martes, 3 de mayo de 2011

rutas a pie el camino de santiago

En 1978, Juan Mora (Madrid, 1952) formó parte activa del movimiento de expansión del deporte popular, con sus artículos en el diario El País y el libro Correr. Quince años después, contribuye con esta obra a conducir hasta Santiago a cuantos caminantes se lo propongan.

José Ignacio Tamargo (Cervera de Pisuerga, Palencia, 1962), también periodista de El País, ha elaborado y diseñado el tratamiento gráfico de la guía, además de haber proporcionado sus apuntes de caminante.

Nacho Catalán (Madrid, 1969), pionero en el dibujo informático, ha metido el Camino dentro de las páginas, transformando sus notas de campo en mapas. Para ello ha aplicado la infografía, con la que consigue reproducir fielmente todos los lugares por donde transcurre la ruta.

EL PAIS

Viajes y Turismo Directora Editorial: María Ángeles Sánchez Editor Ejecutivo: José Talavera Editora de textos: Asunción Lasaosa Portada: Jorge Arranz Asesoramiento: Juan Ramón Corpas Coordinación de realización: Víctor Benayas Fotografías: el equipo de autores Coordinación fotográfica: Rafael Badía índice toponímico: Carmen Bermúdez Fotomecáníca: Eurocolor, S. a. Ediciones El País, S. a. y Aguilar, S. a. de Ediciones, 1993. Juan Bravo, 38, 28006 Madrid. Teléfono 322 47 00/Telefax 322 47 71 y. S. y. y. 84-03-59279-5 Depósito Legal: y-7413-1993 Printed in Spain/Impreso en España por Unigraf, S. a. Móstoles (Madrid).



ÍNDICE

Prólogo 6

Manejo y uso 8

Historia de las peregrinaciones 10

El equipaje del peregrino 16

Cuidados médicos 18

Mapa del Camino 20

El Camino Aragonés 21

1a Somport-Castiello de laca 22

2a Castielly-Puente la Reina 26

3a Puente la Reina-Artíeda 30

4a Artieda-Sang 34

5a Sangüesa-Monreal 38

6a Monreal-Puente la Reina 42

El Camino Real Francés 47

1 Frontera-Roncesvalles 48

2 Roncesvalles-Zubírí 52

3 Zubírí-Arre 56

4 Pamplona 61

5 Pamplona-Puente de la Reina 62

6 Puente la Reina-Estella 66

7 Estella-Los Arcos 70

8 Los Arcos-Logroño 74

9 Logroño 78

10 Logroño-Nájera 80

11 Nájera-Santo Domingo de la Calzada 84

12 Santo Domingo de la Calzada-Belorado 88

13 Belorado-San Juan de Ortega 92

14 San Juan de Ortega-Burgos 96

15 Burgos 100

16 Burgos-Arroyo Sambol 102

17 Arroyo Sambol-Castrojeríz 106

18 Castrojeríz-Frómísta 110

19 Frómísta-Carríón de los Condes 114

20 Carríón de los Condes-Calzadílla de la Cueza 118

21 Calzadílla de la Cueza-Sahagún 122

22 Sahagún-Mansílla de las Mulas 126

23 Mansílla de las Mulas-León 130

24 León 134

25 León-Vílladangos del Páramo 136

26 Vílladangos del Páramo-Astorga 140

27 Astorga-Rabanal del Camino 144

28 Rabanal del Camino-Ponferrada 148

29 Ponferrada-Víllafranca del Bíerzo 152

30 Víllafranca del Bíerzo-Cebreíro 156

31 Cebreíro-Tríacastela 160

32 Tríacastela-Sarria 164

33 Sarria-Ferreíros 168

34 Ferreíros-Portomarín 172

35 Portomarín-Palas de Rey 176

36 Palas de Rey-Melíde 180

37 Melíde-Arzúa 184

38 Arzúa-Rúa 188

39 Rúa-Santiago de Compostela 192

40 Santiago de Compostela 196

Guía de ciudades y pueblos 201

Relación de refugios en el Camino 206

índice toponímico 214




PRÓLOGO

Va a comenzar un largo recorrido a través del Camino de Santiago. No se trata sólo de un viaje por la historia y el tiempo, sino, físicamente, por casi media España. Esperan sendas, pistas y carreteras para reproducir fielmente la traza histórica que siguieron, desde hace siglos, millones de peregrinos. La dirección es siempre hacia poniente. Esta guía inicia el trayecto en los dos puntos fronterizos donde el Camino entra en España y lo acaba en la catedral de Santiago de Compostela.

La travesía no resulta dificultosa. Depende de la distancia que se haga cada día. Puede oscilar entre un máximo de 60 kilómetros, andando rápido y sin descanso durante toda la jornada, y un mínimo de 20, dedicando sólo la mañana y de manera placentera. En cualquier caso, el organismo se acaba adaptando al esfuerzo que se le exige y a partir del quinto día su respuesta es muy superior a la esperada.

Las referencias son constantes durante toda la ruta, lo que elimina prácticamente la posibilidad de pérdida. En Navarra y Aragón está señalizada mayoritariamente con unas rayas rojas y blancas, identificadoras de que se trata de un camino GR (Gran Recorrido); en las otras comunidades la indicación se realiza a través de flechas amarillas pintadas en el terreno, y tiras del mismo color prendidas de los árboles y los matorrales. En Galicia, hay mojones que incluso miden las distancias. Los paneles oficiales tienen menos utilidad para el caminante, ya que su función es más turística que práctica.

Incluso prescindiendo de todas estas marcas, que pueden ser borradas y desviadas, el peregrino dispone de constantes referencias, porque no hay tramo alguno en todo el recorrido que no disponga de

al menos una clara llamada cada kilómetro, ya sea en forma de cruce, río, acequia, bosque y montaña. Lo habitual es que estén a una distancia nunca superior a los 500 metros. Siguiéndolas, queda descartada toda posibilidad de pérdida, porque por donde ahora pasa el peregrino ya lo hizo antes, por última vez en enero de 1993, al menos un componente del equipo que ha realizado esta guía.

Desde entonces a esta parte, las indicaciones del Camino han podido sufrir variaciones en lugares muy concretos, pues en los primeros meses de 1993 se trabajaba en la recuperación de sendas que evitaran el tránsito por las carreteras, si bien la mayoría de las veces éstas coinciden exactamente con la traza histórica que siguieron hace siglos los caminantes.

