maravilloso rato en que nos convertimos en auténticos templos de Dios, ya que Jesús está físicamente unido a nosotros: para adorar, llenar de amor, llenarnos de su amor, pedir (nunca Dios Padre nos mira mejor, que cuando ve a Cristo en nosotros), reparar, identificarnos con El, purificarnos con su presencia, y un largo etcétera. Son momentos sublimes.
¿Cuánto tiempo está Jesús físicamente en nosotros?
La Teología nos enseña que la presencia de Jesús en la hostia dura mientras se conservan las especies sacramentales. De manera que si el vino se avinagra, deja es estar el Señor presente en el cáliz; y lo mismo sucede cuando la hostia se descompone.
Esto ocurre cuando comulgamos: la presencia física de Jesús en nosotros dura lo que duran las especies sacramentales, y no solamente el tiempo en que tenemos la hostia en nuestra boca.
Te aclaro un término teológico: llamamos especies sacramentales a la apariencia de pan; ya que como sabemos después de la consagración ya no es pan: donde había pan, está Cristo; pero queda la apariencia de pan. Bueno, cuando esta apariencia se desvanece, cesa la presencia eucarística de Cristo. Lo mismo ocurre en la especie de vino.
Por eso, siempre se ha recomendado, permanecer piadosamente rezando un rato después de comulgar. Se suele estimar que esa presencia dura en nosotros unos diez minutos.
Por tanto, tu preocupación es muy buena: sería bueno ayudar a esas chicas a vivir con mucho amor ese rato en que Jesús nos pertenece de modo tan especial, a ser muy buenos anfitriones de su visita. Y para ello rezar y no salir inmediatamente de comulgar, distraídamente a comer un caramelo o un sándwich teniéndolo a Jesús con nosotros.
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Recibí la Confirmación sin confesarme ¿qué hago?
- Estuve leyendo su página porque necesito saber qué puedo hacer. Resulta que recibí la confirmación y no me dio tiempo a confesarme con el sacerdote. Así que comulgué sin estar en gracia. Me sentí presionada a hacerlo y ahora no se qué hacer estoy muy arrepentida de lo que hice. Al al leer su página supe que es muy grave lo que hice. Dígame si puedo hacer algo al respecto me siento morir. Ayúdeme por favor..!!!!!
Primero te diría que estés tranquila. Evidentemente no hiciste bien: tendrías que haberte confesado antes de la Misa de confirmación (hay que preveer…, hacer las cosas con tiempo), pero no sólo para poder comulgar sino para recibir la Confirmación en estado de gracia.
Es importante que sepas, vivas y enseñes a los demás la necesidad de recibir los sacramentos en gracia (todos: la Eucaristía, la Confirmación, el Matrimonio, el Orden Sagrado, la Unción de los enfermos -la excepción son el Bautismo y la Confesión, ya que dan o recuperan la gracia perdida). No hacerlo así es usar mal de la gracia divina, lo que constituye un sacrilegio.
Hemos de mirar el pasado para pedir perdón y sacar experiencia, y nada más (arrepentirse de las cosas mal hechas es muy bueno, insultarse a uno mismo no sirve para nada: Dios quiere que le pidamos perdón humildemente, no que nos maltratemos a nosotros mismos).
Pero no tengas miedo, ya que todo tiene arreglo. Ante cualquier pecado, no te amargues, sino que acudí a la misericordia de Dios que es infinita: la encontrarás en el sacramento de la confesión (entre los pecados a confesar obviamente tendrás que incluir el haber recibido la Confirmación y la Comunión sin estar en gracia).
Te explico brevemente que pasó con el sacramento de la confirmación que recibiste: al recibirlo en pecado, lo recibiste válidamente (es decir, no hay que repetir la confirmación: estás confirmada) pero ilícitamente (cometiste un pecado al recibirlo así, y no recibiste la gracia que da el sacramento, ni la infusión del Espíritu Santo). Cuando te confieses la gracia de la confirmación “revivirá”: al sacar el obstáculo que te impedía recibir la gracia -el pecado-, recibirás la gracia del sacramento de la confirmación.
Escrito en 1 | Etiquetas: Confesión, Confirmación, Sacramentos
La Iglesia y los abusos
Un folleto que resume lo básico que hay que saber sobre el tema
Para bajar el folleto: Folleto Abusos e Iglesia 2010
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¿Cambiar el matrimonio?