Para uso exclusivo de los peregrinos que vayan a pie y en bicicleta, hay una red de refugios en todo el recorrido. Mantienen su tradición hospitalaria y no cobran por pernoctar en ellos. Basta con presentar la credencial que se obtiene en la parroquia donde se inicie el viaje y que se va sellando durante el trayecto. Es norma no exigida dejar un mínimo de 300 pesetas por persona para colaborar en su mantenimiento. Suelen depender de un Ayuntamiento y una parroquia, y el estado en que se encuentran es muy variado. Lo más habitual es que dispongan de literas con colchonetas, y duchas.

Algunos refugios se encontraban todavía en obras en febrero de 1993 y su fecha de finalización era aún incierta. En tales casos es obligado llamar a los teléfonos que se indican a su lado para conocer si se encuentran ya abiertos. En ninguno de ellos se admiten reservas. La hora de acogida no suele

sobrepasarlas nueve de la noche.

Las cruces son utilizadas para seïyalar la direccion (colina Mostelares, Burgos).

Una guía práctica

En cuanto al contenido del libro que tiene en sus manos, todo el Camino de Santiago desde sus dos puntos de origen en Navarra y Aragón- está dividido en etapas, no sólo en función de su distancia, sino atendiendo a las posibilidades que ofrecen para el aprovisionamiento y el descanso. Es uno mismo quien ha de administrarlas y elegir cada día entre seguir adelante y detenerse. La guía le ayudará a ello.

No tiene que dejarse engañar. Suele ocurrir que, en el llano, las distancias se presentan achatadas, como si se mirase a través de un teleobjetivo. y lo que ante los ojos está tan cercano, es muy probable que con los pies no lo esté tanto. Una máxima de oro es que 'la ruta se anda con los pies, no con la vista'. Por eso, en cada etapa, además de los kilómetros que hay siguiendo la línea amarilla de los mapas, que es la del Camino, se indica el tiempo aproximado que se tarda en recorrerlos. El cálculo se ha hecho tomando como base una velocidad de cuatro kilómetros por hora (uno cada 15 minutos), que supone un ritmo más moderado que el que habitualmente se utiliza para andar. También se han tenido en cuenta las características de cada tramo, pues, al igual que en las ascensiones disminuye la velocidad de la marcha y se aviva en los descensos, lo mismo ocurre si el desplazamiento se efectúa por tierra y asfalto. Los tiempos indicados son los que se tarda en hacer el trayecto sin paradas.

La utilización de la guía es también apta para los ciclistas. Por eso contiene advertencias específicas, en los tramos que así lo requieran, para quienes viajen en bicicleta.

El Camino vuelve a latir

Historia de una peregrinación milenaria

Hay gestas, milagros y leyendas. También, reyes, santos y rufianes Ninguna huella se ha borrado del Camino, pues sobre ellas España fue escribiendo su propia historia. Por eso, la ruta que conduce hasta Santiago no es ahora sólo patrimonio de la cristiandad, sino de cuantas gentes lo recorren, en búsqueda de un fundamento que tampoco tiene que ser necesariamente religioso. Gracias a todas ellas, mil años después, el Caminc de Santiago vuelve a latir.

Eran los años de completa dominación romana en España. Santiago, el hijo de Zebedeo, hermano de Juan, también apóstol, embarcó para predicar en tierras_ más lejanas. Su presencia quedó constatada por la zona de Valencia, Zaragoza y Galicia. Después regresó a Jerusalén. No vivió mucho tiempo más. En el añc 44, Herodes le mandó decapitar. Su cadáver fue abandonado

para que sirviera de alimento a los animales. Los discípulos le recogieron para darle sepultura. La costumbre era que fuera enterrado allí donde hubiera predicado.

Las lagunas históricas empiezan después de que el cuerpo de Santiago fuera embarcado en Jaffa. Ese vacío fue propicio para la aparición de tripulaciones angelicales, naves mágicas que se transformaban en arcas de mármol, dragones y fieras que se amansaban al paso del cortejo fúnebre, camino del lugar santo. a continuación, la figura de Santiago inició un sueño de 800 años.

En el año 711 ocurrió un hecho que marcará el devenir del Camino de Santiago. España fue invadida por el ejército musulmán. En poco tiempo ocupó la totalidad del territorio a excepción de la franja cantábrica y pirenaica occidental.

Siete años tardó en llegar la primera derrota de las tropas moras. Fue en las inmediaciones de Covadonga, ante el rey Pelayo. Comenzó a propagarse que la intervención divina, en este caso de la Virgen, había resultado decisiva. La fe empezaba a dar tan buenos resultados como las propias armas.

También iniciaba a extenderse el culto a Santiago, de la mano del Beato de Liébana, al anuncio de los milagros que realizaba en pro de la causa cristiana. Los visigodos refugiados en Asturias fortalecieron sus bríos, a) sentirse elegidos por Dios para ejecutar sus deseos en la tierra, y salieron de los reductos en la montaña para ocupar las zonas despobladas que a su paso dejaban los musulmanes. León y Galicia volvieron a ser reinos cristianos.

El descubrimiento

En un año que se sitúa en torno al 813, un individuo del que sólo se sabe el nombre, Pelayo, se había retirado al bosque de Libredón, sobre la suave colina que circundan los ríos Sar y Sarela, para reali zar vida ermitaña. En él lugar se hallaba una necrópolis romana y otra visigoda, que permanecían bajo una espesa capa de arcilla, producto del abandono en el que habían caído.

Pelayo contempló una lluvia de estrellas que caían sobre un punto determinado. Interpretó la visión como un mensaje divino y comenzó a buscar. Descubrió un sepulcro y dio cuenta al obispo Teodomiro del hallazgo, acontecido en lo que él llamó un campo de estrellas, lo que dio origen al nombre de Compostela, campus stelae.

El obispo certificó que los restos pertenecían al apóstol Santiago. Recons truyó la historia aseverando que la nave donde fue depositado el cadáver en Palestina llegó hasta el puerto de Iria Flavia -el actual Padrón- siguiendo la tradición de que los apóstoles de Cristo fueran enterrados allí donde hubieran predicado. Así se explicaba la aparición de los restos a 38 kilómetros del punto de desembarco, aguas arriba del río Ulla y en medio de la calzada romana que unía Padrón con Betanzos. El obispo Teodomiro también identificó como verdaderos los sepulcros de Teodoro y Atanasio, discípulos del apóstol y enterrados junto a él.

El rey Alfonso II el Casto tuvo conocimiento del hecho. Tan necesitado como estaba de una figura que apadrinara la Reconquista, nombró a Santiago patrón de España, y ordenó la construcción de una iglesia sobre el mausoleo del santo. Las obras comenzaron en el año 829. La noticia se extendió. Ya era oficial que el cuerpo de Santiago se veneraba en el Campo de las Estrellas.

Los primeros peregrinos

La primera referencia histórica a un grupo de personas que acudió al lugar para rezar ante el santo data del año 840 y constata que viajaron desde Asturias. Hasta entonces sólo se peregrinaba a Roma y Jerusalén. Quienes iban a la sede papal eran romeros y los que llegaban hasta Tierra Santa, palmeros; peregrino fue, a partir de entonces, el que visitaba Compostela.

La figura del santo cobró aún mayor fuerza a raíz de la batalla de Clavijo. Allí se enfrentaron en el año 842 el reino asturleonés y el de Al-Ándalus. Pese a su inferioridad, venció el ejército cristiano. La victoria se atribuyó, según contaban quienes decían haberlo visto, al mismísimo apóstol Santiago, que irrumpió en el campo de batalla montado sobre un caballo blanco y lanzando espadazos a diestro y siniestro.

Este episodio comenzó a perpetuarse en cuantas iglesias se levantaban. También se extendió al otro lado de los Pirineos, donde la figura de Santiago Matamoros fue bien recibida, porque la lucha a favor de la causa cristiana era el legado que había dejado Carlomagno, perseguidor de las tropas islámicas incluso más allá del reino francés, lo que le había valido ser nombrado Emperador de Occidente.

A lo largo del siglo y los límites de la Reconquista se van ampliando y aparecen nuevos reinos, que comparten el mismo ideal religioso. Empieza a ser posible viajar por todo el norte con seguridad enarbolando la bandera del cristianismo. Llegan los primeros peregrinos extranjeros, todavía muy escasos. Entran preferentemente en España por la calzada romana Bearn-Zaragoza, porque en Roncesvalles están los vascones siempre en pie de guerra. Pasan los Pirineos por el puerto del Palo, descienden el valle de Hecho y toman la canal de Berdún.

En el año 950 Gotescalco, obispo de Puy, peregrinó a Santiago. El viaje, realizado con gran boato, no pasa desapercibido. Se trata de una autoridad eclesiástica, primera que visita Compostela, y le acompaña una amplia cohorte. Su ejemplo empieza a ser secundado.

Se abrió un paréntesis en las peregrinaciones cuando Almanzor, en una operación de castigo al reino cristiano, llegó hasta Compostela y arrasó la ciudad en el año 997. Como expresión de la preponderancia del islam, se llevó las campanas de la iglesia y las hojas de las puertas para que sirvieran, una vez fundidas, de estructura a la mezquita de Córdoba.

Un intenso año 1000

La llegada del nuevo milenio marcó una nueva etapa, que será precisamente la que diseñe la actual personalidad del Camino de Santiago. Porque de la mano del rey navarro Sancho III el Mayor llegó la orden de Cluny a España; bajo el brazo trajo el arte románico. Esta expresión se empezó a manifestar en las iglesias, de dimensiones colosales porque representaban el ideal por el que se ha luchado. También tuvieron que dar cabida a cuantas gentes vivían a su alrededor, pues los burgos crecieron bajo el influjo eclesiás tico, único administrador de la cultura en la época. Los monjes de la orden fueron ocupando una tierra de nadie, que había quedado desierta tras doscientos años de guerras.

Llegó el milenario de la Pasión y la cristiandad se movilizó para peregrinar. Pero sobre Jerusalén acechaba la amenaza turca. No era el lugar indicado. Compostela quedaba más cerca. Los territorios reconquistados se fueron estabilizando; nacieron ciudades y se mejoraron las vías de comunicación. La expansión de los monjes de Cluny por todo el territorio también contribuyó a inspirar confianza.

Por Aragón continuaban llegando peregrinos. Pero desde el año 1035, también por la ruta de Somport. Ramiro y fijó la capitalidad del reino en jaca, lo que mejoró la infraestructura de esa vía donde se levantó, además, el hospital de Santa Cristina, comparado en importancia al de Jerusalén. Estas instalaciones comenzaron a sucederse en el itinerario hasta Santiago para atención de los peregrinos. En alguna se les aseguró incluso la comida. La normativa general era que podían permanecer un día si iban a Santiago y dos si estaban de regreso.

La intensidad que trajo el nacimiento del milenio no decayó. Sancho III el Mayor rompió fronteras al Camino y lo acortó haciéndolo pasar por Nájera, una vez reconquistada, ahorrando el tránsito por Álava. En Castilla, Alfonso VI también tomó bajo su protección la ruta jacobea y concedió a Santo Domingo cuantos medios necesitara para mejorarla. En Santiago, Diego Peláez comenzó las obras de la actual catedral en el año 1075, mientras las peregrinaciones se sucedían. Quedó registrada la del Cid en 1064 y un año después se recibió, desde Lieja, la más ingente de todas las habidas desde que se iniciaron 200 años antes.

Santiago de Compostela figuró, por disposición papa¡, como lugar oficial de peregrinación, junto con Roma y Jerusalén. Calixto II concedió en 1122, además, la posibilidad de alcanzar allí el jubileo. Los años cuyo 25 de julio, festividad de Santiago, fuera domingo, se declararon santos. Ello suponía la redención de todos los pecados a quienes peregrinasen en tales fechas. En cambio, por orar ante el sepulcro del apóstol en años que no fueran santos, sólo se perdonaba la tercera parte de los pecados, que equivalía, según interpretaciones de la época, a un mínimo de 40 días de purgatorio y a un máximo de 200.

La primera guía

El primer Año Santo fue el de 1126 y dos después se acabó la catedral. Las peregrinaciones empezaron a ser masivas. En una de ellas llegó Aymeric Picaud, clérigo de Poitou, que volvió a repetir el viaje para escribir el Liber Sancti Jacobi. Este libro se convirtió en una auténtica guía del Camino; daba detalles del itinerario, los hospitales y el comportamiento de las gentes. Lo terminó en 1139 y pasó a ser llamado Códex Calixtinus al conceder su autoría al papa Calixto II.

En él quedaron registradas 13 etapas desde la salida de Saint Michel, en Francia, y cuyos finales eran, entrando por Roncesvalles, Viscarret, Pamplona, Este~ ¡la, Nájera, Burgos, Frómista, Sahagún, León, Rabanal, Villafranca, Triacastela, Palas do Re¡ y Santiago. Por la vertiente aragonesa, hasta llegar a Puente la Reina, había finales en jaca, donde se llegaba

procedente del pueblo francés de Borce, y Monreal.