En el debate nos hemos olvidado del derecho de marido y la mujer a que no les cambien el matrimonio.
Con la propuesta ley de matrimonio homosexual no está en juego la libertad de los homosexuales a casarse. De lo que estamos hablando es de cambiar el matrimonio. Y los esposos tienen derecho a que no les cambien la institución que los une.
En efecto, no está en juego la libertad ni los derechos de los homosexuales, ni tampoco se trata de una posible discriminación. Lo que está en juego es el derecho de los heterosexuales a que la unión que viven en el matrimonio no sea tergiversada.
A quienes luchan por conseguir la aprobación del matrimonio homosexual habría que explicarles:
“hacé lo que quieras, unite con quien quieras, dale a esa unión la forma que quieras, pero no te metas conmigo: dejame vivir mi unión matrimonial, tengo derecho a que no cambies la unión que yo vivo. Vos podés establecer el tipo de unión que quieras, pero no me cambies la mía”.
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Si los homosexuales son buenos, ¿por qué no van a poder educar bien a un chico?
– He leido lo que Ud escribió y, aunque es clarisimo, me faltan argumentos para explicar a una hija mia, porque un chico para madurar su personalidad, necesita tener una madre y un padre. O sea, que no es lo mismo crecer con dos del mismo sexo que con papá y mamá. Ella dice que si dos gays son buenisimos, educan tambien, igual que un matrimonio.
Respondo a las dos cuestiones que me plantea.
En primer lugar se trata de defender el matrimonio. El matrimonio es una realidad concreta. Sería una trampa para los millones de matrimonios que existen, decirles que a partir de ahora, lo que ellos viven, no es lo que ellos creen. Es una mera relación estable, sexual, que no se distingue en nada de una relación homosexual. Pero los matrimonios tienen derecho a que respete su forma de unión como es. No tienen por qué ser equiparados a otras formas que ellos no quieren para ellos. Es decir, no es que nos opongamos a que los homosexuales se casen, sino que queremos preservar la institución matrimonial como es. No queremos identificar el matrimonio con las uniones homosexuales: no son lo mismo y tenemos derecho a evitar que pretendan cambiarnos la realidad que vivimos a través de una ley.
Por otro lado, su hija olvida que la homosexualidad es un problema. Esto es innegable. A veces se habla de la homosexualidad como si fuera una realidad soñada. Pero esto no es así: se trata de una situación muy dolorosa. La mayoría de los homosexuales querrían no serlo. Y nada se soluciona a través de una ficción que pretenda que su problema no existe. Quizá su hija es un poco ingenua, no se da cuenta de que hablar de matrimonio homosexual es una ficción. No sólo porque el tipo de unión que establecen no es un matrimonio, sino porque los homosexuales son muy promiscuos; y están expuestos a todo tipo de enfermedades de transmisión sexual (de hecho no pueden donar sangre, por el enorme riesgo que tienen de ser portadores del virus del SIDA). Y los mismos homosexuales no se casan: los activistas gay (que son un porcentaje reducido de las personas con problemas de homosexualidad) buscan un cambio cultural, no buscan poder casarse.
En cuanto a la adopción, una persona para desarrollarse necesita modelos definidos. Solamente si afirmamos que el ser humano no es varón o mujer, sino que a pesar del cuerpo que “le ha tocado” es tan sano y normal que desarrolle su inclinación sexual en cualquier dirección, se puede decir que es lo mismo tener un papá y una mamá, que tener como modelos existenciales (eso son los padres) dos personas con problemas de identidad sexual. Nadie niega que puedan querer a un chico: el problema es que el chico además de cariño, necesita -y tiene derecho- a una referencia parental sexualmente sana.
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¿Matrimonio sin complementariedad?
¿Qué es el matrimonio?
¿Por qué no cabe hablar de matrimonio entre homosexuales?
Reflexiones sobre la esencia del matrimonio
El matrimonio establece la unión de vida entre un hombre y una mujer.
¿Es ésta una definición reductiva del matrimonio? ¿Por qué excluir la posibilidad de que se casen homosexuales?
El punto de partida fundamental es la realidad de que el matrimonio es una unión entre dos personas, que es posible gracias a la complementariedad de las mismas.