Al término de cada una de estas etapas, en las que se tardaba dos y tres días, el peregrino podía encontrar un sitio adecuado para prolongar el descanso, que generalmente era un hospital al cuidado de una orden religiosa.

Los lugares consignados en el Códex son éstos: Hospital de Roldán, Roncesvalles, Viscarret, Larrasoaña, Pamplona, Puente la Reina, Estella, Los Arcos, Logroño, Villarroya, Nájera, Santo Domingo, Redecilla, Belorado, Villafranca de Montes de Oca, Atapuerca, Burgos, Tardajos, Hornillos, Castrojeriz, Frómista, Carrión, Sahagún, Mansilla, León, Órbigo, Astorga, Rabanal, Molinaseca, Ponferrada, Cacabelos, Villafranca, Castrosarracín, Villaus, Hospital del Cebreiro, Liñares, Triacastela, San Miguel, Barbadelo, Portomarín, Salas de la Reina, Palas de Rey, Leboreiro, Santiago de Boente, Castañeda, Vilanova, Ferreiros y Santiago de Compostela. En la vertiente aragonesa hace mención al Hospital de Santa Cristina, Canfranc, jaca, Osturit, Tiermas, Monreal y Puente la Reina.

El Camino siguió cobrando apogeo. a él acudían en cumplimiento de promesas y penitencias tanto nobles como plebeyos, aunque algunas bulas facultaban, sobre todo a los primeros, a que otra persona, generalmente un pobre, hiciera la peregrinación por ellos.

El bandidaje y la picaresca también salieron al encuentro del Camino y se creó en el año 1170 la orden de los Caballeros de Santiago para proteger la ruta, tal y como había sucedido años antes con la orden de los Templarios, a los que se encomendó la vigilancia de los Santos Luganes y que posteriormente también llegarían a España.

En los dos siglos posteriores, XIII y XIV, la peregrinación registró un auge desmesurado, producto del fanatismo religioso. La princesa sueca Ingrid llegó andando a Santiago de Compostela en el año 1270, tras haber peregrinado, también a pie, hasta Jerusalén y Roma, ciudad visitada por dos millones de peregrinos en el Año Santo de 1300. Santiago acogía una cantidad inferior, pero más constante, que se cifraba en medio millón de peregrinos al año.

La ruta jacobea, una vez que se unificaba en Puente la Reina, empezó a a llamarse Camino Francés, debido al enorme tránsito de extranjeros, llegados todos inexcusablemente de Francia, pues éste era el último país que pisaban antes de entrar en España. Había más caminos, pero de menor importancia. La gran avalancha procedía del continente y el itinerario principal -existía otro por la costaera el llamado Real Francés.

Decaimiento

Fue a partir del 1500, coincidiendo con el descubrimiento al otro lado del océano de nuevas tierras, cuando decayeron las peregrinaciones, pese a que aún recibían el impulso real. Los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II se contaron entre los peregrinos de aquella época.

Hubo otro episodio más que contribuyó a que se abriera un gran paréntesis. En 1589, la prudencia de los monjes que estaban al cuidado de las reliquias del santo hizo que las escondieran, ante el anuncio de que un mítico pirata, sin Francis Drake, había desembarcado en Galicia. Lo hicieron con tanto celo y secreto, que ya nadie supo más de ellas.

El descanso duró esta vez tres siglos. Unas obras realizadas en 1879 en el subsuelo de la catedral de Santiago de Compostela pusieron al descubierto las reliquias. El papa León XIII dio fe de la autenticidad de los restos.

El hallazgo no supuso ninguna reactivación del peregrinaje. Eran malos tiempos para la Iglesia, pues 44 años antes había sufrido la desamortización de Mendizábal, jefe de gobierno durante el reinado de Isabel II, que puso a la venta todas las tierras eclesiásticas, cifradas en un 18% de la totalidad del territorio español.

Nuevas excavaciones en la catedral, hechas entre 1946 y 1959, permitieron encontrar la tumba del obispo Teodomiry. También quedó confirmada la existencia de una necrópolis cristiana del siglo y. En otras más recientes se descubrieron unos agujeros en los nichos que se atribuyeron a los discípulos Teodoro y Atanasio. Era costumbre de la época que en los túmulos de las personas que hubieran sufrido martirio se depositara regularmente incienso y se obtuviera de ellas alguna reliquia. Apareció también la inscripción “Atanasio mártir”.

El renacer

El interés histórico por el lugar reactivó inesperadamente la ruta. La Unesco concedió a Santiago en 1985 la máxima distinción a una ciudad, al declararla Patrimonio de la Humanidad. El Camino también recibió un título de privilegio, el de Primer Itinerario Cultural Europeo. Tres años después, el Gobierno de Navarra firmó un decreto para protegerlo, al prohibir en él todo tráfico de vehículos de motor; también sancionó cualquier construcción que se levantara a menos de 30 metros de las lindes.

Sólo quedaba que los peregrinos insuflaran un soplo de vida a un itinerario que cumplía los 1.150 años. Porque de nada le valían tan prestigiosas menciones si nadie lo revitalizaba con su caminar. En 1990 fueron 4.918 personas las que, a pie, en bicicleta y en cabalgadura, acudieron a su llamada. En 1991 la cifra aumentó a 7.274; en 1992, a 9.764. El corazón del

Camino volvía a latir.

En su nueva etapa son los españoles (71,7%) mayoría sobre los extranjeros. y de ellos, Madrid aporta el mayor número (22,3%). De otros países, son los alemanes (8,8%) los que más están presente, seguidos de los franceses (5,0%).

Roncesvalles es el lugar preferido para iniciar la peregrinación, que está alimentada mayoritariamente por un impulso religioso (53,9%). Esta declaración da derecho a recibir la

Compostela, documento acreditativo de haber realizado la peregrinación, y que se entrega en la oficina de acogida, en la catedral de Santiago, donde el peregrino rellena una ficha con los datos que permiten realizar esta estadística.

El perfil medio del peregrino actual, según la estadística de 1992, se completa con estos datos: varón (67,0%), entre 21 y 30 años (30,4%), estudiante (40,9%) y que ha realizado el Camino a píe (61,8%) en el mes de agosto (35,3%).

Pero las minorías también aportan al Camino una pluralidad que le revitaliza. Como los nueve muchachos belgas que en 1991 vieron conmutadas las penas que cumplían en el reformatorio, peregrinando a Santiago, según una tradición que mantiene el organismo encargado de su tutela.

El Camino, como la figura de Santiago, despierta del sueño. El nacimiento de un nuevo milenio ya está próximo.

La Cruz de Hierro, sobre el monte

Irago, en León, testifica el tránsito

de los peregrinos. Cuantos pasan a su

ado lanzan una piedra a la base.






Equipaje austero

El calzado es lo más importante

U n sombrero de ala ancha que proteja del sol y la lluvia, una esclavina bajo la que guarecerse del frío y el viento, un bordón para el apoyo y la defensa, una calabaza donde guardar el agua y un morral para la comida. Al peregrino de siglos atrás no le hacía falta más para echarse a andar camino de Santiago. a su vuelta, una concha de vieira daba fe de que había llegado hasta el sepulcro del Apóstol.

Algunos de estos elementos siguen siendo todavía imprescindibles a la hora de hacer el equipaje para emprender el camino. Necesariamente tiene que ser mínimo, porque todo hay que llevarlo encima. y con el paso de los kilómetros, la mayoría acaba siendo superfluo. Si en el camino faltan prendas, lo que sobran son tiendas.

De los cinco componentes que caracterizan la silueta peregrina hay dos que permanecen inalterables, tal y como eran. El sombrero podrá ser ahora de algodón, pero igualmente ha de tener el ala ancha si se quiere que sirva de verdad para evitar el sol y, consiguientemente, aliviar el calor, pues la cabeza es uno de los principales focos térmicos del organismo.

Otro elemento igualmente imprescindible es el bordón. Los modernos bastones no han conseguido mejorar la eficacia de un instrumento de apoyo que, cuanto más alto, mejor para afianzar y alargar el avance.

De los tres que quedan, dos han sufrido transformaciones: el morral en mochila y la esclavina en chubasquero, que nada tiene que hacer ante la capa en caso de fuerte lluvia, pero que protege del frío y saca del apuro sin pesar más que unos pocos gramos ni ocupar apenas sitio.

De la calabaza no queda ya ni tan siquiera la versión moderna de la cantimplora. En el camino actual es raro el tramo donde los pueblos, todos con fuente, estén separados por más de ocho kilómetros, lo que equivale a estar un periodo máximo de dos horas sin beber. En los contados casos de tener que afrontar una travesía de mayor distancia, el porte de una botella de plástico, cuyo peso añadido al del agua es nulo, evita el tener que llevar durante todo el recorrido un recipiente con agua para cuando se pueda necesitar.

Fuera de estos clásicos elementos en la indumentaria del peregrino, hay uno que se añade obligatoriamente si se va a pernoctar en los refugios, el saco de dormir, pues en estos albergues no suele haber más que una colchoneta -a veces ni esodonde tumbarse.

Si se opta por dormir en establecimientos públicos, entonces ni el saco es necesario, con lo que se ahorra un volumen importante en el equipaje.

Las botas ofrecen la ventaja de proteger el tobillo y el arco plantar.

Hay además otro artículo cuya importancia actual es superlativa, el calzado, que, si siglos atrás no constituía el más grave problema, era porque el hombre tenía adaptado el pie a recorrer grandes distancias. Ahora sólo el uso de un buen calzado evita los mayores imponderables que puedan encontrarse en el camino.

Hay dos alternativas: bota y zapatilla. Lo ideal sería la primera para andar por los tramos de montaña y sobre caminos pedregosos, y la segunda para utilizar en carreteras asfaltadas y en zonas de camino de tierra muy lisa. Pero en esa economía de peso y espacio que se acaba imponiendo a la hora de hacer el equipaje, sobra una de las dos.

La bota, si es de las conocidas como de trekking, protege mejor todo el pie en general, pero lo congestiona más si hace calor. Su gran ventaja es que previene de torceduras en los tobillos y no fatiga el arco plantar cuando se anda por malos caminos, sobre todo pedregosos.

La zapatilla, siempre que sea de suela ancha y sin materiales plásticos, es más ligera y adecuada para una marcha rápida, pero expone a un mayor riesgo las articulaciones. La suela puede resultar demasiado débil para andar sobre pequeñas piedrecillas y propicia las molestias en la planta del pie. Además de los artículos de higiene personal, no se ha de olvidar el elemental botiquín que cada persona tiene que componer atendiendo a los problemas físicos que suela padecer.

El resto del equipaje queda a expensas de las necesidades a las que el peregrino crea que no puede renunciar. Al final la sobriedad acaba imponiéndose, porque no hay espacio físico para llevar encima cuanto uno quisiera. Pero aún así, parte de lo que vaya dentro acabará considerándose artificial, para ahorrar peso al cabo de poco tiempo.

Una buena solución es proveerse durante el camino de camisetas y ropa interior, lo que ya supone un ahorro importante en el volumen del equipaje.

Entre los documentos que hay que llevar son particularmente interesantes la credencial de peregrino -se da en las iglesias- que permite la estancia en los refugios, y la cartilla de la seguridad social, por si hiciera falta asistencia médica. También es importante la tarjeta de crédito para no llevar nunca encima elevadas cantidades de dinero, que acaban siendo innecesarias.

Las zapatillas son idóneas para pisar terreno firme.


El botiquín del peregrino

Prevenciones y remedios

Durante el recorrido existe una elevada posibilidad de que aparezcan contratiempos físicos. Lo más normal es que se manifiesten en forma de ampollas y inflamaciones articulares. La prevención y el tratamiento adecuado permiten que la marcha no tenga que ser paralizada, aunque sí reducida. El cansancio muscular no depara, en cambio, ningún problema.

Ampollas

Las ampollas aparecen al margen de todas las precauciones que se adopten para evitarlas. Las medidas preventivas que se han de tener en cuenta son el perfecto ajuste de los calcetines, la utilización de un calzado en buen estado de uso y la higiene diaria, lavándose los pies inmediatamente, al término de cada jornada.

Uno de los motivos que propicia la aparición de las ampolllas es que el calcetín pierda la función encomendada de convertirse en la segunda piel que proteja, sobre todo, la zona del talón y los dedos. El desajuste puede ser mínimo, pero acaba agigantado por el continuo caminar. La fricción irregular va arrastrando la parte más superficial de la piel, hasta que ésta pierde su contacto directo con la zona carnosa.

Otra causa es que el calzado contenga alguna protuberancia, lo que suele ocurrir cuando se desgasta el tejido interno del calzado, sobre todo en la zona del talón. La parte del pie que está en contacto con ella queda atrapada en la concavidad y se empieza a producir una falta de sincronía en el desplazamiento de la piel, con idénticos efectos a los que causa el desacoplamiento del calcetín.