Podríamos decir que el ser humano existe en dos versiones: varón y mujer. No existe un ser humano neutro, que se modela sexualmente en alguna dirección cualquiera, sino que hay seres humanos varones y seres humanos mujeres desde su concepción: genéticamente varones y mujeres (de lo que se deriva que sean física, psíquica distintos). Con una igualdad radical en cuanto seres humanos que son, y con diferencias evidentes en cuanto sexuados: en cuanto varón y mujer.
Las diferencias fundamentales entre varón y mujer no son fruto de desarrollos culturales, sino que pertenecen a la realidad del ser humano. Ser madre por ejemplo no es un esteriotipo cultural: es algo que sólo las mujeres pueden ser. Un hombre no puede ser madre: no puede concebir, no puede desarrollar en su seno la vida concebida, no puede amamantar a su hijo. El hombre sólo puede ser padre, no madre. La relación de un hijo con su madre, es distinta que su relación con su padre: él no lo tuvo en su seno durante nueve meses, ni lo amamantó, por eso jamás podrá tener una relación materno- filial con su hijo: es imposible.
Las diferencias entre varón y mujer los hacen complementarios. Una complementariedad física y psicológica que llega a ser fecunda: precisamente se orienta al origen de la vida. Esa es la razón más radical de las diferencias sexuales entre el varón y la mujer.
Y precisamente en base y gracias a esa complementariedad, existe el matrimonio: la comunión de vida y amor entre dos personas complementarias que pueden unirse precisamente en función de su complementariedad.
Resulta evidente que dos personas no complementarias no pueden complementarse. Dos hombres no son complementarios entre sí, dos mujeres tampoco. Podrán establecer algunos tipos de unión entre ellos, pero no una que exija la complementariedad. Y esto va más allá de la orientación sexual de una persona.
Tampoco se puede realizar esta unión tan particular del matrimonio entre tres o más personas, porque la complementariedad del matrimonio exige exclusividad: es una complementariedad que sólo se da a uno con una.
Por lo mismo, no es posible matrimonio entre abuelos y nietas, ni entre padres e hijos, ni entre tíos y sobrinas. Y no son motivos culturales los que provocan el rechazo que sentimos hacia este tipo de uniones que llamamos incestuosas. Los lazos familiares próximos impiden la complementariedad que requiere el matrimonio.
Algunas personas -pocas en el contexto de la sociedad: menos del 2%- tienen problemas de identidad sexual. Este hecho no justifica dividir a la humanidad entre personas heterosexuales y homosexuales, como si fueran dos categorías de seres humanos. No puede hablarse de matrimonio heterosexual, como alternativo a un matrimonio homosexual, porque el matrimonio exige por definición la heterosexualidad, que es la condición de ser varón y ser mujer a secas, sin problemas de identidad.
———————–
Esto no tiene nada que ver con la discriminación, ni con la libertad. Dos homosexuales pueden establecer entre ellos la relación que quieran, pero eso no es un matrimonio. No estamos hablando de libertades: los homosexuales pueden llevar el tipo de vida que quieran, eso es su vida privada.
Este tema no tiene nada que ver con los derechos, ya que no tiene sentido hablar de derecho a cambiar la realidad de las cosas (cuando la inmensa mayoría de los casados no quieren que les cambien eso que viven). En todo caso se trataría del derecho de los casados a que se respete su institución, sin pretender alterar la relación que han establecido con el matrimonio.
Pero lo que es distinto es distinto.
La relación que existe entre mis padres no es la misma que la existente entre dos homosexuales. Es distinta, y no sólo porque han tenido diez hijos. Esto es obvio.
Una rueda de camión no encaja en un auto, por más que me empeñe en colocarla. Y al revés, sucede lo mismo. Son realidades distintas.
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TU FAMILIA Y TU PAÍS TE NECESITAN!
Por suerte frente al avance atropellante del lobby gay, muchos dirigentes, empresarios, organizaciones pro-familia, iglesias, fundaciones, colegios, grupos, y otras instituciones nos empezamos a poner en contacto con el objetivo de demostrar lo que la gran mayoría de los Argentinos queremos. Esto implica muchas acciones: de prensa, formación, propaganda en vía publica, y otros eventos que ya se están llevando a cabo gracias al valiosísimo aporte económico y de tiempo de mucha gente. Esta iniciativa tiene como objetivo principal el rechazo a la modificación del Código Civil que se va a tratar el 14 de Julio en el Senado de la Nación, basándonos sobre todo en la defensa y respeto al Derecho de los chicos a tener una familia basada en la única unión estable entre varón y mujer.