Lo más importante es poner fin al motivo que ha causado la ampolla, para evitar la nueva aparición de otras. Luego, la curación es sencilla. Hay que pincharla para expulsar todo el líquido y echar algún producto desinfectante en su interior, recortando si es necesario una parte de la piel muerta. Si no es muy grande, también resulta efectivo coserla, dejando sueltas a cada lado las dos partes del hilo para que actúen de permanente drenaje.

En ambos casos se obtiene un alivio inmediato del dolor que produce su presión y se consigue que se seque rápidamente, con lo que la carne queda antes recubierta por una nueva piel. Hay productos en la farmacia que aceleran la formación de un nuevo tejido en la epidermis.

Inflamaciones

El tobillo puede verse afectado por inflamaciones a consecuencia, sobre todo, del persistente andar sobre terrenos irregulares. Las pequeñas distensiones al pisar mal

se manifiestan más tarde con ligeras molestias e inflamaciones. Si el dolor es más agudo y se produce a cada apoyo de la pierna, no hay que descartar la posibilidad de una inflamación articular y incluso del periostio.

En cualquiera de los casos la utilización de una bota alta, y/y una tobillera, alivia los dolores, así como el vendaje de la zona afectada. El remedio es más efectivo si se aplica una venda elástica, teniendo siempre en cuenta que no ha de apretarse en exceso. En caso de ser adhesiva, se puede poner debajo un vendaje de hilo para evitar una dolorosa depilación cuando se quite.

El tratamiento para toda esta clase de dolencias es a base de cremas antiinflamatorias y aumento del descanso.

Cansancio muscular

La aparición de cansancio muscular es inevitable en las primeras jornadas. Ayuda a combatirlo un prolongado baño de las piernas en agua fría. También, permanecer con ellas en alto. a los pocos días el músculo se ha acostumbrado al continuo movimiento y no expresa su protesta.

Las agujetas tampoco representan problema. Desaparecen andando.

Para aliviar la fatiga en los pies hay cremas específicas que activan la circulación de la sangre y producen un rápido efecto de descanso.

Después de una jornada que haya resultado más prolongada de lo habitual, pueden presentarse síntomas de cansancio general extremo, incluso ligeros mareos, sobre todo al detener la marcha. Es síntoma de falta de azúcar en la sangre. Para evitar que se presente nuevamente este cuadro, lo más indicado es comer abundante fruta durante el día. Con respecto a la alimentación, tomar hidratos (pan, pastas, dulces, etc) ayuda a soportar mejor las etapas de alto kilometraje.

Qué llevar

El botiquín ha de contener los elementos precisos para solucionar de inmediato los problemas que con mayores posibilidades se van a presentar inesperadamente. Así pues, no es necesario más que una aguja, hilo, unas pequeñas tijeras, líquido desinfectante, crema antiinflamatoria y una venda. Todo esto apenas ocupa espacio. De necesitarse más productos, en la mayoría de los pueblos del recorrido hay farmacias.

Igualmente, si se precisa asistencia, en todas las localidades y hay ambulatorio, incluso con servicio de urgencia, y acude el médico a una hora determinada, generalmente por las mañanas.


El Camino Aragonés

Somport-Puente la Reina

“Procura no imprimir tu huella donde

los siglos se han abstenido de hacerlo”

Federación Aragonesa de Montañismo



Som
port-Castiello de Jaca

23,4 kilómetros - 5,45 horas

Bajo la sombra de Felipe II

A 1.640 metros de altitud, sobre la misma cumbre de Somport, con Francia a las espaldas y por delante uno de los principales valles que abren las puertas de España, comienza el Camino de Santiago a su paso por Aragón. Así se inicia un viaje a través de la historia, donde 400 años sólo es el ayer; el pasado que se busca tiene bastantes más siglos.

La entrada a España por el puerto de Somport ha sido siempre una de las de más fácil acceso y la seguida, consiguientemente, por una gran parte de las corrientes peregrinas que llegaban, sobre todo, del sur de Europa. Apenas iniciado el descenso, en el primer llano que se extiende junto a ya estación de esquí de Candanchú, estaba el hospital de Santa Cristina, de cuya grandeza dejaron constancia los escritos del siglo XII, al equipararlo con el de Jerusalén, donde también se acudía en peregrinación a los Santos Lugares.

5y ubicación se puede todavía intuir en unas irregularidades artificiales que presenta el llano. Más vestigios no quedan, porque las piedras sirvieron para construir la carretera, como sucedió con el castillo de Candanchú, un kilómetro más adelante.

Es ésta una zona donde todo ha sido aprovechado. Bajo tierra va el ferrocarril que comunica España y Francia a través de un túnel de 7.875 metros, de los cuales 3.805 están inmersos en suelo español. Con el material sacado de las perforaciones se rellenó y elevó el valle de Canfranc para construir la estación, inaugurada en 1928 por el rey Alfonso XIII.

El Canfranc de toda la vida quedó más abajo y fue perdiendo protagonismo ante el mayor movimiento que generaba la estación internacional a su alrededor. Nació un nuevo Canfranc, que incluso arrebató la municipalidad al histórico, después de que éste quedara devastado por un incendio en 1944.

Ésta es la moderna historia del valle, pero hay otra todavía más visible y que acaba de cumplir 400 años: cuando Felipe II sembró el acceso a Francia de fortificacio nes para controlar el paso. Su mejor representación está en la singular torre que se alza entre los dos Canfranc. Se conoce como la Torreta y se construyó en 1592. Algo anterior es el castillo que se eleva en el Col de Ladrones, poco antes de llegar a la estación, y del mismo año, la ciudadela de Jaca.

El recorrido continúa descendiendo por el valle, único lugar por el que se puede transitar. No es fácil, pues, la equivocación o el despiste. Si se produjera, la carretera también conduce hasta Jaca y es la única.

Hay también una referencia exacta en el río Aragón, que nace donde el caminante da sus primeros pasos. No sólo le indica la dirección correcta hasta Jaca, sino que allí también gira en ángulo recto hacia poniente e inicia igualmente viaje a Sangüesa, a más de 100 kilómetros de Somport. El itinerario jamás se separa del río en todo su tránsito por la comunidad aragonesa.

Esta etapa recorre zonas de alta montaña, donde la temporada fuerte es en invierno. Muchos estableci mientos hoteleros permanecen cerrados en otras épocas del año.