La respuesta por estos días viene siendo excelente, realmente es impresionante y motivante ver que no solo no somos pocos, sino que al contrario somos la mayoría. Pero es cierto que la gran influencia del lobby gay en los medios esta pegando duro, así que hace falta que todos juntos respondamos. Para eso hay muchas cosas que podes hacer, lo importante es que hagas al menos una:
1) Hacete fan/Me gusta de “Argentinos por los Chicos” y sugerile la pagina a todos tus contactos. Unite a los grupos y eventos en Facebook, difundilos, modera los comentarios, cambia tu imagen de perfil. http://www.facebook.com/argentinosporloschicos
2) Asistí a la marcha del 13 de Julio en el Congreso. Todas las organizaciones e iglesias juntas.
3) Colgá una bandera, ponete una escarapela, y/o foto de perfil naranja. Adjunta va la imagen que esta representando los Derechos de los Niños a nivel nacional.
4) Adherite a las Declaraciones Ciudadanas o juntas de firmas, y conseguí que muchos otros lo hagan: personas e instituciones (no cuesta nada más que unos segundos, aseguráte que tus conocidos lo hacen…, y que no se queden simplemente con el deseo).
5) Enviá un mensaje a los Senadores:
6) DIFUNDÍ!!
7) Conseguí la adhesión de personalidades: periodistas, deportistas, personas conocidas para la opinión pública, etc.
8) Conseguir donativos para que las parroquias del Gran Buenos Aires puedan traer gente; cada bondi cuesta unos $ 500.
Gente: Hay muchisimo en juego. No podemos quedarnos en que “yo no jodo a nadie” y menos en “dejenlos tranquilos, no joden a nadie” SE ESTAN METIENDO CON LOS CHICOS! CON LA FAMILIA! CON TODOS NUESTROS VALORES COMO SOCIEDAD Y CULTURA! No podemos quedarnos con los brazos cruzados, este es el momento para el que muchos nos hemos o han preparado toda nuestra vida, y sobre esto va a depender el resto de tu vida y de tu futura familia! Sabe que vas a recibir agresiones, insultos, te van a juzgar, vas a sacrificar tiempo, a tener frio en las marchas, a gastar plata en comprar una tela naranja o pagando el bondi hasta el Congreso, vas a ser tildados de intolerantes, homofobicos, fachos, nazis, retrogrados… no va a hacer nada facil, pero te prometo que va a valer mucho la pena.
TU FAMILIA Y TU PAÍS TE NECESITAN!
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¿Sacerdocio femenino?
- ¿Por qué las mujeres no pueden cumplir el rol de sacerdotes?
Jesucristo nos consiguió la salvación (que no sólo es el perdón de los pecados, sino sobretodo la vida divina) y nos la concede a través de unos ritos sensibles a través de los cuales la gracia llega a nosotros: los sacramentos.
Como instrumentos divinos de la gracia, fueron instituídos por Él personalmente: nosotros podemos rezar, pedir, interceder, pero no podemos “producir” la gracia (que es una participación de la vida divina).
La Iglesia los administra, pero no puede crear nuevos, ni cambiar lo esencial de los que Jesús instituyó. No puede bautizar con agua con detergente (interpretando que significaría mejor la limpieza que el agua sola), no puede consagrar pan de arroz para los celíacos, etc.
Este es el motivo principal por el que la Iglesia no puede ordenar mujeres: Jesucristo instituyó el sacramento del Orden y consagró sólo varones. La Iglesia no puede cambiar eso.
A otro nivel, podemos pensar motivos de conveniencia (que no serían determinantes, ya que Jesús podría haber ordenado mujeres; y si lo hubiera hecho la cosa sería distinta: como si hubiera consagrado leche en lugar de vino).
El sacerdocio realiza una especial identificación con Cristo para “impersonarlo” (es decir, para actuar en persona suya: es mucho más que representarlo, es “ser” Cristo). Siendo que Jesús es varón, un varón es más signo de su presencia por serlo.
Juan Pablo II publicó la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, dando por cerrado el tema:
http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/apost_letters/documents/hf_jp-ii_apl_22051994_ordinatio-sacerdotalis_sp.html
Ses puede encontrar una explicación más detenida en:
http://www.apologetica.org/ordenacion_mujeres.htm
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Reflexiones sobre el pretendido “matrimonio” homosexual
Sobre el Matrimonio Homosexual
Ante la posible reforma del artículo 172 del Código Civil que ya cuenta con media sanción de la Cámara de Diputados de la Nación, el Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral quiere reiterar sus argumentos ya expuestos públicamente:
- Al hablar de la persona de condición homosexual, queremos destacar el sustantivo persona respecto del adjetivo homosexual. En tanto persona, es titular de todos los derechos humanos fundamentales. Por lo tanto, tiene derecho a casarse (con persona de otro sexo) no existiendo en nuestro régimen legal civil vigente ningún impedimento matrimonial que afecte a la condición homosexual.
- No es de interés público la amistad y los afectos sexuados heterosexuales u homosexuales de los ciudadanos aunque formen parte de la realidad social. Luego, no hay legislación ni debería haberla al respecto. Las situaciones de daño patrimonial que se deriven de dichas relaciones particulares, tienen en nuestro régimen legal vigente vías de prevención y de reparación: sociedad de hecho, teoría del enriquecimiento sin causa, donaciones, testamento.
- Es de interés público (por lo tanto sujeto a legislación pertinente) la unión sexuada en la que sus protagonistas asumen un compromiso con posibilidades de cumplimiento, respecto de las funciones sociales estratégicas sin las cuales ningún país o sociedad es viable: procreación y educación de las próximas generaciones de argentinos, enriquecimiento personal a través de la diversidad sexuada masculina y femenina. Este tipo específico de unión sexuada transculturalmente es el matrimonio.
- Es civilizado en una sociedad llamar con nombres distintos a realidades distintas. Generaría confusión cívica si quien sólo tiene derecho de uso de un inmueble y quien tiene la plena disposición del mismo no se distinguieran con nombres distintos (locatario y propietario respectivamente). Analógicamente, la unión sexuada entre personas del mismo sexo no puede ser denominada matrimonio ya que transculturalmente se llama matrimonio a la unión total de un hombre y una mujer en tanto varón y mujer, hacerlo, generaría la confusión antes citada.
- Es justo tratar igual lo igual y desigual lo desigual. Por el contario sería una discriminación injusta tratar igual lo desigual o desigual lo igual. La equiparación en nombre y derechos de ciudadanos que asumen un compromiso respecto de las funciones sociales estratégicas antes mencionadas (los cónyuges), respecto de los ciudadanos que no pueden (personas de condición homosexual) o no quieren asumirlos (convivientes), sería evidentemente una discriminación injusta respecto de los cónyuges que si las asumen libremente. Además, la equiparación del matrimonio a la unión de personas del mismo sexo en cuanto a sus derechos, sería discriminatorio de otras personas convivientes con vínculos de parentesco consanguíneos.
- En el proceso de maduración de un ser humano hay décadas de psicología evolutiva y psicología de la personalidad que respaldan científicamente la necesidad del niño de tener un padre y una madre. Luego, la adopción de un niño por una pareja homosexual lesionaría el interés superior del niño
Lic. Carlos Camean Ariza
Director
Instituto de Ciencias para la Familia
Universidad Austral
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La Iglesia ofrece argumentos contra el “matrimonio homosexual”
LA IGLESIA CONSIDERÓ “MUY GRAVE” AVANCE DEL “MATRIMONIO HOMOSEXUAL”
El obispo auxiliar de La Plata y responsable de la Conferencia Episcopal Argentina del seguimiento legislativo, monseñor Antonio Marino, calificó de “muy grave” el avance parlamentario del proyecto de ley sobre “matrimonio” entre personas del mismo sexo, porque, advirtió, “no constituye ningún progreso” y va a cambiar “de manera revolucionaria el concepto de sociedad, de familia”.
“Se trata de una revolución conceptual y cultural sobre la cual la Iglesia no está de acuerdo”, subrayó en declaraciones a la agencia AICA.