Preside la peña Oroel

El recorrido desde Villanúa hasta Castiello por el valle del río Aragón está presidido por la peña Oroel, de 1.769 metros, que es la gran cima rocosa del fondo. jaca se encuentra antes de llegar a ella. En ese gran valle, la carreterilla por la que se ha llegado al cementerio se convierte al cuarto de hora en pista, al paso por un basurero. a 100 metros hay un desvío: seguir por la derecha. Pronto se ve la vía del tren. Llega después una curva con un nuevo desvío; esta vez la dirección correcta es a la izquierda. a los veinte minutos, y a la vista ya de la hoz donde carretera, camino, tren y río se hacen sitio para continuar hacia jaca, hay que dar un giro de 180 grados en la pista para bajar hacia la ribera. En este punto la pista sigue de frente y la desviación no está clara. Después ya no hay dudas. El camino desciende hacia el tajo, cruza un riachuelo y, por una zona boscosa, llega donde sale a la luz un canal subterráneo. a la derecha va el río, que cruza un cuarto de hora después. Una vez en la otra orilla pasa junto a un casa, cruza sobre la vía del tren e, inmediatamente después, gira a la izquierda, sin salir a la carretera. La atraviesa a 200 metros y entonces hay que decidir: carretera llana y pista que asciende siguiendo la traza histórica.




Castiello de Jaca-Puente la Reina

27,6 kilómetros - 6,45 horas

La cuna de Aragón

El Camino de Santiago, a partir de Jaca, gira a poniente. La sierra de San Juan de la Peña, con su espectacular cabeza rocosa, Oroel (1.769 metros), visible claramente desde Castíello, cierra el paso al sur. El curso del río Aragón marca la vía de salida del recorrido hacía Navarra. Tampoco tiene otra dirección hacía donde ir, encajonado como va en el amplío valle.

Una excursión

El monasterio de San Juan de la Peña,

cuyo origen se remonta al siglo IX,

ha quedado fuera de la ruta jacobea.

El desvyo supone dar un rodeo de cinco horas.

En los tiempos en que se iniciaban las peregrinaciones, Aragón era Jaca y poco más. Las serranías de San Juan de la Peña y Santa Cruz, que se extienden horizontalmente a escasos kilómetros hacia él sur, marcaban el límite de moros y cristianos, después de los descalabrados sufridos por las tropas musulmanas en esta zona. Su inseguridad llegó a ser tal que, estando en el valle del río Aragón, creyeron que llegaba el ejército franco, cuando se trataba de unas mujeres disfrazadas que se asomaron al borde de la meseta donde se asienta Jaca.

Con la vía expedita de invasores, los peregrinos podían avanzar sin peligro por todo el territorio aragonés, sobre todo por esta zona norte, amparada por montañas a ambos lados. Hay indicios de que también bajaban directamente a Puente la Reina, sin necesidad de pasar por Jaca, a través del va ¡le de Hecho, después de haber cruzado las cumbres pirenaicas por el puerto del Palo; pero la gran corriente comenzó a pasar por la antigua capital.

Desde esta ciudad había una derivación de la ruta hacia el monasterio de San Juan de la Peña, cuyo origen se remonta al siglo IX, pero actualmente se encuentra fuera del Camino, ya que su visita, al pie de la sierra -está construido en una inmensa oquedad de la roca-, supone un rodeo de más de cinco horas.

La ruta se fue abriendo paso directamente hacia Navarra, con quien Aragón compartió monarca hasta 1134, lo que facilitó aún más el entendimiento a lo largo del recorrido.

Jaca permaneció ajena a todas las vicisitudes de la futura Corona de Aragón porque continuó siendo la ciudad más importante e influyente, gracias al Camino de Santiago, incluso después de cederla capitalidad a Huesca. El incesante paso de peregrinos le proporcionaba una vida intensísima y rica en todo tipo de actividades diversas. Huesca, en cambio, quedaba demasiado apartada, al otro lado de la sierra, para beneficiarse de los movimientos que, procedentes de reinos lejanos, recalaban en Jaca antes que en ningún otro sitio.

La grandeza de esta ciudad quedó puesta de manifiesto al ser allí precisamente donde los nobles decidieron dar a Ramiro II el trono que había dejado vacante su hermano Alfonso I el Batallador y que significó la separación definitiva de Navarra.

Jaca, ahora, sigue caminando a través de la ruta milenaria. Su aislamiento -a un lado los Pirineos y al otro la sierra de San Juan de la Peña- dota a esta ciudad, pequeña en estatura pero grande en historia, de una personalidad a cuya formación contribuyó durante siglos el paso del Camino de Santiago.

Sobre la meseta

A la llegada a jaca, dos señalizaciones invitan a seguir al peregrino por rutas distintas. Más rural es la de la derecha, desde donde se aprecia prácticamente todo lo que queda de etapa. La visión que se ofrece es la de la fotografía. El Camino, asomado a la vega del río Aragón y rodeando la ciudad, transcurre por el paseo de la Cantera, en el interior del parque, durante un kilómetro, al borde de la meseta en la que se asienta jaca. Esta vía desemboca en una carretera, todavía dentro del casco urbano, que hay que seguir en dirección a Puente de San Miguel. a los 300 metros traza una curva; de frente, pasada una barandilla, sale una pista que sigue la dirección del valle. Sobre ella, a los veinte minutos aparece un gran almacén. La carretera va por la izquierda, por donde llega la otra vía. Desde allí, la ruta sigue junto a los montes de San Juan de la Peña, por el valle del Aragón, que deja a la derecha la sierra de Leire y, a la izquierda, la de Peña Musera. Más adelante, el valle queda inundado por el embalse de Yesa.


(Nota di Gandalf: y caminando caminando,

al final se descubre

..................)


Santiago de Compostela

La llegada

La catedral escribe la historia

El cristianismo consagró el lugar como aquel donde se encontraba la tumba del apóstol Santiago y la ciudad se engrandeció bajo un nuevo nombre, que inicialmente fue el de Compostela. Una catedral tenía que magnificar, además, donde reposaban las reliquias sobre las que había caído la lluvia de estrellas. Desde entonces ha recibido la visita de millones de peregrinos.

Los últimos 500 metros del Camino de Santiago coinciden con la ciudad del siglo XII, cuando los peregrinos, al lle gar a la catedral, se lavaban en las fuentes y cambiaban las ropas. Permanecían toda la noche rezando y, al día siguiente, entraban para dar por terminada su viaje. Desde entonces, el acceso al casco viejo de la ciudad se sigue efectuando por la misma puerta, la del Camino, y el itinerario hasta la catedral se reproduce paso por paso.

Donde la avenida llega a un cruce que desciende a la izquierda, hay que bajar, al lado de unas modernas edificaciones, hasta la gran plaza atravesada por la avenida de Lugo. La calle de los Concheiros y después la Rúa de San Pedro conducen hasta la Puerta del Camino. a la entrada de la plaza, a la derecha, está el crucero Bonito. La calle Casas Reales, la plaza de Cervantes, Azabachería y Vía Sacra conforman los últimos pasos del Camino.

La historia de la catedral ha ido reflejando la de la propia ciudad, siempre sujeta a la influencia de lo que primero no fue más que un mausoleo sobre la colina, luego un monasterio y, más tarde, una iglesia. Por eso fue arrasada cuando Almanzor quiso golpear al cristianismo en su propio corazón. Tampoco fue ajena a las revueltas populares, que se manifestaron contra la propia catedral, incendiada por el pueblo en 1117. Poco después, comenzó a reconstruirse. Los dinteles del Pórtico de la Gloria, realizada por el maestro Mateo, se montan en 1188 y, desde entonces, el engrandecimiento de la catedral no cesó. Otras grandes obras que acentua ron la personalidad del templo fueron las realizadas hace 200 años por Fernando de Casas Novoa, que levantó la fachada del Obradoiro, con sus dos torres de 74 metros de altura. Una es la de Campanas; la otra la de la Carraca. En medio queda el Espejo, que desparrama la luz en el interior.

De aquella primera iglesia M año 1329, ordenada levantar por Alfonso II el Casto al conocer el descubrimiento del arca que contenía los restos del Apóstol, no queda nada. Alfonso III la amplió 50 años después. Otro rey, Alfonso VI, uno de los grandes protectores del Camino de Santiago, inició, en 1078, las obras, esta vez de una basílica, origen de la actual. Las primeras piedras se pusieron en lo que es ahora la capilla de San Salvador.

La catedral se terminó en 1122. Luego continuó creciendo hasta el siglo XVIII, y alcanzar los 98 metros de longitud que tiene actualmente. También se anexionó la iglesia de la Corticela, convertida ahora en una capilla más del templo, junto a la entrada norte.

La figura del santo, de piedra, es de 1211 ; el manto de plata, del siglo XVIII; el botafumeiro, del XIX, aunque hubo primero uno del XVI. Las riquezas que se han ido in corporando miden el flujo creciente de las peregrinaciones a Santiago.

Para valorar este dato, hay una visión aún más gráfica en las escaleras que acceden al lugar, bajo la capilla mayor, donde permanece el arca de plata con los supuestos restos del apóstol Santiago. Cada uno de los peldaños muestra la huella que ha dejado la erosión de millones de pisadas. Es ahí donde el viaje ha llegado a su término.


Santiago de Compostela

La entrada a la catedral

Bajo el Pórtico de la GlorIa

Acceder por la puerta Santa a la catedral supone un tránsito breve y protocolario. Hacerlo, en cambio, por el Pórtico de la Gloria significa comparecer ante la imagen del apóstol Santiago, que lleva esperando 805 años para dar la bienvenida al peregrino. El conjunto escultóryco, realizado por el maestro Mateo en 1188, es una de las maravillas del arte románico.

EL último acto de la peregrinación es entrar en la catedral. Durante el Año Santo permanece abierta la puerta Santa. y1 caminante ha adquirido mayor derecho que nadie a traspasar su umbral. Pero, cuando se dispone a hacerlo, surge la duda: ¿No será más apropiado entrar por el Pórtico de la Gloria?

La puerta Santa conduce directamente hacia la cripta donde está el arca con los restos del apóstol Santiago. Cada 31 de diciembre que sea víspera de año jacobeo, las autoridades eclesiásticas proceden a derribarla, con gran boato. Entonces irrumpen peregrinos por doquier, que se disponen a ganar de inmediato el jubileo.

Acceder a la catedral por esa entrada no produce más sensación que la de haber gozado de un privilegio exclusivo de los años declarados Santos. Pero el tránsito es tan breve y protocolario que pasa desapercibido.

Elegir el Pórtico de la Gloria, que es el ac ceso que hay en la plaza del Obradoiro, significa, en cambio, detenerse bajo el paso de los siglos. Nada más traspasar la fachada actual, aparece la original, la del Pórtico, y produce tal sensación de sosiego, que el caminante vuelve a reencontrarse consigo mismo.

Tiene ante sus ojos una de las maravillas del arte románico. Allí lleva representándose desde hace 805 años, en piedra, la propia historia de la cristiandad. jesycristo está sentado, en el centro, rodeado de los apóstoles. a su derecha, arriba, San Juan; abajo, San Lucas. a su izquierda, arriba, San Mateo; abajo, San Marcos. Todos aparecen flanquedos por ángeles. Sobre la escena, haciendo arco, los 24 ancianos del Apocalipsis.

El apóstol Santiago surge en medio de la columna de mármol que sustenta el arco, en actitud de bienvenida al peregrino que acaba de llegar. Debajo de él, la gé nesis de Cristo, en la que cinco huecos atestiguan el paso de millones de fieles, que han introducido sus dedos en ellos, al tiempo que formulaban un deseo.

Cientos de figuras y otras representaciones se añaden al cuadro en los arcos que están a ambos lados del principal, donde tienen cabida el mundo pagano, a la derecha, y el judío, a la izquierda.

Todo esta compleja encarnación forma parte de la obra cumbre del maestro Mateo, según reza la inscripción realizada en el dintel del arco prin cipal. En la parte posterior del parteluz, abajo, casi en el suelo, el maestro puso su propia firma en forma de imagen, representándose de rodillas y con el pelo ensortijado.

Después de contemplar este prodigio escultórico, desaparece la confusión provocada por la vorágine postrera del viaje. Es el momento, entonces, de entrar en la catedral. Para que el peregrino pueda enfrentarse por sí solo a los últimos pasos del Camino.

Misión cumplida

La credencial recogida en el punto de partida ya está sellada, a1 llegar a Santiago, en los principales lugares de paso de la peregrinación. No hace falta hacerlo en todos; es suficiente que conste dónde se ha dormido. El sellado se realiza generalmente en los refugios, parroquias, ayuntamientos y bares próximos. También suele haber una persona que pertenece a la Asociación Amigos del Camino de Santiago, encargada de ello.

rutas a pie el camino de santiago

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