El prelado insistió en afirmar que “la reingeniería conceptual para llamar matrimonio a otras realidades que no lo son, nos parece grave. Matrimonio viene de mater, madre, mujer que se une con un varón, de un varón que se une con una mujer. Que se equipare este concepto nos parece muy serio”.
Pero consideró que “lo más grave es la posibilidad de que estas parejas puedan adoptar niños”.
“Es negar la evidencia científica y quitarle al niño el derecho a crecer y desarrollarse en su dimensión psicosexual que requiere de la presencia masculina y femenina. Siempre debe primar el bien superior del niño, criterio rector de la Convención sobre los Derechos del Niño. Y si hay cuestiones médicas o psicológicas todavía por comprobar, no se puede estar experimentando con el bien superior del niño”, aseveró.
Monseñor Marino señaló que la Iglesia va a continuar “dialogando y ofreciendo argumentos en este sentido” a los senadores, instancia legislativa que deberá próximamente analizar el proyecto de ley aprobado en Diputados anoche por 129 votos positivos, contra 109 negativos y seis abstenciones.
El prelado lamentó, además, que “algunos legisladores cedan ante presiones de grupos minoritarios y no tengan la valentía de expresar lo que en conciencia creen”.
Asimismo, estimó que la votación en el Senado “puede ser un poco más difícil” para la aprobación, y expresó su confianza en que “así sea, para que vuelva a Diputado para su modificación o archivo”.+
| Buenos Aires, 3 May. 10 (AICA) | |
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| La Conferencia Episcopal Argentina y la Universidad Católica Argentina (UCA) mantienen reuniones periódicas con diputados y senadores, a fin de manifestarles la posición de la Iglesia y ofrecerles argumentos para oponerse a los proyectos de ley para modificar el Código Civil y permitir el “matrimonio” entre personas del mismo sexo y que estas parejas puedan adoptar. También sobre las iniciativas para despenalizar el aborto.El obispo auxiliar de La Plata, monseñor Antonio Marino, encargado por el Episcopado de seguir las cuestiones legislativas, e Inés Franck, Guillermo Cartasso, Nicolás Lafferriere y el presbítero Rubén Revello, peritos de la UCA, son los encargados de exponer ante los legisladores estas cuestiones de inminente tratamiento parlamentario. En los argumentos esgrimidos, se advierte sobre la inconstitucionalidad de los proyectos, sobre el porqué afecta el interés superior del niño, sobre cómo se pretende modificar en forma sustancial de la organización social, y la baja incidencia de uniones homosexuales y el deterioro de la unión heterosexual, entre otros. Resumen de los argumentos
SE AFECTA EL INTERÉS SUPERIOR DEL NIÑO: La legalización de uniones de personas del mismo sexo vulnera el interés superior del niño, criterio rector de la Convención sobre los Derechos del Niño, pues incluye la pretensión de tener descendencia, ya sea por técnicas de procreación artificial o por adopción. En este sentido, el niño tiene derecho a crecer y desarrollarse en su dimensión psicosexual a partir de la complementariedad entre varón y mujer. Tal legalización altera los principios civiles que regulan la filiación matrimonial y sus presunciones. Los proyectos pretenden eliminar todas las leyes donde se habla de “padre” y “madre”. No puede experimentarse con los niños, máxime cuando se han señalado diversas consecuencias negativas que podrían derivar de la sanción de estos proyectos de ley. MODIFICACIÓN SUSTANCIAL DE LA ORGANIZACIÓN SOCIAL: La reforma del matrimonio tal como está regulado en el Código Civil proyecta sus efectos sobre todo el ordenamiento jurídico y la sanción de una ley de estas características supondría la modificación de partes sustanciales del Código Civil y de otras numerosas normas vigentes, sin que se cuente con los estudios sobre las consecuencias de tales modificaciones. Por otra parte, los beneficios que se conceden legalmente al matrimonio fueron instituidos considerando su constitución por varón y mujer y sus funciones intransferibles en la transmisión de la vida y la educación de los hijos. Estas uniones de personas del mismo sexo no cumplen tales funciones ni generan esos beneficios. SOBRE LOS PROYECTOS DE UNIÓN CIVIL: Los argumentos de fondo sobre la pretensión de reconocer como “matrimonio” a las uniones de personas del mismo sexo, se extienden también a los proyectos de ley que pretenden una legalización de tales uniones a través de leyes de “unión civil” o similares. En estos casos, no se las puede equiparar al matrimonio, sin grave injusticia contra el bien común y el derecho de familia, en especial por la función pedagógica de la ley y por las diferencias esenciales existentes entre la unión de varón y mujer estable y abierta a la vida que es el matrimonio, y las uniones de personas del mismo sexo, que no se corresponden con la complementariedad sexual propia de la naturaleza humana. BAJA INCIDENCIA DE UNIONES HOMOSEXUALES Y DETERIORO DE LA UNIÓN HETEROSEXUAL: Sin perjuicio de los argumentos de fondo, cabe señalar que, en los países en los que se legalizó como matrimonio la unión de personas del mismo sexo apenas un 5% (o menos) de la totalidad de la población de orientación homosexual tiene interés en contraerlo, y una vez que lo contrae la unión tiene baja duración. Ello provoca la disminución de la tasa de matrimonialidad. En consecuencia: las personas de orientación homosexual una vez que tienen el matrimonio, no se casan; pero perjudican a las personas heterosexuales, y a la institución matrimonial: después son menos los que quieren contraer matrimonio (ni homosexuales, ni heterosexuales).+ |
Escrito en 1 | Etiquetas: homosexualidad, matrimonio
¿Cuánto sabés de la doctrina cristiana?
El Obispado de Pamplona (España), ha hecho un interesante cuestionario de 100 preguntas con tres opciones cada una.
Es un buen desafío para ver cómo está el nivel de tu conocimiento de la fe. Se puede bajar en pdf o también hacerlo on-line.
Es un curso de catequesis parte del libro “100 preguntas para la Confirmación”, publicado por el Arzobispado de Pamplona y Tudela en 2009 como texto básico para la preparación inmediata a este sacramento en la diócesis.
El método didáctico utilizado consiste en plantear a los jóvenes una serie de preguntas previas a la lectura de los puntos correspondientes. Las diversas opciones de respuesta y los comentarios que siguen a cada elección clarifican la doctrina y predisponen al lector a asimilar la formación con cierta autocrítica.
Aunque el curso está elaborado con la idea de facilitar su realización con autonomía (autoevaluación, lectura de los textos sugeridos en el manual, glosario que refuerza los conceptos principales, imágenes que ilustran lo que se está estudiando, etc.), el catequista dispone de estas mismas preguntas en formato PDF en dos versiones: una con respuestas y otra sin ellas. De este modo pueden hacer uso del material formativo siempre que no sea posible acceder a Internet.
¿Con qué mano hacer la señal de la cruz?
A mi hija de seis años, en el colegio le dicen que la señal de la cruz se puede hacer con cualquier mano, si sos zurda, con la izquierda…… Yo tengo entendido que no. Soy Catequista y, de hecho le enseño a los chicos de catequesis que se hace con la derecha; pero capaz que cambiaron las cosas y no estoy enterada…
La señal de la cruz siempre se ha hecho con la derecha.
En la vida civil hay un protocolo: cuando para saludar a alguien se da la mano, se da la mano derecha, no la izquierda. En la vida de piedad ocurre lo mismo.
El motivo es que la mano derecha es considerada más “digna” y por eso se la usa. Así, por ejemplo, el sacerdote da la Comunión con la mano derecha: no es que esté prohibido o sea pecado hacerlo con la izquierda, pero es una cuestión de “buena educación” litúrgica y detalle de amor con el Señor. Y hacerlo así no resulta ofensivo para los zurdos (aclaro que yo lo soy, y mi mano izquierda nunca se ha puesto celosa de la derecha).
Evidentemente no es una cuestión de fe: es una convención, que quiere expresar una mayor dignidad de lo que se hace; de ahí que signifique un mayor respeto y, por tanto, también más amor.
Así como las reglas de buena educación en la sociedad, no son meras formalidades, sino que expresan respeto y cordialidad. Cuando en la sociedad en nombre de la espontaneidad, se dejan de lado las normas de buena educación, en realidad las personas se van “embruteciendo” y el trato se hace más tosco. La elegancia es una virtud, y -si no se queda en mero gesto, porque se le pone cariño- es gesto de amor.
Hay un artículo que escribí hace tiempo sobre el tema: “Los buenos modales con Dios“.
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